Amigos

Tiempo de lectura: Cerca de 27 minutos.

Tiempo de lectura: cerca de 25 minutos.

Último capítulo de Penpal (Amigo por correspondencia), uno de los creepypastas más populares, largos y enigmáticos que existen. Fue escrito originalmente en inglés por Dathan Auerbach (1000Vultures) en 2011. Por su éxito, fue adaptado en un libro del mismo nombre, Penpal, en 2012.

Debes leer el capítulo uno: Pisadas.

Capítulo dos: Globos.

Capítulo tres: Cajas.

Capítulo cuatro: Mapas.

Capítulo cinco: Pantallas.

Luego de finalizar tu lectura, visita la entrada principal para que no te pierdas ninguno de los detalles ocultos en este creepypasta.

=======

La traducción al español (y edición ligera) es propiedad de esta página.

=======

En el primer día de kínder, mi mamá había decidido llevarme a la escuela; los dos estábamos tan nerviosos que ella quería estar ahí hasta el momento en el que entrara a la clase. Me tomé un poco más de lo esperado para arreglarme debido a mi brazo que no había terminado de sanar. El yeso se extendía varios centímetros por encima de mi codo, lo cual significaba que, al bañarme, tenía que cubrir mi brazo entero con una bolsa de látex elaborada especialmente. La bolsa había sido diseñada para ser compacta y de manera que su abertura se pudiera sellar, repeliendo el agua que de otra forma destruiría el yeso. Me había vuelto bastante hábil para ajustar la bolsa por mi propia cuenta. Sin embargo, esa mañana —quizá por mi emoción o nerviosismo—, no había jalado el tirante con la suficiente firmeza, y a la mitad del baño pude sentir el agua acumulándose dentro de la bolsa y alrededor de mis dedos. Salté hacia afuera y rompí el escudo de látex, pero podía sentir que la masa anteriormente rígida se había suavizado después de absorber el agua.

No existe ninguna forma de limpiar efectivamente el área entre tu cuerpo y el yeso; la piel muerta, que normalmente se hubiera caído, solo se queda ahí. Cuando se humedece, emite un hedor, y este hedor aparentemente es proporcional a la cantidad de humedad introducida, ya que poco después de que traté de secarme, fui agredido por la poderosa esencia de podrido. Conforme seguí frotando el yeso agitadamente con la toalla, este empezó a desintegrarse.

Me estaba sintiendo cada vez más estresado. Había asignado tanto esfuerzo a mi primer día de escuela como un niño era capaz de hacerlo. Me había sentado con mi mamá escogiendo mi ropa la noche anterior; había invertido mucho tiempo seleccionando mi mochila; y había albergado la anticipación excesiva de mostrarle a todos mi lonchera que tenía a las Tortugas Ninja en ella. Había caído en el hábito de mi mamá de referirme a estos niños, que aún no había conocido, como mis «amigos», pero a medida que la condición del yeso empeoraba, me sentía profundamente triste ante el pensamiento de que no podría aplicar esa etiqueta con nadie para cuando el día finalizara.

Derrotado, se lo enseñé a mi mamá.

Sacar la mayoría de la humedad nos tomó treinta minutos. Para solucionar el problema del olor, mi mamá cortó capas de jabón y las metió por debajo del yeso para enmascarar el olor rancio con uno más agradable.

Una vez que llegamos a la escuela, mis compañeros de clase ya habían iniciado su segunda actividad, y yo fui delegado a uno de los equipos. No se me aclaró cuáles eran las instrucciones de la actividad, y dentro de cinco minutos ya había violado las reglas tan irreparablemente, que los demás miembros del equipo se quejaron con la maestra y la cuestionaron sobre por qué tenía que estar con ellos.

Había traído un marcador a la escuela con la esperanza de que pudiera recolectar algunas firmas o dibujos para mi yeso, y súbitamente me sentía torpe por tener el marcador en mi bolsillo.

A los preescolares se nos reservaba la cafetería para almorzar, pero algunas de las mesas no estaban disponibles, de modo que nadie se tuviera que sentar solo. Estaba rasguñándome tímidamente bajo los extremos quebradizos de mi yeso cuando un niño se sentó frente a mí.

—Me gusta tu lonchera —comentó.

Podía notar que se estaba burlando de mí, y me torné muy enojado. En mi mente, mi lonchera era la última cosa buena de mi día. No alcé la vista de mi brazo, y sentí un ardor en mis ojos por las lágrimas que estaba reprimiendo. Lo miré solo para decirle que me dejara en paz, pero antes de que pudiera expulsar las palabras, algo me detuvo.

Teníamos la misma lonchera.

Me reí:

—¡A mí también me gusta tu lonchera!

—Pienso que Miguelangelo es el más genial —me dijo imitando movimientos de nunchaku.

Estaba a la mitad de mi argumento de que Rafael era mi favorito, cuando derramó su cartón de leche sobre su regazo.

Me esmeré en ahogar mi risa, pues no conocía a ese niño en lo absoluto, pero la expresión arrugada de mi rostro debió de haberle parecido graciosa, y se comenzó a reír de primero.

Súbitamente, ya no me sentía mal por mi yeso, y pensé que esta persona difícilmente lo iba a notar de todas formas. Solo entonces, decidí poner mi suerte a prueba:

—¡Oye! ¿Te gustaría firmar mi yeso?

En lo que sacaba mi marcador, él me preguntó cómo fue que me quebré el brazo. Le dije que me caí del árbol más alto en mi vecindario; pareció impresionado. Lo observé tratando de garabatear su nombre trabajosamente, y luego de que había terminado, le pregunté qué decía.

Me respondió que decía «Josh».

Josh y yo almorzamos juntos todos los días, y nos agrupábamos para proyectos siempre que podíamos. Llegué a conocer otros niños, pero creo que sabía, incluso entonces, que Josh era mi único amigo verdadero.

Movilizar una amistad afuera de la escuela cuando tienes cinco años es, de hecho, más difícil de lo que la mayoría recuerda. El día que lanzamos nuestros globos, nos divertimos tanto que le pregunté a Josh si quería venir a mi casa al día siguiente para jugar. Él dijo que sí, que traería algunos de sus juguetes; y lo animé con que podríamos ir a explorar y quizá a nadar en el lago.

Estando en casa, lo consulté con mi mamá y me dijo que estaba bien. Mi entusiasmo era desmesurado, hasta que me di cuenta de que no tenía ninguna manera de contactar a Josh para contarle la noticia. Pasé todo el fin de semana preocupándome por si nuestra amistad se iba a disolver para el lunes.

Después del fin de semana, me sentí aliviado al descubrir que él se había topado con el mismo obstáculo y que pensó que era gracioso. Más tarde esa semana, nos recordamos intercambiar nuestros números telefónicos. Mi mamá habló con el papá de Josh, y se decidió que mi mamá recogería a Josh y a mí de la escuela ese viernes. Alternamos esta estructura básica cada fin de semana. El hecho de que viviéramos tan cerca hacía las cosas mucho más fáciles para nuestros padres, quienes parecían estar ocupados con el trabajo constantemente.

El día que mi mamá y yo nos mudamos al otro lado de la ciudad al final de mi primer grado, estaba seguro de que había visto la conclusión de nuestra amistad. Conforme nos alejamos de la casa en la que había vivido toda mi vida, sentí una tristeza que sabía que no era solo por una casa: me estaba despidiendo de mi amigo por siempre. Pero Josh y yo —para mi asombro y gusto— permanecimos juntos.

A pesar del hecho de que solo nos veíamos los fines de semana, nunca perdimos nuestro parentesco distintivo. Nuestras personalidades colisionaban, nuestros sentidos del humor se complementaban mutuamente, y descubríamos con frecuencia que habíamos desarrollado un gusto independiente por las mismas cosas. Incluso sonábamos lo suficientemente similar como para que, cuando me quedaba en la casa de Josh, él llamara a mi mamá pretendiendo ser yo; su taza de éxito era impresionante.

Mi mamá solía bromear con que la única forma de distinguirnos era por medio de nuestro cabello —él tenía cabello rubio oscuro y liso, como su hermana; mientras que yo tenía cabello marrón oscuro y rizado, al igual que mi mamá—.

Alguien podría creer que la circunstancia con la mayor probabilidad de separar a dos amigos jóvenes es aquello que está más allá de su control; sin embargo, creo que el catalizador de nuestra desvinculación gradual fue mi insistencia con que nos escabulléramos a mi casa vieja para buscar a Cajas.

El fin de semana siguiente a eso, invité a Josh a mi casa, manteniendo nuestra tradición de alternar casas, pero me dijo que no se sentía dispuesto. Empezamos a vernos menos progresivamente el año siguiente; había pasado de ser una vez a la semana, a una vez al mes, a una vez cada par de meses.

En mi doceavo cumpleaños, mi mamá me dijo que lo festejaríamos. No había hecho muchos amigos desde que nos mudamos, y no me pudo hacer una fiesta sorpresa porque, precisamente, ella no sabía a quién invitar. Le mencioné al puñado de niños con los que me había acercado, y llamé a Josh para saber si quería venir. En un principio, me dijo que no creía que pudiera llegar, pero el día anterior a mi fiesta, me llamó para decirme que vendría. Me sentía muy emocionado porque no lo había visto en un largo tiempo.

La fiesta fue muy buena. Mi preocupación más grande era que Josh y los demás niños no se pudieran llevar bien, pero parecía que se agradaron lo suficiente. Josh estaba sorpresivamente callado. No me había traído un regalo y se disculpó por eso, pero le dije que no era para tanto; estaba feliz con que hubiera llegado. Traté de empezar varias conversaciones con él, pero todas terminaban en callejones sin salida. Le pregunté qué era lo que le pasaba, le dije que no comprendía por qué las cosas se habían vuelto tan incómodas entre nosotros —nunca había sido así antes—. Solíamos juntarnos casi todos los fines de semana y hablábamos en el teléfono cada dos días. Le pregunté qué nos había pasado.

Él me clavó la mirada luego de haberla fijado en sus zapatos, y simplemente dijo:

—Te fuiste.

Justo después de que dijera eso, mi mamá nos gritó desde la otra habitación que era momento para abrir los regalos. Forcé una sonrisa y caminé hacia el comedor, y ellos me cantaron «Feliz Cumpleaños». Había un par de cajas con envoltorio y muchas tarjetas, dado que la mayor parte de mi familia extendida vivía fuera de nuestro estado.

Los regalos eran tontos y poco memorables, aunque recuerdo que Brian me dio un juguete de Mighty Max en la forma de una serpiente que conservé por muchos años. Mi mamá había insistido con que abriera todas las tarjetas que me habían mandado y que le agradeciera a todas las personas que me habían dado una, porque hace muchos años, en Navidad, había roto los envoltorios y los sobres con tanto fervor que había destruido la posibilidad de discernir quién me había mandado cuál regalo, o cuál cantidad de dinero.

Separamos los que habían sido enviados en el correo de los que me habían traído ese día, para que mis amigos no tuvieran que ser espectadores de los regalos de personas que nunca habían conocido. La mayoría de las cartas de mis amigos tenían un par de dólares en ellas, y las de los miembros de mi familia contenían billetes más grandes.

Un sobre no tenía ningún nombre escrito en él, pero estaba en la pila, así que lo abrí. La tarjeta tenía un patrón floral genérico por el frente, y estaba un poco sucia, dando la impresión de que era una tarjeta que había sido recibida por alguien más, quien ahora la estaba reciclando para mi cumpleaños. En realidad, apreciaba la idea de que reutilizaran la tarjeta; siempre había pensado que las tarjetas eran tontas.

La incliné de manera que el dinero no se fuera a caer cuando la abriera, pero lo único que contenía en el interior era un mensaje que venía impreso en la tarjeta.

«Te amo».

Quienquiera que me había dado esa carta, no había escrito nada en ella, pero había remarcado un círculo alrededor del mensaje.

Me reí un poco y dije:

—Rayos, gracias por la increíble tarjeta, mamá.

Ella me vio con los ojos entrecerrados, y luego dirigió su atención a la tarjeta. Me dijo que no era de ella, y se veía jocosa cuando se la mostró a mis amigos, observando sus expresiones para tratar de identificar quién había hecho la broma. Ninguno de los niños dio un paso al frente, y mi mamá dijo:

—No te preocupes, cariño. Al menos ahora sabes que dos personas te aman.

Enfatizó eso con un beso extremadamente prolongado y cursi en mi frente, que transformó la perplejidad del grupo en histeria. Todos se estaban riendo, así que pudo haber sido cualquiera de ellos, pero Mike parecía estarse riendo más fuerte. Para convertirme en un participante en vez del sujeto del chiste, le dije que solo porque me hubiera dado una tarjeta, no debería pensar que lo iba a besar más tarde. Todos nos reímos, y cuando miré a Josh, vi que por fin estaba sonriendo.

—Bueno, creo que ese regalo pudo haber sido el ganador, pero tienes un par más que te falta abrir.

Mi mamá deslizó otro regalo frente a mí. Aún estaba sintiendo los temblores de risitas suprimidas en mi abdomen conforme rompía el papel colorido. Al ver el regalo, ya no tenía ninguna necesidad para aguantar mi emoción. Mi sonrisa se volteó mientras veía lo que me había dado. Era un par de walkie-talkies.

—¡Pues, adelante! ¡Muéstraselos a todos!

Los levanté, y todos parecieron aprobarlo, pero cuando capté la atención de Josh, pude ver que se había tornado de una tonalidad enfermiza de blanco. Entrelazamos nuestros ojos por un momento, y luego se dio la vuelta y caminó hacia la cocina. Mientras lo veía marcar un número en nuestro teléfono fijo, mi mamá me susurró al oído que sabía que Josh y yo no habíamos hablado mucho desde que uno de nuestros walkie-talkies se había roto, así que pensó que esto me gustaría. Fui invadido por un sentido de apreciación intenso hacia la consideración de mi mamá, pero este sentimiento fue sobrecogido por las emociones resucitadas de aquel recuerdo que me había esforzado tanto por enterrar.

Cuando todos estaban comiendo pastel, le pregunté a Josh a quién había llamado. Me dijo que no se estaba sintiendo bien, y le avisó a su papá que lo pasara recogiendo. Entendí que se quería ir, pero le dije que deseaba que pudiéramos juntarnos más. Extendí uno de mis walkie-talkies en su dirección, pero él lo rechazó con su mano.

Desalentado, le dije:

—Bueno, gracias por venir, supongo. Espero que te pueda ver antes de mi siguiente cumpleaños.

—Lo siento… Trataré de llamarte más a menudo. En serio lo haré.

La conversación se atascó mientras esperábamos a su papá cerca de mi puerta. Contemplé su rostro. Josh se veía genuinamente arrepentido de que no se hubiera esforzado más. Pero sentí que su humor se reforzó por una idea que lo había golpeado. Me dijo que ya sabía qué era lo que me iba a dar para mi cumpleaños. Que tardaría un poco, pero que pensaba que me iba a encantar.

Parecía portar un mejor espíritu, y se disculpó por haber sido un aguafiestas. Dijo que estaba cansado, que no había podido dormir muy bien. Le pregunté a qué se debía eso cuando abrió la puerta en respuesta a la bocina de su papá. Se dio la vuelta hacia mí y me gesticuló un adiós en tanto respondía mi pregunta:

—Creo que he estado caminando dormido.

Esa fue la última vez que vi a mi amigo, y un par de meses más tarde, se había ido.

En la actualidad, mi relación con mi mamá se ha lacerado estas últimas semanas por mis intentos de saber más detalles sobre mi infancia. Es común el caso de que alguien no sepa distinguir el punto de quiebre de algo hasta que se provoca una fractura, y después de la última conversación con mi mamá, imagino que pasaremos el resto de nuestras vidas tratando de reparar lo que nos tomó una vida entera construir.

Ella había designado demasiada energía para mantenerme a salvo, tanto física como psicológicamente… pero creo que los muros que pretendían aislarme del daño, también estaban protegiendo su propia estabilidad emocional.

A medida que la verdad salió a flote la última vez que hablamos, pude escuchar un estremecimiento en su voz que reverberaba el colapso de su mundo. No imagino que mi mamá y yo seguiremos hablando mucho ahora, y aunque aún existen ciertas cosas que no comprendo, creo que sé lo suficiente.

Después de que Josh desapareció, sus padres habían hecho todo lo que pudieron para encontrarlo. Desde el primer día, la policía había sugerido que contactaran a todos los padres de los amigos de Josh para verificar si estaba con alguno de ellos. La policía había sido incapaz de proveer cualquier dato nuevo acerca del paradero de Josh, a pesar del hecho de que habían recibido una llamada anónima de una mujer que les rogaba que compararan ese caso con el caso de acecho que había sido abierto hace seis años.

Si la noción de la realidad de la madre de Josh se debilitó cuando su hijo se esfumó, entonces se rompió cuando Veronica murió. Ella había visto morir a muchas personas en el hospital, pero no hay ninguna medida de desensibilización que pueda inocular a una persona en contra de la muerte de su propio hijo.

Ella visitaba a Veronica dos veces al día, una vez antes de su jornada de trabajo, y una vez después. El día que Veronica murió, su madre salió tarde de su trabajo, y para cuando llegó al hospital de su hija, Veronica ya había sido declarada muerta.

Esto fue demasiado para ella, y con el transcurso de las siguientes semanas, se volvió más y más inestable. Con frecuencia, vagaba en la intemperie gritándole a Josh y Veronica que regresaran a casa, y hubo muchas instancias en las que su esposo la encontró merodeando mi vecindario viejo a la mitad de la noche —pobremente vestida y buscando, desamparada, a su hijos—.

A raíz del deterioro mental de su esposa, el papá de Josh ya no podía viajar por su trabajo, y comenzó a tomar trabajos de construcción de menor paga con tal de estar cerca de casa. Cuando se dieron a la tarea de expandir mi viejo vecindario aún más —alrededor de tres meses después de la muerte de Veronica—, el papá de Josh aplicó a todas las vacantes disponibles y fue contratado. Él estaba cualificado para liderar sitios de construcción, pero tomó un trabajo de personal auxiliar para la construcción de marcos y la limpieza de los sitios, y todo lo que se necesitara. Incluso aceptaba los trabajos ocasionales que se presentaban —podar céspedes, reparar cercas—; cualquier cosa que evitara la necesidad de viajar.

Ejecutaron una poda del bosque en el área del afluente para transformar la tierra en propiedad habitable. Al papá de Josh se le delegó la responsabilidad de nivelar el terreno deforestado, y este proyecto le garantizaría muchas semanas se trabajo.

Al tercer día, llegó a un lugar que no podía nivelar. Cada vez que conducía encima de él, se sentía más bajo que el terreno circundante. Frustrado, se bajó de la máquina para visualizar el área. Estaba tentado a simplemente arrojar tierra en la depresión, pero sabía que eso solo sería una solución estética y temporal. Había trabajado en construcción por años, y sabía que, a veces, los sistemas de raíces de los árboles grandes que son cortados se descomponen, causando debilidades en el suelo que también se manifiestan en la superficie. Sopesó sus opciones y optó por cavar con una pala en caso de que el problema pudiera ser resuelto sin depender de una máquina que tendría que ser traía desde otro sitio de construcción.

Y a medida que mi mamá describió en dónde era, supe que yo había estado en ese lugar antes de que el suelo fuera perforado y antes de que fuera rellenado.

Sentí una rigidez en mi pecho.

Él cavó un agujero de metro y medio en la depresión del terreno más céntrica, hasta que su pala chocó con algo duro. Enterró la pala continuamente en un intento por determinar el grosor de la raíz y la densidad de la red, cuando, de repente, su pala atravesó la resistencia. Confundido, agrandó el agujero. Después de media hora de estar excavando, acabó frente a un cajón de dos metros de largo y un metro de ancho. Estaba cubierto con una sábana café que se metía por un costado de la madera.

Nuestras mentes se dedican a evitar la disonancia. Si albergamos una creencia lo suficientemente fuerte, nuestras mentes rechazarán con vigor la evidencia conflictiva para que podamos conservar la integridad de nuestro entendimiento del universo.

Hasta ese preciso momento, y a pesar de todo lo que la lógica hubiese indicado —a pesar del hecho de que una pequeña y sofocada parte de él entendiera encima de qué estaba parado—, este hombre creía, sabía, que su hijo estaba vivo.

Mi mamá recibió una llamada a las seis de la noche. Reconoció de quién era, pero no logró entender qué era lo que le decía.

Lo que sí comprendió, la hizo salir de inmediato.

«AQUÍ ABAJO… AHORA… HIJO… DIOS, POR FAVOR».

Cuando llegó, encontró al papá de Josh sentado perfectamente inmóvil con su espalda contra el agujero. Estaba sosteniendo la pala con tanta firmeza que se podría partir, y estaba viendo directamente hacia el frente con ojos que se veían tan muertos como los de un tiburón. No respondió a ninguna de las palabras de mi mamá, y solo reaccionó cuando ella trató de quitarle la pala con gentileza.

Arrastró su mirada hacia los ojos de mi mamá, y dijo: «No lo entiendo». Repitió eso como si hubiese olvidado todas las demás palabras, y mi mamá aún lo podía escuchar murmurándolo cuando caminó a su lado y dio un vistazo al agujero.

Ella me dijo que deseó haberse arrancado los ojos antes de ver hacia el cráter, y yo le contesté que ya sabía qué era lo que estaba a punto de decir, y que no necesitaba continuar. Observé su rostro y estaba expresando una mirada de una desesperación tan marcada, que hizo que mi estómago se volteara. Me di cuenta de que ella había sabido esto por casi diez años, y que había contado con que nunca me lo tuviera que decir. Como resultado, nunca había entrelazado las palabras apropiadas para describir lo que vio, y mientras estoy sentado aquí, afronto la misma dificultad de articulación.

Josh estaba muerto. Su rostro se había hundido y contorsionado de tal manera que era como si la miseria y la desesperanza de todo el mundo hubiesen sido transferidas a él. El olor agresivo del deterioro se elevó desde la cripta, y mi madre se tuvo que cubrir su nariz y boca para impedir que vomitase. La piel de Josh estaba agrietada, casi reptiliana, y un flujo de sangre que surcaba estas líneas se había secado sobre su cara después de haberse acumulado, y también había manchado la madera alrededor de su cabeza. Sus ojos se preservaban semiabiertos, fijados hacia arriba. Mi mamá dijo que, por su aspecto, no había muerto desde hace mucho, y el tiempo no le había conferido la piedad de la degradación para eliminar el dolor y el terror que ahora estaban tallados en su rostro. El resto de su cuerpo, sin embargo, no era visible.

Alguien más lo estaba cubriendo.

Era grande y yacía boca abajo encima de Josh, y a medida que la mente de mi mamá se ensanchó lo suficiente como para poder absorber lo que sus ojos trataban de decirle, se hizo consciente de la relevancia de la manera en la cual reposaba.

Estaba abrazando a Josh.

La muerte mantenía gélidas sus piernas, pero adoptaban la forma de enredaderas en un bosque tropical exuberante. Uno de sus brazos descansaba debajo del cuello de Josh, enrollado en su cuerpo de manera que pudieran acostarse aún más cerca.

Cuando el sol pasó a través de los árboles, la luz se reflejó en algo adherido a la camisa de Josh. Mi mamá se encorvó en una rodilla para levantar el cuello de su camisa a la altura de su nariz y poder bloquear el hedor. Al ver qué fue lo que atrapó al sol, sus piernas la abandonaron y casi se cae en la tumba.

Era una fotografía…

Era una fotografía mía de cuando era niño.

Se tambaleó hacia atrás, jadeando y tiritando, y colisionó con el papá de Josh, quien aún estaba sentado, apartando su mirada del agujero. Comprendió por qué la había llamado, pero no se pudo forzar a sí misma a revelarle lo que le había ocultado a los demás durante todos esos años. La familia de Josh nunca supo nada acerca de la noche en la que yo me desperté en el bosque. Ella sabía que tuvo que haberles dicho, pero contárselo ahora no ayudaría en nada.

En tanto se sentaba ahí apoyando su espalda contra el papá de Josh, él habló.

—No le puedo decir a mi esposa. No le puedo decir que nuestro niño pequeño…

Su voz menguó cuando presionó su rostro húmedo en sus manos embarradas con tierra:

—No podría soportarlo…

Después de un momento, se puso de pie y se movió hacia la tumba. Con un último sollozo, se bajó hacia el ataúd. El papá de Josh es un hombre grande, pero no era tan grande como el hombre en el cajón. Agarró el reverso de la camisa del sujeto y jaló con fuerza —era como si intentara lanzar al hombre desde la tumba con un solo gesto—. Pero la camisa se rasgó y el cuerpo cayó de nuevo sobre su hijo.

—¡HIJO DE PUTA!

Agarró al hombre desde los hombros y lo arrojó hacia atrás hasta que lo había levantado de Josh, sentándolo incómodamente, pero derecho, contra la pared de la tumba. Observó al hombre y dio un paso hacia atrás.

—Oh Dios… Oh Dios, no. No, no, no… Dios, por favor… ¡DIOS, POR FAVOR, NO!

Con movimientos ralentizados pero poderosos, alzó y empujó el cadáver afuera del agujero, y los dos escucharon el sonido de vidrio rodando por la madera. Era una botella. Se la entregó a mi mamá.

Era éter.

—Oh, Josh —se lamentó—. Mi niño… mi niño pequeño. ¿Por qué hay tanta sangre? ¡¿Qué te hizo?!

Conforme mi mamá observaba al hombre que estaba boca arriba, supo que encaraba a la persona que había acechado nuestras vidas por más de una década. Ella se lo había imaginado tantas veces —siempre maligno y aterrador—, y el llanto del papá de Josh parecía confirmar sus peores miedos. Pero mientras se fijaba en su rostro, pensó que no se veía como quien se había imaginado; solo era un hombre.

Enfocándose en su expresión congelada, en realidad se veía serena. Las esquinas de sus labios se giraban hacia arriba un poco; vio que estaba sonriendo. No era la sonrisa esperada del maniático de alguna película o historia de terror; no era la sonrisa de un demonio, o la sonrisa de un amigo. Esa era la sonrisa de alegría o satisfacción. Era la sonrisa de dicha.

Era la sonrisa de amor.

Debajo de su cuello, vio una herida tremenda en su piel, en donde la piel había sido arrancada. Al principio, se sintió aliviada de que la sangre no había sido de Josh. Quizá él había sufrido menos. Pero este consuelo fue breve una vez que se dio cuenta de lo equivocada que estaba. Se llevó una mano a su boca y musitó, casi como si tuviera miedo de recordarle al mundo lo que había sucedido:

—Estaban vivos.

Josh debió de haber mordido el cuello del hombre en un intento por liberarse, y a pesar de que el hombre había muerto, Josh no pudo moverlo.

Comencé a llorar cuando pensé por cuánto tiempo estuvo atrapado Josh ahí.

Mi mamá revisó los bolsillos del hombre para encontrar algún tipo de identificación, pero solo encontró un pedazo de papel. En él, había un dibujo de un hombre sosteniendo la mano de un niño pequeño, y, al lado del niño, estaban unas iniciales.

Mis iniciales.

En tanto el padre de Josh sacaba a su hijo de la tumba, mi mamá deslizó el pedazo de papel en su bolsillo. Él continuó murmurando que el cabello de su hijo había sido teñido. Mi mamá confirmó que era cierto; ahora tenía una tonalidad de marrón oscuro, y también notó que había sido vestido extrañamente, pues su ropa era demasiado pequeña.

Después de que el papá de Josh acostó a su hijo con delicadeza sobre la tierra suave, empezó a presionar su mano gentilmente contra el pantalón de su hijo para palpar sus bolsillos, y escuchó una arruga. Con cuidado, recuperó un pedazo de papel doblado del bolsillo de Josh. Lo escudriñó, pero se irritó. Ausentemente, se lo pasó a mi madre, pero ella tampoco lo reconoció.

Ella me dijo que era un mapa, y sentí que mi corazón se fragmentó. Josh estaba terminando el mapa; esa tuvo que haber sido su idea para mi regalo de cumpleaños. Y deseé, fútilmente, que no hubiese sido secuestrado mientras lo expandía, como si eso fuese a importar ahora.

Ella escuchó al papá de Josh gruñir y lo vio empujando el cuerpo del hombre en la tierra. A medida que caminó hacia la máquina con la que había encontrado ese lugar, puso su mano en un bote de gasolina y se detuvo con su espalda hacia mi mamá.

—Deberías irte.

—Lo siento mucho.

—No es tu culpa. Yo hice esto.

—No puedes pensar así. Esto no tiene nad…

Él la interceptó rotundamente, sin proyectar emoción alguna.

—Hace más o menos un mes, un hombre se me acercó mientras estaba limpiando en el sitio de construcción una cuadra abajo. Me preguntó si quería ganar algo de dinero extra, y como mi esposa no está trabajando, acepté. Me dijo que algunos niños habían cavado varios agujeros en su propiedad, y que me ofrecía cien dólares para rellenarlos. Me dijo que primero quería tomar unas fotografías para la compañía de seguros, pero que si llegaba después de las cinco de la tarde del día siguiente, estaría bien. Pensé que ese hombre era un estúpido, porque muy pronto iba a tener que limpiar esa área de todas formas, pero necesitaba el dinero. Ni siquiera creí que tuviera los cien dólares, pero puso el billete en mi mano, e hice el trabajo al día siguiente. He estado tan exhausto, que no volví a pensar en ello hasta hoy, cuando quité al mismo hombre desde encima de mi hijo.

El papá de Josh apuntó hacia la tumba.

—Me pagó cien dólares para que lo enterrara junto a mi hijo.

Fue como si decirlo en voz alta lo obligara a aceptar lo que había pasado, y se desmoronó al suelo entre lágrimas. Mi mamá no pudo pensar en nada que decir, y solo se mantuvo en silencio hasta que finalmente le preguntó qué era lo que iba a hacer con Josh.

—Su última morada no será aquí con ese monstruo.

Cuando mi mamá dio un vistazo hacia atrás, habiendo llegado a su auto, pudo ver humo negro ondulándose y neutralizando el ámbar del cielo. Y ansió, contra todas las esperanzas, que los padres de Josh estuvieran bien.

Abandoné la casa de mi mamá sin decir mucho más. Le dije que la amaba, y que hablaría con ella pronto, pero no sé lo que esa palabra implica para nosotros. Me subí a mi auto y me fui.

Ahora entiendo por qué los eventos de mi infancia se habían detenido desde hace años. Como un adulto, ahora veo las conexiones que se perdieron en un niño que tendía a ver el mundo en capturas en vez de secuencias.

Reflexioné acerca de Josh. Lo amé entonces, y lo sigo amando. Lo extraño más ahora que sé que nunca lo volveré a ver, y me encuentro deseando que lo hubiese abrazado la última vez que lo vi.

Reflexioné acerca de sus padres, de cuánto habían perdido y de cuán rápido había transpirado esa pérdida. Ellos no saben de mi conexión con nada de esto, pero ahora nunca podré verlos a los ojos.

Reflexioné acerca de Veronica. Solo la había llegado a conocer más tarde en mi vida, pero durante esas breves semanas, pienso que en realidad llegué a amarla.

Reflexioné acerca de mi madre. Se había esforzado tanto por protegerme, y fue más fuerte de lo que yo alguna vez podré ser.

Traté de no pensar acerca del hombre y de lo que le hizo a Josh por más de dos años.

En su mayoría, solo pienso en Josh. A veces desearía que nunca se hubiese sentado al otro lado de mí aquel día en kínder; que nunca me hubiese permitido descubrir lo que se sentía tener un amigo verdadero. El mundo es un lugar cruel, hecho aún más cruel por el ser humano. No habrá justicia para mi amigo, ninguna confrontación final, ninguna venganza; ha pasado una década desde que terminó para todos menos para mí.

Te extraño, Josh. Me disculpo por que me hayas elegido, pero siempre atesoraré mis recuerdos contigo.

Fuimos exploradores.

Fuimos aventureros.

Fuimos amigos.

=======

Esta es una traducción mía (y edición ligera)
https://www.amazon.com/Penpal-Dathan-Auerbach/dp/098554550X

Tubbiefox

Administración de Creepypastas.com

Rating: 9.92. From 147 votes.
Please wait...

22 comentarios de “Amigos”

  1. El creador de esta historia no ha hecho mas? no se si comparten el sentimiento pero necesito más de este tipo de creepy, sin desmerecer las otras pero esta es la unica que me ha dejado marcando ocupado

  2. Le dijo “te fuiste”, queriendo decir que ese era el motivo por el que sufria, ya que cuando se fue, el acosador comenzo a seguir a josh, incluso josh vivio lo mismo que el protagonista en el capitulo pisadas, almenos eso entendi cuando le dice que estaba caminando dormido.

  3. increible historia, gracias por traducirlas para cada persona que lee creepys en este sitio, simplemente genial, no me parece la muerte de todas esas personas para la “satisfaccion” del acosador

  4. sinceramente llore con la muerte de Josh y que el chico nunca lo pudo abrazar por ultima vez, sin duda el mejor creepy que he leido!!

  5. me dio rabia, y ganas de llorar, supuse q tendria q ver con la pedofilia, pero jamas crei algo asi, me puso la piel de gallina y ese amigos fue el puñal en el corazon, excelente historia

  6. me puso muy triste, ese “amigos” fue un puñal en el corazon. Imagine q tenia q ver con la pedofilia, pero jamas me imagine algo asi, es algo muy creepy (si, lo se) pero x dios, me dejo helada

  7. No lo puedo creer,sin duda es la mejor creepy que he leido,me llego al alma,me confundio mucho pero cuando la termine de leer no cruzaron pensamiemtos en mi cabeza y solo me puse a llorar.

  8. madre mía lo había entendido pero eso lo deja mucho mas que claro ha sido de mucha ayuda, gracias.

  9. No entendí el cambio de Josh, y porqué le dijo al protagonista “te fuiste”, es como si él estaba pasando por algo. Si hay alguna explicación, la necesito.

  10. Madre mía. Excelsa. No tengo palabras para describir esta historia, en verdad. Primera vez que comento en esta página a pesar de que la leo hace bastante tiempo ya, pero creo que esta historia se lo merece. No sé si es por la forma en que Dathan la escribe, o por la trama en general, pero cuando leí ese “Amigos” al final se me erizo cada pelo del cuerpo y no sé por qué, no me había pasado nunca, pero terminé llorando. Gracias Tubbie por traducir (y especialmente por compartir) esta historia en el sitio, no la hubiera leído jamás de no ser porque fue publicada aquí. 11/10

  11. ¡Genial traducción! gracias, desearía que tambien tradujeras Borrasca, muy buena historia 10/10

    1. Borrasca y Penpal tienen casi el mismo tamaño exactamente xD. AMO al autor de Borrasca. Es una lástima que Dathan nunca cultivara su reputación en NoSleep y abandonara la escritura.

  12. Dios mio, fue una historia muy interesante a la par que triste debido a la muerte de Josh, pero le doy un 10/10, Excelente traduccion por cierto.
    Si algun dia necesitas ayuda con traducciones, solo invocame

    -East

    1. En cuanto a creepypastas, ninguna historia me ha roto tanto como esta. Deberías haberme visto traduciendo este capítulo mientras lloraba amargamente porque ya sabía cómo terminaba todo.

  13. increíble… no me caben palabras para describirlo, mi unica queja sería que el final pense que seria algo mas enmarañado en el sentido de que todos los capitulos estuvieran aún más conectados; De resto, excepcional, mis mejores dieces a tu traducción, Tubbiefox, sigue así.

    -Death

    1. Esta historia está muy interconectada, a pesar de que ese es un formato casi exclusivo del género de misterio. Verlo en una historia predominantemente de terror es bastante agradable, y único para los creepypastas. En los creepypastas por partes típicos, el formato es secuencial y la interacción entre los capítulos iniciales y finales es mínima. Deberías pasar a la entrada principal para ver a lo que me refiero. Toda la historia gira en torno al primer capítulo. Lo cual es gracioso, porque el autor creó el primer capítulo sin haber escrito nada más. No se suponía que la historia tendría más partes.

  14. EXPLICACIÓN, para todo aquel que tenga dudas <3.

    ¡Lee esto después de haber terminado el creepypasta!

    .

    .

    .

    .

    En GLOBOS, el antagonista conoció al protagonista por medio de su globo. Y se enamoró de él perdidamente.

    En MAPAS, el antagonista le entregó un dibujo. Ellos dos se agarraban de la mano, y estaban envueltos en un óvalo café. Ese óvalo era un ataúd, en el que ambos morirían cuando el protagonista cumpliera quince o dieciséis años.

    En PISADAS, el antagonista raptó al protagonista. Lo dejó en el bosque, en el lugar que sería la tumba que ambos compartirían dentro de una década.

    En CAJAS, el antagonista ya había cavado el agujero de la tumba. En CAJAS, el antagonista notó a Josh todavía más, y el parentesco entre ambos chicos.

    El antagonista estaba enamorado del protagonista. Amigo por correspondencia es una historia de amor prohibido; amor de pedofilia. El antagonista nunca, jamás, puso un dedo sobre el protagonista. Nunca, jamás, lo quiso herir. Pero lo hirió indirectamente, porque era celoso. Lo que le hizo a Cajas, doña Maggie y Veronica son ejemplos del amor desmesurado y nocivo del antagonista.

    Raptó a Josh para hacerle todas las cosas que nunca se atrevería a hacerle al protagonista. Raptó a Josh para violarlo y para abusar de él; para convertirlo en su pareja. Josh y el protagonista eran muy similares físicamente y en sus personalidades, así que disfrazó a Josh. Lo hizo ver como el chico del que estaba enamorado. Le pintó el pelo y lo vistió con la ropa del protagonista, aquella que abandonó cuando se mudó de la casa vieja.

    Finalmente, utilizó a Josh para hacer lo que nunca le podría hacer al amor de su vida: asesinarlo. Josh se había hecho grande y cruzó la edad en la que el antagonista lo consideraba atractivo. Los pedófilos tienen sus gustos, y en este caso el límite era quince/dieciséis años. A esa edad, ambos morirían, porque el antagonista no quería seguir viviendo si el amor de su vida dejaba de ser un chico.

    “Nos veremos de nuevo. Pronto”. Él le dejó toda la evidencia necesaria: una fotografía, el dibujo que le entregó en MAPAS, y el mapa que Josh le daría de cumpleaños, para que supiera, más allá de toda duda, que su acosador se encontraba en ese ataúd, y que Josh era un simple sustituto de la única persona que el acosador jamás se atrevería a herir.

    =======

    Recuerda que todos los capítulos son muy detallados. Puedes encontrar la explicación de cada capítulo en la "Entrada principal" al comienzo de este capítulo.

Los comentarios están cerrados.