Piloto automático

Tiempo de lectura: Cerca de 6 minutos.

Tiempo de lectura: cerca de 6 minutos.

Skarjo creó esta historia, escrita originalmente en inglés bajo el título Autopilot.

Traducción y edición (mínima): Creepypastas​.com


¿Alguna vez has olvidado tu teléfono?

¿Cuándo te diste cuenta de que lo habías olvidado? Supongo que no te abofeteaste la frente y exclamaste «joder» con respecto a nada. La realización probablemente no se alzó de manera espontánea. Más seguramente, te acercaste a tu teléfono, registrando tu bolsillo o tu bolso, y te extrañó el que no estuviera ahí. Luego hiciste un reconteo de los eventos de tu mañana.

Mierda.

En mi caso, la alarma del teléfono me despertó como era normal, pero luego me di cuenta de que la batería estaba más baja de lo esperado. Era un teléfono nuevo y tenía un hábito molesto de dejar aplicaciones activas por la noche que le drenaban la batería. Así que lo puse a cargar mientras me bañaba en lugar de colocarlo en mi maletín, como era habitual. Fue un desliz momentáneo de mi rutina, pero eso fue lo único que se necesitó. Una vez en la ducha, mi cerebro volvió a «la rutina» que sigue cada mañana y listo.

Olvidado.

No se trató de que fui descuidado. Como investigué después, esta es una función reconocida del cerebro. Tu cerebro no solo funciona en un nivel, sino que en varios. Por ejemplo, cuando estás caminando hacia algún lugar, piensas en tu destino y en evadir obstáculos, pero no necesitas pensar en hacer que tus piernas se muevan apropiadamente. No estaba pensando en regular mi respiración, estaba pensando en si iba a pasar por un café en mi camino al trabajo o no (lo hice). No estaba pensando en transportar mi desayuno por mis intestinos, estaba pesando en si terminaría mi trabajo a tiempo para recoger a mi hija Emily de la guardería o si me quedaría atascado con otra multa por demora. Este es el asunto: hay un nivel de tu cerebro que solo lidia con la rutina, para que así el resto de tu cerebro pueda procesar otras cosas.

Piénsalo. Piensa sobre tu último viaje diario al trabajo o centro educativo. ¿De qué es lo que te acuerdas, en realidad? Poco, si es que de algo. La mayoría de los viajes comunes se mezclan en uno solo, y ha sido comprobado científicamente que tratar de recordar uno en particular es difícil. Haz algo suficientes veces y se convertirá en una rutina. Sigue haciéndolo y dejará de ser procesado por las áreas racionales del cerebro, siendo delegado a las áreas del cerebro que se encargan de lidiar con la rutina. Tu cerebro lo hace sin que pienses en ello. Pronto, piensas sobre tu ruta al trabajo tan poco como piensas sobre mantener a tus piernas moviéndose mientras caminas. Es decir, nada.

La mayoría de las personas lo llaman piloto automático. Pero hay un peligro ahí. Si rompes tu rutina, tu capacidad para recordar y reconocer la ruptura solo será tan buena como tu capacidad para hacer que tu cerebro no entre en el modo de rutina. Mi capacidad para recordar que mi teléfono estaba en mi mesa solo era tan confiable como mi capacidad para evitar que mi cerebro entrase en el «modo de rutina de mañana». Me metí a la ducha, como de costumbre. Rutina sostenida. Excepción olvidada.

Piloto automático iniciado.

Mi cerebro había vuelto a la rutina. Me bañé, me afeité, la radio predijo un clima increíble, le di a Emily su desayuno y la instalé en el auto, y me fui (ella había sido tan adorable esa mañana, quejándose de que el «sol malo» de la mañana la estaba cegando, diciendo que no la dejaba dormir).

Esa era la rutina. No importaba que mi teléfono estuviera en la mesa, cargándose silenciosamente. Mi cerebro estaba en la rutina y en la rutina mi teléfono estaba en mi maletín. Fue por eso que olvidé mi teléfono. No por torpeza. No por negligencia. No fue más que mi cerebro entrando en modo de rutina y sobrescribiendo la excepción.

Piloto automático iniciado.

Me fui al trabajo. Era un día sofocante desde ese punto. El sol malo había estado abrasador desde antes de que mi teléfono traicionero me despertara. El volante se sentía ardiente ante el tacto. En el viaje a la guardería, creo que escuché a Emily moverse detrás del lado del conductor para alejarse del resplandor.

Pero logré llegar al trabajo. Entregué el informe. Asistí a la reunión de la mañana. No fue hasta que me tomé un pequeño receso —y busqué mi teléfono— que la ilusión se rompió. Hice un recuento mental. Me acordé de la batería agotándose, de ponerlo a cargar y de dejarlo ahí.

Mi teléfono estaba en la mesa.

Piloto automático finalizado.

De nuevo, es ahí donde yace el peligro. Hasta que experimentas ese momento, el momento en el que buscas tu teléfono y rompes la ilusión, esa parte del cerebro continúa en modo de rutina. No ha tenido motivos para cuestionar los hechos de la rutina; es por eso que es una rutina. Atrición de repetición. No es como si alguien pudiera decir: «¿Por qué no recordaste tu teléfono? ¿No se te ocurrió? ¿Cómo pudiste olvidarlo? Debes ser negligente»; hacer eso es pasar por alto el punto. Mi cerebro me estaba diciendo que la rutina había sido completada normalmente, a pesar de en realidad no era así. No fue que olvidé mi teléfono. Según mi cerebro, según la rutina, mi teléfono estaba en mi maletín. ¿Por qué lo cuestionaría? ¿Por qué revisaría? ¿Por qué recordaría de pronto, de la nada, que mi teléfono estaba en la mesa? Mi cerebro estaba enfrascado en la rutina y la rutina me dijo que mi teléfono estaba en mi maletín.

El día se siguió horneando. El velo de la mañana dio paso a la insistente fiebre calurosa de la tarde. El asfalto burbujeaba. Los rayos del sol sin filtrar amenazaban con agrietar el pavimento. Las personas cambiaron sus cafés por granizados. Chaquetas removidas, mangas enrolladas, cejas escurridas. Los parques se llenaron lentamente de gente tomando el sol y barbacoas. Los marcos de las ventanas amenazaban con deformarse. Los termómetros se continuaban hinchando. Gracias al carajo que nuestras oficinas tenían aire acondicionado.

Pero, como siempre, la caldera que fue el día se extendió en un atardecer más fresco. Otro día, otro dólar. Aún maldiciendo por olvidar mi teléfono, conduje a casa. El calor del día había calcinado el interior del auto. Cuando llegué al parqueo de mi hogar, escuchando a las piedras crujir cómodamente bajo los neumáticos, mi esposa me saludó en la puerta: «¿En dónde está Emily?».

Mierda.

Como si el teléfono no hubiese sido suficientemente malo. Había dejado a Emily en la guardería después de todo. Aceleré de inmediato hacia la guardería. Llegué a la puerta y empecé a practicar mis excusas, preguntándome vanidosamente si podría salvarme de una multa a punta de encantos. Vi un trozo de papel pegado en la puerta.

«Debido al vandalismo de la noche pasada, por favor use la puerta lateral. Solo por hoy».

¿Por la noche? ¿Qué? La puerta estaba bien esta maña…

Me congelé. Mis rodillas temblaron.

Vándalos. Un cambio en la rutina.

Mi teléfono estaba en la mesa.

No vine aquí esta mañana.

Mi teléfono estaba en la mesa.

Emily se durmió detrás de mi asiento para alejarse del sol malo. Había cambiado la rutina.

Mi teléfono estaba en la mesa.

No hizo sonido alguno. Nueve horas. Ese carro. El sol abrasador. Sin agua, sin ventilación, sin ayuda. Ese calor. Un volante demasiado ardiente como para ser tocado.

Caminé hacia la puerta del auto. Aturdido. Conmocionado.

Abrí la puerta.

Mi teléfono estaba en la mesa y mi hija estaba muerta.

Piloto automático finalizado.

Traducción mía (y edición ligera):
https://en.reddit.com/r/nosleep/comments/19fmjf/autopilot/

Tubbiefox

Administración de Creepypastas.com

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7 comentarios de “Piloto automático”

  1. Hola, me encantan los creepypastas que subes y quiero hacerte una pregunta…
    veras, tengo un canal en youtube, y quiero contar creppypastas, asi que me preguntaba si me permitirías contar los tuyos?

  2. Lo peor es que lo vi venir :v
    Porque me acordé que en un video, la mamá dejaba al nene en el coche, y ella se iba a comprar, al estar bajo el sol, el nene murió

  3. EXPLICACIÓN, para todo aquel que tenga dudas <3.

    ¡Lee esto después de haber terminado el creepypasta!

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    Toda, TODA la historia es una analogía. El celular olvidado ocurrió, sí, pero nunca tuvo importancia. Siempre que habla del celular ("¿Por qué no recordaste tu teléfono?" "¿Cómo pudiste olvidarlo?" "Debes ser negligente") está hablando de la hija. Dice que no fue SU culpa dejar a su hija encerrada en el carro e irse trabajar por las siguientes nueve horas hasta que la niñita se murió por el calor. No fue "torpeza", no fue "negligencia"…

    …Fue culpa de su cerebro, de la rutina. Fue culpa del piloto automático.

    Ahora imaginen al narrador contando esta historia frente a una corte judicial.

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