Mi hijo me inquieta

Al principio, solo venía y se quedaba frente al marco de la puerta. Lo hacía de noche, justo antes de que me dispusiera a dormir. Me daba la vuelta para apagar la lámpara, y él estaba parado ahí, en el pasillo. Solía tratar de hablare. Ya no lo hago; nunca me contestaba.

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Domingo por la noche perezoso

Noches como esta son raras, pues no es común que todos estén fuera de la casa; pero me aferro a saborearlas. De hecho, no espero que nadie vuelva hasta mañana, temprano por la mañana. Eso fue lo que hizo que el sonido de la puerta de entrada rechinando fuera tan alarmante.

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