Jeff the Killer y Slenderman entraron a un bar…

Tiempo de lectura: Cerca de 12 minutos.

Jeff the Killer versus Slenderman


El callejón húmedo y oscuro estaba débilmente iluminado por el celular de Sara. Sus ojos exploraban la oscuridad y temblaba violentamente. Lo que le había sucedido la noche anterior era un misterio. Hizo memoria, recordó el bar. Acababa de encontrarse con unos amigos, iba a ser una noche de juerga cualquiera; nada podía suceder, o eso fue lo que pensó. Ahora estaba temblando, caminando de edificio a edificio a las tres de la madrugada, cerca de un área densamente arbolada.

Recorría la calle, cerrando sus ojos con fuerza cada tanto. Se acurrucaba en su abrigo para conseguir algo de calor mientras era bañada por la tormenta. Al instante en que sus párpados cubrieron su vista, notó algo por el rabillo del ojo. Abrió sus ojos de inmediato y sus pupilas se dilataron. Miró a su alrededor, pero nada se ocultaba entre la negrura y la lluvia. Se volteó y retomó su marcha, esperando poder llegar a casa.

En lo que estudiaba su entorno, recordó un atajo que solía tomar cuando era niña; involucraba ir por el bosque. Dudó, pero llegó a la conclusión de que cualquier camino que la llevase más rápido a su casa era la mejor opción. Sara se encaminó al bosque. Cuando se acercaba a este, el primer árbol que pudo vislumbrar había sido marcado. El símbolo que estaba grabado en el árbol la intrigó, consistía en un círculo con una equis dentro. No sabía nada de su origen o significado, por lo que asumió que debía de ser la insignia de alguna pandilla, o algo por el estilo.

Mientras se adentraba en el bosque escuchó el crujido distante de hojas detrás de ella. Horrorizada, empezó a correr, desviándose de su camino. No se detuvo pese a esto, con la esperanza de encontrar una salida diferente. Su paso descuidado la llevó a tropezar con una raíz sobresaliente, y cayó al suelo. Tratar de levantarse le causó un dolor agudo; se había torcido su tobillo.

—¡Alguien ayúdeme… por favor! —exclamó.

El crujido de las ramas se hizo presente de nuevo. Desesperada, cerró los ojos por reflejo, y cuando los abrió, varios segundos después, un hombre alto y blanco vestido con un traje estaba de pie enfrente de ella. Apenas recuperó su aliento Sara comenzó a gritar, pero fue pronto silenciada por el pálido hombre delgado.

 

Cuatro de la madrugada. Lo que alguna vez fue un niño, ahora era un asesino en serie. Jeff the Killer acababa de terminar lo que él llamaba su «rutina diaria». La matanza de personas inocentes; eso era básicamente lo único que atestaba su mente. Arrastró sus pies por el cemento mojado en lo que entraba a su casa, cargando dos botellas de whisky. Mientras la lluvia azotaba su deteriorado hogar, Jeff comenzó a recordar la noche en la que asesinó a su familia. Se rio por lo bajo ante ese pensamiento. Si no fuera por su locura, podría haber sentido remordimiento.

Cinco de la madrugada. Dio otro sorbo a su whisky.

—¿Qué carajos sigo haciendo aquí sentado? —se quejó.

Antes de levantarse e irrumpir en la oscuridad de la noche, maldijo un poco y pegó otro trago a su whisky. El alcohol tocó sus labios tibios y ensangrentados, y tuvo una extraña sensación. Una súbita necesidad tomó el control de su ser. Miró desde la ventana al bosque no tan alejado de donde estaba. Revisó sus bolsillos: un encendedor, cigarrillos y por supuesto, su cuchillo.

Salió de la casa hacia la húmeda y fría noche. Jeff se encontraba ahora en una calle oscura, apenas iluminada por el alumbrado público. La lluvia, aún cayendo, chocaba contra su espalda. Empezó a caminar en dirección al bosque. Se le dificultada andar, su consumo de alcohol había sido extremadamente alto. El asesino se aproximó al solitario bosque. Antes de entrar, dio un pequeño vistazo a su izquierda; Jeff estaba cerca del cementerio. Un pensamiento cruzó por su mente, casi como una brisa en una tarde airosa. Los restos de su familia yacían a metros de distancia, y eso lo atraía.

Apretando las botellas de whisky, estudió el bosque con su ebria mirada. Jeff idolatraba a la oscuridad, le recordaba a un pasillo oscuro, uno en el que el asesino fácilmente podría degollar a sus víctimas sin que nadie pudiese verlo. Mientras seguía su camino, sintió que algo no encajaba. El crujido de las hojas se escuchaba demasiado fuerte como para corresponder a las pisadas de una sola persona.

—¿Quién está ahí?

Una abundancia de sonidos pudo oírse, pero nada fuera de lo ordinario. El canto de los grillos se hizo más intenso a medida que Jeff inspeccionaba su entorno.

—Ven gallina. Realmente no me gustan los juegos, y menos aún las escondidas.

Mientras Jeff decía eso, escuchó el breve crujido de un arbusto cercano. Él lo cortó incluso antes de que el sonido finalizase por su cuenta, y entonces vio lo que estuvo evitando su mirada.

—Malditas ratas, son una peste buena para nada —comentó al tiempo que un roedor se escabullía por el suelo.

Después de que viese lo que se ocultaba en el arbusto, siguió con su caminata nocturna. La lluvia golpeando su espalda fue cediendo poco a poco. Su visión se estaba haciendo borrosa, y un fuerte ruido se reproducía en su cabeza. Lo que oía era solo una invención de su perturbada mente, pues el bosque estaba en completo silencio. Deambuló el área, arrastrando sus pies y maldiciendo al casi insoportable ruido.

A causa del dolor, Jeff cayó aturdido al pie de un árbol. Sus botellas cayeron al suelo y una impactó contra la corteza, quebrándose y derramando su contenido. Su vista se entorpeció de nuevo al notar un objeto blanco con forma de óvalo flotando encima de él. Concentró su mirada en eso rápidamente por la sorpresa, pero lo que había visto hace unos segundos no parecía estar por ningún lado.

—¿Qué mierda fue eso?

Entonces comprendió que alguien lo estaba acechando desde la oscuridad, siguiéndolo desde la distancia.

—Ya estuvo, me harté de tu juego. ¡¿Dónde carajos estás, bastardo?! —gritó a pleno pulmón expectante de algún tipo de respuesta. Cuando empezó a caminar de nuevo, sintió un ligero cosquilleo en su nuca.

Rápidamente, empuñó su brillante cuchillo y empezó a batirlo contra los árboles adyacentes.

—¡Ven, ven perra! —vociferó—. ¡No te puedes esconder ahora, voy a cortar cada trozo de corteza hasta que te corte la garganta!

Jeff apuntó su cuchillo hacia un árbol alto y delgado a su izquierda, y lo apuñaló. Quedó estupefacto al ver que el árbol, o lo que había creído un árbol desapareció en cuestión de segundos. Sin saber qué hacer, se giró hacia su derecha y apuñaló a la negrura de la noche. Miró hacia una parte más interna del bosque, y vio algo que no esperaba. Lo que se postraba frente al joven psicópata era un hombre extremadamente alto y delgado, vestido con un traje negro. Su rostro pálido era de un color blanco casi puro. Mientras estudiaba su rostro, no tardó en notar la ausencia de facciones en el hombre. Su cara estaba completamente vacía, sin ojos, sin nariz, sin boca. Esto hizo sentir a Jeff incómodo, y de la nada se echó a reír. Aunque extrañado, Jeff se dirigió a la figura que tenía enfrente:

—Así que tú eres el bastardo que me ha estado persiguiendo por el bosque, ¿eh?

Miró fijamente a su rostro.

—Sabes, no sé quién carajos seas, pero como que me recuerdas a mí mismo. Tienes la apuesta cara blanca, ¡lo único que te falta es una sonrisa!

Jeff empezó a reír descontroladamente por su chiste, pero fue detenido, sus oídos fueron agredidos por el sonido de estática y cayó al suelo. Como pudo, empuñó su cuchillo de nuevo y comenzó a atacar. Cada uno de sus movimientos era vano, pues el hombre se desplazaba en nada de tiempo, casi como si se estuviera teletransportando para evadir sus ataques.

El hombre alto empezó a contraatacar. Hasta ese momento Jeff advirtió los apéndices colgando de la espalda de su adversario. Atraparon a Jeff, y como respuesta él batió su cuchillo contra cada apéndice que se le acercaba. Jeff pudo cortar lo que parecía ser un brazo. Casi al instante, el miembro se regeneró desde su base. Jeff sintió como si el hombre fuera un árbol, y sus apéndices simplemente ramas. Huyó del bosque, sabiendo que no había manera en la que podría pelear con ese ser en lo que parecía ser su nicho.

Se escabulló de su atacante, hasta que se encontró en el mismo lugar por el que había entrado. A su derecha yacía el cementerio; un espacio abierto. Caminó hacia él, en donde esperó a su rival, empuñando su filoso y ensangrentado cuchillo. Su deseo le fue concedido cuando Slenderman se asomó desde el bosque. Parecía como si estuviese inseguro de sacrificar la ventaja que le brindaba el terreno. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, los instintos del psicópata regresaron y se precipitó hacia el hombre delgado; pero fue interceptado velozmente y arrojado contra un árbol cercano.

Jeff procedió a cortar con su cuchillo los apéndices que lo cubrían. Pudo rajar uno de los brazos principales de Slenderman; sangre brotó del profundo corte. La figura blanca no mostró ninguna emoción y comenzó a agarrar a Jeff una vez más. Mientras lo continuaba estrellando contra árboles y rocas, Jeff perdió el agarre de su arma y cayó al suelo junto con ella. Al colisionar con el suelo, el cuchillo de Jeff le atravesó su estómago en cuestión de segundos. Sangre brotó de la herida, y pronto la tierra estaba cubierta de líquido rojo.

Se levantó con una sacudida.

—¿Es lo mejor que tienes? ¡He recibido peores palizas del cinturón de mi padre!

Slenderman permaneció en silencio, pero continuó luchando. Se acercó a tomar un trozo de granito de una lápida, pero antes de que pudiera recogerlo, Jeff se arrancó el cuchillo de su estómago y lo arrojó directamente hacia él. La puntería de Jeff fue precisa y mutiló el brazo derecho de Slenderman, el cual cayó al suelo con un golpe seco. Sangre abundante manó de su hombro, y Slenderman se desvaneció en la oscuridad y reapareció detrás de Jeff. En su mano derecha sostenía un trozo de granito, con el que procedió a golpear al asesino en la sien. Jeff cayó al suelo una vez más, casi inconsciente.

No estuvo ahí por mucho, pues su agresor lo tomó y lo arrojó contra una tumba; la roca se destruyó con el impacto. Poniéndose de pie, los ojos de Jeff se concentraron en el nombre de la tumba. En lo que sus ojos leían el nombre tallado en el granito, sus párpados se abrieron de par en par. Estaba escrito el nombre de su hermano, Liu. Algo recorrió el cuerpo de Jeff. La rabia lo colmó en un instante y embistió a Slenderman con una velocidad impresionante. El cuchillo traspasó su traje, así como su pálida piel. Slenderman se empezó a teletransportar de vuelta al bosque.

—¡Ven perra, aún no he terminado contigo! —gritó Jeff—. ¡Te quiero ayudar a dormir! ¡Te ves horriblemente cansado!

Corrió tras Slenderman, tomando el mismo camino de antes, sin prestar la más mínima atención a su entorno. Se adentró en la espesura sin perder de vista al hombre. Slenderman seguía teletransportándose hacia secciones más internas del bosque. La falta de cuidado de Jeff lo hizo tropezar con una raíz; dio de cara contra el suelo y varias esquirlas de vidrio se enterraron en su abdomen. Sus bolsillos se vaciaron. Cuando alzó su rostro magullado y ensangrentado, la esencia de alcohol lo deleitó. Comprendió que había estado ahí antes.

Jeff tanteó el terreno buscando su cuchillo. Sintió algo tibio, y creyó que era su arma. Jeff agarró su encendedor. Se apresuró a prenderlo, esperanzado de que la llama le proporcionara la luz suficiente para localizar su cuchillo, pero antes de que pudiera hacer otro movimiento, Slenderman apareció frente a él. La inmaculada cara blanca que había visto antes ahora estaba llena de cortes y sangre seca. Aun así, Slenderman se mantenía firme.

Jeff dejó caer la pequeña llama al suelo, e intensas llamaradas surgieron en cuanto el encendedor hizo contacto con el alcohol. Ambos contrincantes se alejaron del fuego. En cuestión de segundos, el incendio abrasó el corazón del bosque. Jeff intentó ponerse a salvo, pero Slenderman no desistía de sus ataques. Jeff se defendió, ignorando el rojo y naranja que envolvía sus alrededores.

El monstruo delgado lo aprisionó con sus apéndices. Empezó a sacudirlo, y en tanto lo hacía, Jeff mordió su extremidad. Slenderman lo arrojó al suelo sorprendido, pero antes de que tocara la tierra un dolor agudo corrió por la espalda de Jeff, y lo continuó sintiendo hasta que vio una rama emerger de su torso.

Sangre brotaba de su boca y sus heridas mientras gritaba de dolor. Slenderman entonces huyó. Se teletransportó a un área más segura, que no hubiera sido alcanzada por las llamas. Estuvo atento de Jeff mientras intentaba escapar. Para este punto, sabía que no tenía escapatoria. El monstruo blanco podía escuchar a Jeff gritar, incluso a varios cientos de metros de distancia.

Las llamas crecieron, lo rodearon. Ya no había esperanzas para Jeff. Había perdido su sanidad hace mucho tiempo, pero en esta ocasión era diferente. Había llegado a su límite, y su juicio ardió justo como lo hizo el bosque.

 

«Una joven de nombre Sara Vargas ha sido reportada como desaparecida. Fue vista por última vez en el bar Pasa Adelante cerca de las nueve de la noche. Si usted sabe algo sobre el paradero de Sara Vargas, por favor llame a la estación al 642-835-4357. En otras novedades, un gran incendio forestal se ha desatado en la zona. La causa aún no ha sido identificada, los investigadores siguen estudiando los restos del bosque. Esto afectará severamente a la fauna encontrada en el alguna vez densamente arbolado bosque. Les daremos más detalles conforme nos venga llegando nueva información».

Marcos apagó la televisión y se recostó en su sofá.

—Oye amor, ¿quieres ir a darle un vistazo al bosque, o bueno, lo que queda de él? Acaban de apagar el incendio que arrasó con la jodida área. También hay una niña desaparecida, quizá la veamos mientras estamos allá.

—¿Lo podemos hacer en otro momento? Estoy algo ocupada Marcos, y si la policía no pudo encontrar a esa niña, ¡mucho menos podremos nosotros! —protestó Julia.

—Vamos, no hará daño. ¡No será una caminata de más de cinco minutos! —argumentó Marcos.

—Está bien, supongo… pero no más de cinco minutos.

El hombre se puso sus zapatos y partió de su casa con su esposa. Mientras se dirigían hacia el bosque incendiado, pudieron ver a alguien yendo en dirección contraria. Cuando estuvieron más cerca de él, notaron que tenía quemaduras graves en su rostro. Los párpados de la criatura habían desaparecido, y se cargaba una sonrisa antinatural. Era completamente blanco, con manchas grises en las partes de su piel que se habían quemado. Su largo cabello negro estaba chamuscado. Se acercaron más a él, y Marcos lo llamó:

—Oye amigo, ¿necesitas ayuda?

—Marcos, detente, ¡ni siquiera sabemos quién es! Podría ser un jodido asesino hasta donde sabemos —murmuró Julia, atemorizada.

Jeff se acercó a la pareja. Mientras lo hacía, sacó su gran cuchillo cubierto de un líquido rojo.

—No, pero me doy cuenta de que ustedes necesitan ayuda para dormir.

Jeff cortó el cuello del hombre y este se desplomó. Su esposa comenzó a gritar a todo pulmón. Fue incapaz de continuar, pues ella seguía. Jeff la apuñaló directamente en el corazón.

—No tienes que preocuparte por mí. Ve a dormir.

Traducciones y ediciones de Tubbiefox
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143 comentarios de “Jeff the Killer y Slenderman entraron a un bar…”

    1. Tenías que específicar que eres chica? No solo pudiste escribír: «No soy fan» al leer tu nombre sabríamos que eres chica.
      Nada más eres otra de las tantas chicas de hoy en día que quieren llamar la atención diciendo ser: «GamerGirl» «FanGirl» «SkatterGirl», etc, solo por moda! -.-

  1. El argumento está bien, pero deberías alargarlo ya que fue todo muy precipitado. Y sinceramente hay más escenas de acción que de miedo, deberías arreglarlo un poco.

  2. Mierda de la madre kreen k ese loko va a ser amigo de la gente oke el pendejo de verga no se mato a el mismo xddd no mamen al menos a mi hermano lo pongo de mi parte mierda es un sadiko ja volver a un corazón noble a un zadiko demente ese men era un chamito y a ahora le dicen jeff

  3. Bueno amo a jefe the killer y esto es lomultoimomque tengo que decir pero no sin antes recordar que la persona que escribió esto le quito varias partes entyonses le recomiendo que lean la otra vercioin aún que tenga muchas faltas de ortografía pero puedes leer ambas y así saber lo que dicen vale adiós a y Recuerden se alguien les dise GO TO SLEPP. Solo se icnifica una coisa la cual es que esta misma noche morirán. Buenas noches.
    Posdata: GO TO SLEPP pequeñ@ wuajjajajaja

  4. y ademas se crean despues su propios creepipastas que son la mitad de jeff tequilka y lo ponen fracecitas como go to sleeep beach y ni siquierea tuiienen sentido, dibujan como ñiños de 1 año y se creemn la pareja de los cxreepipuastas sinb rettibnles de4 weones

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