Oráculo

Oráculo ganó como la tercer mejor historia enviada en el mes de marzo, 2015.


Hace como veinte o treinta años atrás cerraron un parque donde habían ocurrido una serie de eventos extraños. Hoy por hoy el recinto ni puede llamarse «parque», ya que lo tienen cercado con mallas policíacas y de construcción, además de escombros. Creo que tratan de olvidar la historia y hacer como que nada ocurrió para construir un edificio o un centro comercial, el hecho es que en ese terreno nada resulta, ya que a los tres o cuatro meses todo se derrumba. Lo único rescatable es que ocurre en ausencia de los trabajadores.

Iré a la raíz del asunto. En mi ciudad (no daré el nombre) hubo un larguísimo tiempo en el que circulaba semanalmente una revista llamada «Oráculo» (no es ninguna que circule actualmente, espero) que registraba casos paranormales que ocurrían dentro y fuera del país, pero más que casos paranormales, eran casos totalmente bizarros. La producción y distribución de esta era totalmente anónima y solo se conseguía por medio de intercambio; tú tenías una y me la intercambiabas por una que tenía yo, o te llegaba una de regalo por ahí y así. Nunca nadie se había preocupado de su procedencia y había ediciones de las que solo había cuatro o cinco copias en toda la ciudad, las que simplemente desaparecían a los seis meses y eran perdidas de toda vista. Era probable que la policía las retirara por medio de informantes, ya que el contenido de esta revista no era precisamente el más agradable para la época en que esto ocurrió, además de que el lugar de donde procedo el solo hecho de ver un dibujito de alguien degollado o masacrado causaba tal espanto que hasta el más insensible se sentía asqueado. Y bueno, a todo esto las imágenes de la revista no eran dibujitos, sino que fotos casi reales, una buena recreación o un desquiciado asesinato.

También diré que el público de esta revista eran jóvenes y adultos jóvenes del sector indeseado en ese tiempo; los marginados sociales, la gente de pocos recursos, por lo que cada vez que llegaba alguna de estas al sector alto, era motivo de polémica y discusión entre las viejas chismosas, quienes iban a llorar a la policía para que fuesen a incautar y a eliminar dichas revistas. Ahí mi teoría de la desaparición de los ejemplares crudos pasados seis meses. Pero es solo una teoría, ya que hay lugares en esta ciudad donde ni el más armado policía podría adentrarse sin salir dañado, y en este lugar es donde había más «tráfico» de estas revistas.

Yo pertenezco a lo que es hoy la clase media, en ese tiempo el sector indeseado que mencioné antes. Mi familia siempre fue ejemplar incluso con más educación que las del barrio alto, pero por el hecho de no tener recursos siempre fue marginada. El colegio al que yo asistía era el segundo mejor de la ciudad, el primero era privado, obviamente, y al mío solo había que pagar una pequeña cuota cada mes. No era obligatorio, pero mi familia se sentía obligada a pagarlo. Bueno, la cosa es que entre todos los chicos de la escuela había uno que distinguía del resto. Ya no me acuerdo de su nombre, pero todos le decían Oráculo. Él era el que repartía la revista en el colegio —de ahí su apodo— y ya todos lo conocían por eso; pero a pesar de que era el proveedor del ocio en la escuela, nadie hablaba con él, solo yo. Siempre me llevé bien con todo el mundo, pero no era una «lame botas». Sólo era amable y cortés con el que se me acercaba. Él solo tenía confianza conmigo, incluso una vez me dijo que la persona que se las facilitaba era cercano a la persona que las publicaba, pero no podía decirme más porque lo matarían. Yo le creí, conmigo era sincero y eso era de agradecerse de una persona como él.

Yo también le pedía revistas, pero le pedía que le cortara las imágenes fuertes o que las rayara con un plumón. Yo era curiosa, pero no me interesaba verlas, solo la leía. Trataba sobre sucesos paranormales y bizarros como decía anteriormente, pero también contaba muchas otras cosas extrañas.

Un día, yendo de camino al colegio, Oráculo me paró y me pasó una de las revistas. Estaba nueva y no le había rayado las imágenes. Me pasó la revista abierta en una página y me dijo que leyera rápido el artículo. Trataba sobre una casona que queda cerca de aquí. Ahí vivía una anciana sola y su única compañía era un viejo gato peludo. Ella no podía levantarse, así que tenía a una empleada. Dicen que era una gran artista, pero la azotó una maldición la cual hizo que su carrera se arruinara y todo el mundo de pronto dejó de tomarle atención. Perdió su chispa, decían.

El asunto es que decía que el martes siguiente después de ser distribuido este artículo a la empleada de esta señora le ocurriría un accidente, el cual no se sabría hasta que la familia diera parte a la policía llegada la noche del día sábado de esa misma semana. La empleada vivía con la anciana de lunes a viernes, por lo que la familia, al no llegar la mujer del trabajo el día sábado en la mañana, iría a buscarla y no recibirían respuesta alguna.

El hecho que me preocupaba era que la revista hablaba de cosas que aún no ocurrían, y no temía porque pudiese predecir el futuro, me preocupaba el hecho de que tal vez el tipo de la revista pudiese asesinar a la empleada para formar un show y así hacerse aún más famoso a costa de la muerte de una persona inocente. Se lo dije a Oráculo, y él me dijo que me quedara tranquila, que él se encargaría de averiguarlo. Oráculo era como un ninja, pasaba desapercibido por cualquier lugar, y me dijo que no le costaba darse una vuelta por este.

El esperado día llegó y así fue como ocurrió. «La empleada de la casona Warren murió aplastada por un armario y su cadáver fue encontrado por la policía en estado de descomposición y con el rostro carcomido por el gato de la dueña de la casona. Al parecer necesitaba mover el pesado mueble, cuando la fuerza aplicada por la mujer hizo que se levantara una de sus esquinas y el armario se le viniera encima», fueron unas de las líneas de un periódico local. Lo que más me sorprendió fue que en ningún momento se mencionó la revista, al parecer nadie de los medios la había leído.

En la escuela todos los que habían leído la revista lo comentaban, incluso una chica dio parte a la policía, pero no le hicieron caso, ya que no tenía pruebas de que la revista había sido publicada antes del accidente, pues al no estar permitida su circulación no había una autoridad responsable de esta que lo acreditara, al menos eso le dijeron. Yo creo que prefirieron no hacer caso, ya que si esto se sabía los enviarían a investigar el origen de todo, y no querían perder tiempo en tonterías ni arriesgar sus vidas. Además, a muchos de los uniformados les encantaba la revista, ¿qué se podría hacer? Pasó una semana y la revista no se publicó. Todos le preguntaban a Oráculo el porqué del cese de su distribución. «Simplemente no me las han dado», decía él. Pasada esa semana, la misma chica que denunció el hecho fue encontrada clavada de brazos y piernas a un árbol del parque que mencioné al principio. No salió en el periódico ni en la radio ni en la televisión. En ningún lugar. Solo nos enteramos las personas cercanas al sector. Al día siguiente del asesinato, la revista se volvió a publicar normalmente. Sus amigos decían que ella les había comentado que se sentía perseguida, observada, pero la forma en que lo decía era como si el asunto no tuviera importancia.

Oráculo dejó de distribuir las revistas, el hombre que se las daba ya no estaba en la dirección que le había dado ni sabía dónde se había ido, y yo le aconsejé que no lo buscara y que se alejara. Era mi amigo y no quería que nada le pasara. Nadie dejó de llamarle Oráculo, se había ganado ese apodo y ya todo el mundo lo conocía así.

Las revistas no dejaron de ser leídas, ya que alguien dejaba cincuenta ejemplares escondidos cada semana entre los matorrales de la entrada de la escuela, y aunque había cuidadores, ninguno se daba por enterado quién y a qué hora dejaba las revistas.

Las muertes predichas por la revista siguieron y solo pertenecían al sector en el cual más circulaba esta. Y lo peor es que muchas de estas muertes eran asesinatos, y todas las víctimas de estos terminaban clavados o amarrados a un árbol del parque.

La muerte que más me impactó en particular fue la del párroco de la capilla de mi escuela. El día de su muerte las revistas estaban puestas en forma de cruz y en la portada salía una repulsiva caricatura del cura en una situación poco decorosa con una de las alumnas, la cual miramos todos de pronto sorprendidos tanto como ella. Oráculo se paró en frente de la revistas y dijo: «Nos gusta la revista, pero no me parece correcto que hayan involucrado a uno de nuestros compañeros. Creo que no deberíamos hacer caso», y todos asentían entre sí mientras se marchaban diciendo: «Tiene razón, creo que no deberíamos leer la revista en forma de demostrar nuestro descontento», y cosas parecidas. La chica se puso a llorar y agradecía a todos, pero me pareció ver mucho alivio en esas lágrimas, por lo que miré a Oráculo mientras recogía y botaba las revistas en un contenedor fuera de la escuela —ese día pasaba el camión de la basura— y le dije que me guardara una sin que se supiera. Me miró y me brindó una sonrisa cómplice.

A todo esto olvidé mencionar que el párroco se había introducido muy joven al seminario, por lo que era muy joven aún y su trato con esta chica era bastante raro, por eso sospeché de ese hecho y de la reacción de ella al ver su caricatura en la revista.

Oráculo y yo nos encerramos en una sala a leer la revista. Esta decía algo como lo siguiente:

La historia del amor imposible entre la estudiante **** y el sacerdote de su escuela.

La niña **** tiene amoríos con el joven cura de su escuela. Todo comenzó cuando inesperadamente se conocieron en una fiesta de amigos de ella. Al joven se le había invitado aunque varios ya sabían sus intenciones de volverse parte del mundo de la santidad, pero sin importar nada la chica **** le lanzó sus garras encima y desde ese día jamás volvió a ser el mismo. ¿Por qué estando enamorado de la chica siguió en el seminario? ¿Por qué seguir con este crimen a la santidad? Solo ellos y el mismo Dios lo saben. Entusiasmado con el tema tomé una Biblia, pero veo algo más que solo palabras de sabiduría, veo cómo la chica deja al descubierto su relación con el cura de su escuela… ¿Cómo? Es que a él le ocurrirá algo feo, y ella estará allí.

El párrafo fue bastante raro tanto como para Oráculo como para mí.

Ese mismo día se nos invitó a una misa que iba a ser oficiada por el sacerdote en cuestión. Mientras daba un sermón, mencionó el poder maligno que tenía el autor de la revista, y luego comenzó a jadear y apretarse el pecho; estaba sufriendo un infarto. La estudiante antes mencionada corrió a brindarle ayuda al hombre que yacía en el piso, mientras que los demás salían a buscar ayuda. Oráculo y yo nos acercamos y nos quedamos mirando. Si la revista estaba en lo cierto —y créanme que a estas alturas ya todo lo que leíamos de la revista nos parecía de fiar— ni Dios podría salvarle la vida a ese hombre, así que sólo podíamos ver cómo su vida se apagaba lentamente y la vida espiritual de la niña se iba con él.

Nos dejaron salir antes, le avisé a mi madre y salí con Oráculo al parque donde habían sido los anteriores asesinatos. Obviamente no le dije a mi madre hacia dónde me dirigía, se habría negado.

Nos colamos por una verja medio abierta. Había mallas policiales y al parecer ya habían sacado los cuerpos que habían sido encontrados en el parque. Oráculo me dijo lo que yo ya sabía. Aquí estaba ocurriendo algo grave, pero si nos poníamos a investigar no saldríamos libres de polvo y paja. Él me hizo prometerle que jamás me metería de nuevo al parque y que no iba a tratar de averiguar nada, que no leería la revista o que por lo menos no hiciera las dos primeras cosas. Se lo hice prometer a él también y vagamente me dijo que lo prometía, pero no fue así.

A la semana siguiente Oráculo fue día por medio a la escuela. Me dijo que había conseguido otro trabajo y que había faltado por ese motivo, pero que había hablado con su jefe y no faltaría más. No lo vi en todo el fin de semana.

Pasado esto, Oráculo estuvo inquieto y algo asustado. También lo noté bastante sensible, hasta que me aburrí y le reclamé que de una vez por todas me dijera qué estaba ocurriéndole. Él me dijo que no ocurría nada. Luego de insistirle me dijo que no podía decírmelo. Después de mucho discutir con él me dijo que no había estado trabajando y que había estado investigando el asunto, que no había podido evitarlo y me pidió disculpas. Le pregunté qué había averiguado y dijo que no podía decírmelo, que mi vida estaría en juego, que me quería y que no quería que me pasara nada malo. Oráculo me contó el secreto del autor de la revista después de mucha insistencia, pero antes me hizo prometer que me iría de aquí, en lo posible del país, y me dio un fajo de billetes que según él ahorró de lo que le pagaban por repartir las revistas. Al principio me negué, pero luego acepté después de que me contara el secreto. Lo obligué a que viniese conmigo y mi familia, pero me dijo que ya no podía estar más metido en este embrollo y me suplicó que no insistiera más.

Era de noche, y como no me veía asustada, me dijo que me llevaría al parque para que me tomara las cosas en serio. Me tomó de un brazo y me arrastró hasta allí.

Llegando allí me mostró lo que estaba ocurriendo: todas las personas que habían descubierto el secreto del autor de la revista o lo habían desafiado habían sido asesinadas, todas estas estaban mutiladas, colgadas y masacradas cerca de los árboles en ese instante. Todas las otras muertes habían sido producto de la predicción o el macabro plan de este maldito. Todas las revistas publicadas se encontraban regadas por todo el parque, medio rotas, medio mojadas y las portadas eran todas alteraciones macabras de los rostros de los jóvenes asesinados. Había una fuerte luz roja que iluminaba el parque, pero parecía proceder de ningún lugar. No podía creerlo, abracé fuerte a Oráculo y me puse a llorar. Él se me apartó porque le dieron nauseas al mirar tal espectáculo, pero me vio con tan mala cara que volvió a abrazarme. En cuanto nos recuperamos salimos corriendo de allí. Jamás volví a hablar del tema con Oráculo.

Le conté todo a mi familia —obviamente no el secreto— y al principio no me creyeron, pero a los pocos días les comenté que había visto a Oráculo bastante nervioso, que me había gritado en la calle que por qué no me iba, que era un emergencia, que era muy peligroso quedarme aquí, pero mi familia solo atinó a decir que estaba algo trastornado por los acontecimientos que habían ocurrido en el sector y que pronto se le pasaría, pero lastimosamente estaban en un error. La última vez que vi a mi amigo, me comentó que lo seguían y lo vigilaban. Lo encontraron diez días después en el mismo parque, con las muñecas cercenadas, los ojos arrancados y las comisuras de los labios rasgadas de oreja a oreja como una macabra sonrisa.

Mi familia, en ese instante, se lo tomó en serio, vendimos todo lo que pudimos y empezamos una nueva vida en otro país y con parte de dinero de ahorros que conseguimos haciendo mucho esfuerzo y el que nos había dado mi amigo. Pensamos que con eso el desquiciado autor de estos crímenes podría haberme olvidado y tomar esa huida como que de mi boca jamás saldría nada referente al tema, pero no fue así.

Publiqué este relato un par de días atrás en otro foro donde me encontré con gente que había vivido cerca del parque y era testigo de las atrocidades que allí ocurrían. Desde la muerte de Oráculo la revista dejó de ser publicada, y por tanto ya nadie pudo descubrir jamás el secreto tras todo lo ocurrido. Soy la única persona viva que lo sabe, pero guardaré silencio porque sé que correrán peligro como yo en este momento. Lo único que puedo decirles es que es algo más allá del entendimiento humano. De hecho, ni yo misma lo entiendo aún. Fue un error contar lo demás, pero ya no importa, quiero que el mundo sepa la razón de mi desaparición… Hace días siento que me persiguen y me vigilan. No salgo de mi casa desde ayer, que es cuando vi un afiche con las letras del motivo de la portada de la revista, diciendo: «Estaremos de vuelta en poco tiempo. La revista con más éxito en la ciudad de ****, ahora aquí en ****». Por favor ayúdenme, soy la única que puede salvarlos de que vuelva a ser publicada.

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Desde un sueño

Samantha

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2 thoughts on “Oráculo”

  1. Muy veraz, hasta que se llega al final. Realmente que necesitó un mejor final. Sin embargo, todo lo que antecede es buen material, y la historia en su totalidad me ha gustado. Ambos protagonistas son agradables (sobre todo Oráculo) y el misterio de la revista es un buen misterio. Es una historia un tanto única. Felicidades por tu lugar en el Salón de la Fama.

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