Las escaleras prohibidas

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Las escaleras prohibidas ganó como la tercer mejor historia enviada en el mes de febrero, 2016.


Como siempre, mi querida ciudad no deja de sorprender con sus historias y leyendas urbanas que más de una vez nos dejan la sensación de que incluso el sitio que podrías considerar más seguro tal vez no lo sea.

Esta vez, nuestra pequeña creepy nos lleva a un sitio bastante conocido para cualquiera que viva en Monterrey, Nuevo León, y sus alrededores. Me refiero en esta ocasión al famoso Hospital Universitario de la Facultad de Medicina de la UANL. Para quienes no sean de nuestra ciudad (ni de nuestro país), este sitio se eleva en medio de la regia ciudad, formando parte del campus de Medicina; el hospital cuenta con varias entradas, pero la que nos interesa es aquella que los guardias llaman «La Entrada de la Torre».

Esta realmente es una fachada que cuenta con dos entradas apenas separadas por un muro. La primer entrada da a una sala de espera y una recepción donde dan los permisos para poder visitar a los pacientes y estacionar el coche, y en aquel sitio hay un guardia cubriendo el paso al resto del hospital que solo permite el ingreso con el correspondiente permiso.

En la otra entrada, los guardias se encuentran en las puertas, ya que esta da ingreso directamente a los pisos del hospital… y a la zona que cubre la leyenda: las escaleras.

El hospital cuenta con varias de estas, pero las que están en la zona de la Torre son especiales.

Debido a que mi padre es médico en dicho hospital, me ha tocado acompañarle más de una vez para diferentes asuntos… y en una de aquellas andanzas comencé a notar algo extraño. Subiendo por las escaleras de la Torre, al llegar al segundo piso las escaleras se encuentran con una reja gruesa que impide el paso de cualquier forma… E incluso los elevadores, aunque marcan una secuencia correcta de pisos, realmente se «saltan» aquella parte específica del hospital.

Una sensación extraña se puede percibir cuando se pasa por aquellas zonas, pero nada atrajo más mi sentimiento de algo incorrecto ocurriendo en el sitio que aquel día en que al pasar por ahí por el rabillo del ojo percibí la sombra de alguien que daba la espalda hacia el piso donde estábamos. Al virarme para comprobar, la figura ya no se encontraba.

De inmediato pregunté a mi padre sobre el asunto, y entre risas me contó que se aparecían fantasmas en aquel piso y que por eso estaba cerrado, pero su expresión indicaba otra cosa.

Y esto va para cualquiera que desee investigarlo: todas las versiones dirán algo diferente, pero como por fortuna mi papá se habla con los de «arriba», si lo quieren llamar así, después de presionarle al respecto pude sacarle la historia detrás de aquel enrejado.

Y por supuesto, lo que les contaré es la versión verídica y el motivo por el cual está estrictamente prohibido el paso hacia aquella zona sin importar desde dónde quieras tratar de acceder: toda la zona correspondiente siempre estará enrejada. En fin… hablándolo fuera de aquellas instalaciones (la seguridad sobre esta historia realmente es mucha), me explicó lo siguiente:

La zona del tercer piso a la cual llevan aquellas «misteriosas» escaleras antes correspondía al área de laboratorios del Hospital Universitario. Pero no eran los laboratorios normales donde hacen las revisiones de sangre. Era la zona de investigación de ciertas enfermedades autoinmunes específicas para casos graves… y donde revisaban algunas de las enfermedades que correspondían a los pacientes psiquiátricos.

Hasta antes de los sucesos que se dieron para cerrar aquel piso, todo funcionaba como debería hacerlo un laboratorio de alta tecnología digna de un hospital de renombre como lo es el de esta ciudad.

Sin embargo, un día algo salió terriblemente mal. Debido al tiempo que ha transcurrido desde entonces, los nuevos que se encuentran en los puestos altos no saben con exactitud qué ocurrió, ya que sus anteriores jefes de departamento ya no se encuentran, pero la versión que a fuerza tienen que comunicar a cada nuevo director que llega al hospital y su equipo de trabajo es la siguiente: una de las investigaciones que llevaban a cabo sobre una enfermedad de uno de sus principales pacientes psiquiátricos terminó contagiándose a una de las personas encargadas de su estudio. Este médico, simplemente, enloqueció un día. Comenzó a escuchar voces y gritos que le daban diferentes mensajes y hablaban al mismo tiempo, haciéndole caer en un estado de crisis que no pudo soportar; nadie sabe cómo logró pasar a los guardias, pero al llegar a la zona de los laboratorios comenzó a disparar un arma que había ocultado en su bata médica, asesinando a una buena parte de los investigadores que se encontraban en aquella zona e hiriendo a la mayoría de los que lograron sobrevivir.

Aquello ocasionó un enorme caos que hizo que todos los guardias corrieran hacia el piso en cuestión para tratar de detener al médico, que se encerró en uno de los cuartos de investigación; estaba rodeado y los guardias podían verle a través del cristal que permitía el visto desde el pasillo al interior, pero aún no se habían decidido a disparar, esperando, por supuesto, que este médico se entregase.

Sin embargo, él les sonreía ahora y les dirigió una última frase:

«No lo entienden. Esta investigación va más allá de lo humano. Es el trabajo del demonio».

Acto seguido, el médico dirigió el arma a su frente y terminó con su vida ante la aterrorizada mirada de los oficiales.

Se podrán imaginar lo que esto causaría en una institución de tanto renombre como lo es el Hospital Universitario, pero con las buenas influencias de las cuales siempre han hecho gala, el asunto pudo ser disminuido a que, sencillamente, un loco se había colado hasta el tercer piso y había lastimado a unos cuantos médicos que trabajaban ahí.

Pero eso no explicaba lo que ocurriría después… y el porqué vetarían firmemente con rejas y estricta vigilancia ese piso (motivo por el cual, hoy en día, los exámenes de sangre específicos a ciertas enfermedades tienen que ser enviadas a laboratorios externos al hospital).

Se trató de seguir con el trabajo regular del tercer piso… pero pronto fue evidente que esto era imposible.

Primero, fueron simplemente las voces. Uno por uno, quienes volvieron a trabajar al laboratorio y los nuevos empleados comenzaron a comunicar que, de vez en vez, una extraña voz que les erizaba los cabellos en la nuca les susurraba a matar a sus compañeros… a herirlos… a acabar con sus investigaciones.

Primero unos pocos… y después no había químico o investigador que quisiese volver a aquel piso. Y las noches eran peor para quienes tenían sus guardias o vigilaban la zona.

Las voces eran más intensas… y luego apareció el primer herido que, sin saber cómo, había salido corriendo por el pasillo aterrorizado de algo que ni él sabía, finalizando con rodar por las escaleras en su carrera por huir de ese «algo» que lo atormentaba; luego, otro más… y otro… Se trató de solucionar cambiando la plantilla de investigadores cada cierto tiempo, pero los heridos y el terror iban acrecentándose…

Hasta que apareció el primer muerto. Su expresión de terror no podía compararse a nada visto anteriormente, y a pesar de que trataron de cubrirlo, siguieron otros dos, entre ellos un guardia que apenas sobrevivió lo suficiente para decir: «Es el trabajo del demonio».

Las noticias y los rumores comenzaron a correr como pólvora, y después de una junta urgente acerca de qué hacer al respecto ante algo que obviamente afectaría gravemente la reputación del hospital, se procedió a cerrar definitivamente y para siempre aquella zona de laboratorios en el nosocomio.

Hoy en día no se permite hablar de estos sucesos, por lo tanto, por obvias razones, no puedo revelarles el nombre de mi padre. Pero puedo asegurarles que cada palabra expuesta aquí es la verdad.

¿Quieren comprobarlo?

Si van al hospital y tienen la oportunidad de ingresar por la zona de la Torre, traten de llegar al segundo piso, donde podrán observar las escaleras enrejadas, pero yo personalmente les sugiero no acercarse demasiado. Pueden preguntar acerca del porqué se encuentran cerradas al acceso público, y notarán como si bien la mayoría de las enfermeras no tiene ni idea, otros les dirán diferentes historias, desde que son oficinas administrativas hasta que simplemente están remodelando (una remodelación de varios años, si debo decirlo con humor).

Puede que algún despistado que no lo piense mucho les comente entre risas acerca de los asesinatos o que se aparecen fantasmas en ese piso y que por eso está cerrado al público. Así como lo hizo mi padre en su momento.

Y no está errado.

Todas las mañanas a la misma hora (mi padre no me dio este detalle… supongo que por lo mismo de que ya había contado demasiado) se abren las rejas cuando no hay personal y cuando no hay pacientes cerca. Tres guardias fuertemente armados y protegidos suben al piso y todo el tiempo están en comunicación con otros dos que les aguardan en la base de las escaleras hasta que regresan y vuelven a poner cerradura en aquellas escaleras.

Nadie sabe por qué hacen esto todos los días… pero algo es seguro. Aún se escuchan voces… aún puedes percibir la presencia de algo maligno en aquel lugar que te hace desear pasar rápido de este…

Por algo lo siguen vigilando, y por algo no han sellado con cemento aquella entrada.

Tal vez se ven obligados a vigilar que lo que sea que esté habitando en el tercer piso nunca salga de este…

Imagen de perfil de Yourself

Fuente Propia

Yourself

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11 reflexiones en “Las escaleras prohibidas”

  1. Buena historia pero le falto terror, algo que me erizara la piel, pero buena redaccion, buen uso de los signos, en fin solo eso diría que le falto, ya que no dio miedo.

          1. Veo que seguís sin modales, queriendo entablar una conversación en una publicación que no es la tuya. Mal hecho.

  2. De tus mejores trabajos. La autenticidad, el desarrollo de eventos de terror creciente, todo sellado con ese final que de una forma tan fácil le añade mucho a la historia en todos los aspectos. Felicidades por tu lugar en el Salón de la Fama (nuevamente).

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