Mi hermana fue asesinada y no se calla al respecto

Tiempo de lectura: Cerca de 10 minutos.

Tiempo de lectura: cerca de 9 minutos.

E. Z. Morgan creó esta historia, escrita originalmente en inglés bajo el título My Sister Was Murdered and She Won’t Shut up About It.

Traductor: Creepypastas​.com


De niñas, mi hermana Cassie y yo no sabíamos que éramos diferentes. ¿Cómo podríamos? Pasábamos todo el tiempo en casa. Nuestros padres nunca nos dejaban jugar afuera. Decían que era para nuestra protección. Recuerdo a mi padre delineando claramente todos los horrores del mundo más allá de la puerta: animales despiadados, hombres peligrosos, enfermedades mortales. Cada día enfatizaba una nueva razón de por qué no nos podíamos aventurar afuera de las paredes de la casa. Me di cuenta de la verdad mucho más tarde. Estaban avergonzados de nosotras.

Cassie y yo éramos muy apegadas, literal y metafóricamente. Pasábamos cada momento juntas. He leído que otras gemelas son de esta manera con frecuencia, pero nosotras éramos más que eso. Nos despertábamos al mismo tiempo, cerrábamos los ojos para dormir al mismo tiempo. A veces soñábamos los mismos sueños. Leíamos libros al mismo ritmo. Nuestros padres decían que éramos anormalmente apegadas. Esto no tenía sentido para nosotras en aquel tiempo.

Cuando jugábamos, uníamos dos juguetes desde la cabeza —varias rondas de cinta adhesiva transparente oscurecían sus rostros—. Dentro de poco, todos nuestros juguetes habían sido emparejados. El cerdo de peluche había sido pegado al cocodrilo. La muñeca de porcelana había sido unida al dinosaurio de plástico. Cassie y yo incluso llegamos al punto de pegar nuestras almohadas. «Para que nunca estén solas», le dijimos a nuestra madre iracunda.

A pesar de nuestro vínculo, Cassie y yo éramos muy diferentes. Yo estaba perfectamente a gusto con obedecer todas las reglas de nuestros padres, aunque numerosas. Cassie, por el otro lado, odiaba las reglas. Incluso las más pequeñas —como insistir en que debíamos lavarnos los dientes por la noche— la arrojaban a un berrinche. Me gustaban los vestidos que mi madre hacía para mí, pero Cassie desgarraba los suyos con sus dientes. Cassie tampoco se comunicaba por un canal verbal. No era su culpa, simplemente no podía hacer que su boca se moviera de la misma manera que la del resto de nosotros. Esto no significaba que no se podía comunicar. De hecho, Cassie y yo hablábamos constantemente. Siempre en nuestra mente.

«Qué asco, odio las bananas», me dijo una mañana que nuestra madre nos servía el desayuno.

«Cállate, Cassie».

Me giré y le sonreí a nuestra madre:

—¡Gracias por el desayuno!

Cassie gruñó debajo de su aliento. «Qué lamebotas eres. Somos prisioneras aquí y los tratas como ángeles».

«¡Son nuestros padres!».

Mi madre podía ver que estábamos discutiendo en nuestra cabeza. Pero nunca hizo un comentario sobre ello. Creo que no quería saber lo que estaba pasando entre nosotras.

Cuando éramos más jóvenes, noté que Cassie y yo no nos veíamos como los niños de los libros. Esos niños estaban solos. Pero Cassie y yo siempre estábamos juntas. Le pregunté a nuestro padre sobre ello y me dijo que nosotras teníamos una condición, pero que separarnos pondría en riesgo nuestras vidas.

«Él preferiría que me muera», susurró Cassie en mi oído.

«¡Por supuesto que no! ¡Te ama!».

Pero no lo hacía. Yo estaba al tanto de esto en secreto. Nuestros padres no hacían mucho para esconder el hecho de que me favorecían. Veían a Cassie como un peso muerto. Y a medida que crecíamos, debo admitir que comencé a entender su opinión. Ella era difícil. Siempre estaba molesta por algo. Además, ella era la razón por la que no se me permitía salir o tener amigos.

Cerca de nuestros doce años de edad, nuestros padres empezaron a dejarnos usar la computadora. Se suponía que sería para nuestros estudios, pero cuando estábamos solas, buscábamos cosas por nuestra propia cuenta.

«Gemelos que comparten el cerebro». El primer artículo era sobre gemelos que se comían entre sí en el vientre. Claramente, ese no era relevante. El segundo era sobre gemelos siameses. Nos saltamos ese porque nosotras éramos de Estados Unidos. Luego llegamos al tercero, el cual tenía una fotografía —dos mujeres adultas que compartían la cabeza—. Una mujer era grande y la otra pequeña. Se veían un poco como Cassie y yo. El artículo se refirió a ellas como «gemelas unidas». Decía que, aunque las mujeres deseaban que pudieran estar separadas, los doctores consideraron que era demasiado peligroso.

«Esas somos nosotras», le dije a Cassie.

«¿Por qué habría alguien que querría estar separado?», respondió.

«Quizá para que puedan verse como personas normales».

«Prefiero estar contigo que ser normal».

Hice una pausa antes de decir: «Yo también, Cassie».

Pero todo eso fue antes de que Cassie fuera asesinada.

Murió sofocada. Teníamos catorce. Me di cuenta en el segundo que dejó de respirar. Podía sentir un escalofrío por todo mi cuerpo, como si algo estuviese arrastrándose por mis nervios. Empecé a gritar. No quise hacerlo, pero la reacción fue involuntaria. Tal vez era Cassie quien gritaba por medio de mí. Mi madre apareció en nuestra habitación como si ya hubiese estado dentro. Mi padre le seguía el paso desde cerca.

Nos… me llevaron al hospital en un apuro. Había sido la primera vez que sentía el aire nocturno en mi cara. Cualquier temor de estar en la intemperie se evaporó. Era libertad. Vi hombres y mujeres de diferentes razas. Se amontonaron en torno a mí, observándome como si fuera un animal salvaje. No me importó. Era dicha pura. Incluso me olvidé del cadáver de mi hermana colgando de mí.

Nadie trató de resucitar a Cassie. A pesar de que sabían que estaba muerta, no se hizo ni un solo intento por salvar su vida. Lo único que los doctores hicieron fue prepararla para la cirugía. Mi madre y mi padre acariciaron mi cabello. Me dijeron que me amaban. Que todo acabaría pronto. Que los doctores removerían el tumor.

El tumor era mi hermana muerta.

Desperté un tiempo después con la sensación más rara de ligereza. Mis ojos apenas estaban abiertos, pero podía ver a mis padres durmiendo en el sofá cercano. Estaba atada a cantidad de máquinas. Miré a mi alrededor y noté que estaba sola. El sentimiento usual del peso del cuerpo de Cassie se había ido. Lógicamente, sabía lo que había pasado. Cassie murió, así que la retiraron de mi cuerpo. Pero la impresión de su ausencia hizo que mi corazón se acelerara. Esto, que había querido en secreto, que había añorado en silencio, era aterrador.

Me recosté y giré mi cabeza de un lado a otro. Era tan extraño ser capaz de moverme con libertad. No había ningún cuerpo extra que me entorpeciese. Rápidamente, me pregunté en dónde estaba el cadáver. ¿Estaría sola? ¿Yo estaba sola? Levanté mi mano, vacilante, y palpé la carne desde donde había estado conectada a Cassie. En su lugar, había una cicatriz amplia y suturas. Lo único que restaba de mi hermana era aire vacío.

No se sentía real. Solo había estado consciente por unos minutos y el pánico ya se estaba insertando. Esto era un error. ¿Qué le había pasado a Cassie? ¿En dónde estaba? La necesitaba. Desesperadamente, suspiré: «¿Cassie? ¿Estás ahí?».

Corrió un minuto. Silencio.

Luego, una onda masiva de gritos llenó mi cerebro. Era la voz de Cassie encendiendo mi mente con miles de chillidos atemorizados. Mis ojos se mantuvieron abiertos de par en par. La voz de Cassie empezó a hablar a través de los gritos. «¡Me mataron! ¡Me mataron! ¡Me mataron!».

—¡Cállate! —grité. Mis padres se despertaron de su sueño. Me di cuenta de que lo había dicho en voz alta. Se me acercaron, tratando de calmar mis miedos. Pero Cassie me estuvo fatigando en todo momento. «¡Me asesinaron!».

Traté de no responderle a la voz, pero no sirvió. A Cassie no le importaba si le contestaba. Por días, solo estuvo lamentando su muerte. Conforme los doctores trataron de enseñarme a pararme y caminar sin Cassie, ella se hizo presente en mi cabeza. Yo pretendía que me encontraba bien, pero la voz me carcomió la sanidad. No podía dormir. Cada vez que cerraba mis ojos, Cassie empezaba de nuevo. «Fueron ellos, tus sucios padres. Pusieron una almohada sobre mi boca y me asesinaron».

No le dije a nadie sobre la voz. ¿Quién me entendería? Pronto, fui dada de alta por los doctores. Mis padres hicieron arreglos para que empezara a atender a la escuela. Me compraron una peluca para cubrir mi piel desfigurada. Ahora todas las puertas estaban abiertas. Ya no me ocultarían más. Tuvo que haberse sentido como el Cielo, pero, en vez de ello, la voz de mi hermana acechó mi mente. «Muerta. Estoy muerta. Me asesinaron».

Pasé meses bajo la misma existencia agonizante. Perdí peso. Casi no dormía. Nada me podía traer felicidad. Cassie me estaba volviendo loca lentamente. No sabía si era mi imaginación o si Cassie en realidad estaba viva en alguna parte de mi cerebro, pero un día me llegué a hartar. Ya no podía seguir con lo mismo.

«Me mataron. Mis padres me mataron», sollozaba Cassie contra mis oídos.

Tomé un respiro profundo, y dije:

—Cassie, tienes que parar.

Puse una mano sobre mi boca, sorprendida. No había hablado en mi cerebro, lo dije en voz alta.

—Detente, Cassie.

Desesperada, metí un puño en mi boca para evitar que hablase. Pero no salió nada. La habilidad para hablar con mi mente había muerto junto con mi hermana.

Me arrastré hacia una esquina de mi habitación con los brazos sobre mi cabeza. Empecé a llorar. Olas de horror y melancolía se propagaron por mi cuerpo. Cassie solo seguía gritando y gritando. «Nuestros padres, esos monstruos sucios. Me mataron para que pudieran tener una hija normal. Me sofocaron con una almohada. Ellos…».

—¡¡No fueron ellos, fui yo!! —chillé. La voz de Cassie se detuvo de pronto. Mis lágrimas continuaron llegando.

Con un susurro, hablé:

—Ya no podía seguir viviendo así. Quería ser normal.

Aún podía sentir el peso de la almohada que presioné en el rostro de Cassie. Recordé sus quejidos por ayuda. Aún sentía sus brazos enterrándose en mí.

Algo cambió entonces. Me sentí mareada y vi abajo, hacia mi cuerpo. Parecía que estaba flotando lejos de él. Mi ser se encogió. Sentí cómo me desprendía de mis piernas y de mis brazos, y por sobre mi torso, hasta que finalmente me alojé detrás de mi cerebro. Me convertí en una esfera diminuta escondida en la profundidad de algo más.

Mi brazo se alzó lentamente. ¿Mi brazo? ¿Su brazo?

Mi voz resonó en la habitación, pero no fui yo quien hablaba:

—Lo admites, al fin.

Aterrorizada, traté de decir: «¿Qué está pasando?», pero solo fue en mi cabeza. ¿Nuestra cabeza?

—Que hayas matado el cuerpo no significa que dejamos de compartir el mismo cerebro —La crepitación de mi voz ascendió—. Estaba esperando que lo hicieras. Sabía que lo harías. Eres justo como nuestros padres. Monstruos desagradables y sucios. Pero siempre he sido más fuerte y más lista que tú. Mataste el cuerpo, pero aún controlo el cerebro.

Cassie se paró con mi cuerpo, sacudiendo mis extremidades. Entrando en pánico, quise controlar cualquier parte, pero ella era más fuerte que yo.

—Es extraño poder hablar —dijo en voz alta—. Me gusta más de lo que pensé que me gustaría.

«¿Qué vas a hacer?».

—Me convertiré en ti. La bonita. La que sus padres siempre quisieron. Luego los mataré. Quizá engraparé sus cráneos entre sí. ¿Recuerdas cómo solían odiar que hiciéramos eso con nuestros juguetes? Y la mejor parte es que aún te tendré, atrapada, al reverso de mi cerebro. Siempre te dije que nunca nos separaríamos.

Esto fue hace siete años. Nuestros padres han estado muertos desde hace mucho. Nunca hizo lo que prometió, engrapar sus cabezas entre sí. En su lugar utilizó nuestra almohada doble, esa que habíamos unido, para sofocar a los dos cuerpos anestesiados a un mismo tiempo. Me hizo verlo, completamente desamparada. Eran mis manos sobre sus rostros, justo como yo había hecho con Cassie.

Quizá te preguntas por qué me dejó escribir esto. Se supone que esta debe ser mi confesión. Una de las formas en las que me atormenta. Me permite tener control de mi cuerpo por unos minutos cada tanto, dándome una probada de la libertad antes de que me la arrebate de nuevo.

Debí haber sabido que nunca me desharía de ella. Es una parte de mí, y, ahora, estoy atrapada aquí.

Desearía nunca haber asesinado a mi hermana. Pero ella en verdad está feliz de que lo haya hecho.

Traducción mía:
https://redd.it/4nwo0v

Tubbiefox

Administración de Creepypastas.com

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9 comentarios de “Mi hermana fue asesinada y no se calla al respecto”

  1. Hay un cap. de “Dr. House” en el que un niño tiene a “otra persona” en su cuerpo, en realidad era su “hermano”; debieron ser gemelos naturalmente, pero ocurrió que uno se “comió” al otro, pero partes de este otro quedaron en el cuerpo del chico haciento que alucinara y perdiera el control de su cuerpo.
    Yo lo ví más bien de ésta manera…
    MUYY BUENA LA CREEPY!

  2. EXPLICACIÓN, para todo aquel que tenga dudas <3.

    ¡Lee esto después de haber terminado el creepypasta!

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    "Mi hermana fue asesinada" es un creepypasta inteligente. Es, de hecho, uno de los creepypastas de enfermedad mental mejor planteados que he leído, y pasé más tiempo del que debí haciendo la traducción porque se me hacía imposible no detenerme a meditar sobre la historia.

    Cassie no era una persona. Cassie era un tumor muy (muy) grande que sobresalía de la cabeza de la protagonista. Cuando la “asesinó”, significó que la protagonista dañó el tumor y se vieron obligados a quitárselo para salvarla, aunque eso pusiera en peligro su vida. Por suerte, sobrevivió.

    La protagonista, de alguna forma, había acogido la idea de que Cassie era su hermana. Esto tuvo que pasar cuando ella era muy pequeña y sus padres hicieron un trabajo estupendamente mediocre para sacarle esta idea de la cabeza (ja). Los padres no soportaban la enfermedad de la niña y no se querían involucrar.

    La protagonista asumía los roles de las dos niñas. Cuando Cassie “rompía los vestidos con la boca”, por ejemplo, era la protagonista quien lo hacía. No, no a manera de personalidad múltiple. La niña tiene un contacto con la realidad muy pobre, y lo más seguro es que ella estaba “actuando” el papel de ambas personas la mayor parte del tiempo. Obediente-necia, por ejemplo (te hago caso, me emputo; te hago caso, me emputo; te hago caso, me emputo). Cassie era una especie de amiga imaginaria, y ambas chicas estaban presentes a un mismo tiempo. Un trastorno psicótico. Uno bien cabrón.

    La protagonista resucita a Cassie porque no sabe cómo vivir sin ella y porque se siente culpable. Cassie, siendo una caldera de resentimiento y enojo, y una persona imaginaria plena con todas sus facultades y capacidades, se molestó tanto con su hermana que la devoró y tomó posesión del cuerpo (#ForeverTumor). Cassie y su hermana son dos personas en una que existen al mismo tiempo. Cassie nació de la imaginación de su hermana. Al final, Cassie tomó el papel de ella, y ella el de Cassie. El peor tipo de psicosis ocurre cuando tu fantasía se apodera de tu realidad.

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