En la oscuridad

Tiempo de lectura: Cerca de 7 minutos.

En la oscuridad ganó como la mejor historia enviada en el mes de marzo, 2015.


¿Cómo es posible tenerle miedo a una sombra en la oscuridad? ¿Por qué las personas tienen miedo cuando se encuentran rodeados de ella?

Incluso si tu peor pesadilla estuviera frente a ti en la total y abrumadora oscuridad, no podrías verlo, no sabrías que está ahí. ¿Por qué tendrías miedo?

Hace un tiempo no hubiera sido capaz de responder esas preguntas, creo que realmente nadie lo es; podrían dar muchas explicaciones psicológicas, pero realmente ninguna de esas respuestas lograría dejar a nadie satisfecho.

Creo que nadie es capaz de comprender nada de eso hasta que lo vive, uno no puede explicar el miedo hasta que lo ha sentido recorrer cada rincón del cuerpo, ese frío que paraliza poco a poco cada centímetro y que se convierte en una sensación que jamás querríamos volver a tener.

Esto que les contaré es mi historia. No tengo una historia fantástica donde hay un ser extraño que me acecha y termino volviéndome loco, tampoco es una leyenda urbana que me contaron mis abuelos o mis padres. Simplemente fue un suceso que me ocurrió, algo que jamás olvidaré y algo que me marcó para el resto de mi vida. No estás obligado a creerme, de hecho, creo que es más conveniente que no lo hagas, ya que si me crees, si confías en mis palabras, tal vez jamás quieras volver a estar en la oscuridad, porque yo, yo nunca quiero volver ahí.

Antes de comenzar, solo quiero agregar que en el lugar donde solía vivir los problemas con fallas eléctricas eran algo muy común, así que había ocasiones en las cuales estábamos sin luz por horas o incluso un día completo. En fin, recuerdo muy bien esa noche, fue una fría y lluviosa noche de septiembre; aún recuerdo el sonido incesante de la lluvia golpeando el techo de mi casa, mi antigua casa. Mis padres no se encontraban en ella, como de costumbre, salieron a cenar junto con mis tíos y primos. Yo no quise acompañarlos porque realmente no me sentía con ánimos de ir, además, nunca era precisamente algo muy divertido. Así que preferí quedarme en casa, jugar videojuegos, navegar en internet y pasar el tiempo hasta dormir tarde, o al menos ese era mi plan. No pasaron más de dos horas desde que mis padres habían salido, cuando de pronto comenzaron las fallas eléctricas. Ya sabía qué ocurriría después, estaría sin electricidad por unas cuantas horas. Y fue justamente lo que pasó.

Algunas ocasiones anteriores había sucedido lo mismo, y cada vez que esto ocurría, algo extraño sucedía en la casa: había objetos que aparecían en lugares distintos de donde estaban antes, algunas cosas se caían sin explicación aparente. Eran detalles, nada de qué preocuparse. El problema es que yo no comprendía que no eran solo eso… Eran advertencias, advertencias que dejé pasar.

Regresando a aquella noche, yo lo tomé como algo ya común, no me sorprendí en lo absoluto, solo pensaba en ir por un par de velas a la cocina para no estar sin luz, tal vez leer un poco y finalmente dormir. Mientras pensaba en eso, un estruendo sacudió toda mi casa, era indudablemente el sonido de un objeto de cristal chocando contra el piso, y por ende, rompiéndose. Salté del susto, fue una reacción instantánea, algo inevitable; no es que haya tenido miedo, pero no me esperaba eso.

Salí de mi habitación y con la luz de mi teléfono celular comencé a caminar por el pasillo del piso superior. Quizá en alguna película las cosas comenzarían a pasar poco a poco hasta que el protagonista se volviera loco y entonces vendría lo peor, pero esto no fue así, esto no fue como en una película o una historia, esto era real, mucho más real de lo que yo hubiera imaginado.

Apenas había dado unos pocos pasos, cuando de pronto las puertas de todas las habitaciones se cerraron de golpe. Yo me asusté mucho, fue algo demasiado tenebroso e inusual. Dejé caer mi celular al suelo y la pantalla terminó mirando hacía el piso, lo cual cubrió la poca luz que estaba generando… Así es, quedé en completa oscuridad. Entonces lo sentí, sentí que algo se acercaba rápidamente a mí. No lo sentí literalmente, ni siquiera lo escuché, pero fue algo que estaba seguro de que venía acercándose. Casi usando solamente mi instinto, corrí de nuevo hacia mi cuarto y cerré la puerta detrás de mí. Me quedé parado junto a la puerta, como esperando que algo de pronto llegara e intentara atravesarla. Mientras estaba ahí, comencé a sentir un sudor frío que bajaba de mi frente hasta mi cuello y mis brazos, lentamente. Pasó alrededor de un minuto, tal vez un poco menos, y yo cedí, me alejé y comencé a pensar que tal vez todo esto era producto de mi imaginación; la verdad creo que solo intentaba calmar mi miedo, pero en el fondo no lo lograba creer. Pensé en irme a dormir, era la mejor solución, ya que pensaba que a pesar de todo, si algo me quisiera atacar no esperaría, solo lo habría hecho y ya. En fin, salir de mi habitación ya no era una opción.

Pasó un poco más de una hora y yo no lograba conciliar el sueño, me preocupaba lo que había sentido, y lo más desconcertante de todo era precisamente eso, que sentí algo, algo maligno, pero no lo vi ni lo escuché. Entonces, ¿cómo podía sentir miedo?

Una vez más un ruido surgió del primer piso de mi casa. Me levanté de mi cama y me acerqué a la puerta, quería escuchar un poco más lo que estaba sucediendo. Escuché la puerta frontal abrirse y el sonido de pasos en la sala, comenzaron a oírse susurros, era definitivamente más de una persona, y escuché el sonido de las llaves moviéndose entre las manos de alguien. Lo primero que pensé fue que eran mis padres, era un poco temprano aún, pero eso me alivió mucho. Abrí la puerta y salí de mi habitación, busqué mi teléfono en el piso, pero no lo pude encontrar, tal vez era la oscuridad la que no me permitía encontrarlo, así que ignoré eso y comencé a bajar las escaleras lentamente.

Ya no se escuchaban pasos, de hecho, ya no se escuchaba absolutamente nada. Me detuve a la mitad de las escaleras y me quedé esperando a que alguno de mis padres hablara; el silencio era abrumador. Me asomé un poco y logré notar que la puerta frontal se encontraba cerrada, apenas era visible, pero sí lo pude distinguir. ¿Acaso nadie había entrado a mi casa? Era imposible, el sonido fue muy claro. Mientras pensaba en eso, comencé a escuchar de nuevo los susurros, eran muchas más personas esta vez, y se sentían más cerca de mí; de hecho, se sentía como si estuviesen dentro de mi cabeza.

Los susurros incrementaban más y más, hasta que se detuvieron de golpe, y de pronto otro sonido me dejó paralizado por completo, un sonido proveniente de mi habitación. Era el sonido de una ventana rompiéndose. Se podía escuchar al viento entrar por la ventana destruida y el sonido de la lluvia se escuchaba aún más fuerte que antes. El miedo me llenó, pero quedarme ahí no ayudaba en nada, así que no lo pensé mucho y avancé hacia mi cuarto. Avancé lentamente, y cuando iba a la mitad del pasillo, la sensación regresó; una vez más sentía que había algo más en mi casa, cerca de mí, y esta vez podía sentir su maligna y aterradora presencia en mi habitación. Los susurros regresaron a mí, eran incesantes, y se sentían cada vez más fuertes. Apenas había dado unos pocos pasos hacia atrás cuando la puerta de mi cuarto comenzó a ser golpeada como si alguien tratara de derribarla intempestivamente. Esto era demasiado para mí, nunca antes en mi vida había tenido tanto miedo, la adrenalina corría por todo mi cuerpo y me sentía totalmente helado. Quería correr, pero no podía; quería gritar, pero había un nudo en mi garganta que no me lo permitía. Solo pude cerrar mis ojos y caer de rodillas al piso con lágrimas recorriendo mis mejillas.

Mi miedo me superó, esto que me estaba pasando no era normal, había algo ahí en mi casa conmigo, algo que me quería hacer daño. De pronto, sentí que alguien me agarraba por la espalda rápidamente. Cuando abrí los ojos y miré atrás, vi que era mi padre; estaba hablando, pero yo no podía entenderlo, me encontraba en estado de shock. Justo atrás de mi padre estaba mi madre. Ambos estaban preocupados, se les podía ver en los rostros. Noté que la electricidad había vuelto. Cuando recuperé el control de mi cuerpo y mis emociones, me preguntaron lo que había sucedido. Les intenté explicar todo, y juntos nos acercamos a mi habitación. Lo que encontramos ahí fue aún peor de lo que me había sucedido el resto de la noche.

En mi puerta había marcas de garras, como si un oso o un animal similar hubiera intentado atravesar dicha puerta con una tremenda fuerza; las mismas marcas se encontraban en cada una de las paredes. En el piso de mi cuarto estaban los cristales rotos de la ventana, pero lo extraño no era eso, era que esos pedazos de vidrio se encontraban recubiertos de sangre y de pedazos de carne, tal vez humana, o al menos eso era lo que parecía. No sé qué explicación podría tener todo esto, pero era algo demasiado extraño e inquietante. No podíamos tomar esto a la ligera, no había ningún tipo de explicación convincente para esto, un animal salvaje no podría entrar a mi habitación porque estaba en el segundo piso, además, todas las otras cosas que me sucedieron aquella noche seguían sin tener sentido. Así que nos mudamos de ahí lo más rápido que pudimos.

Ya pasaron tres años desde aquel incidente. Jamás he vuelto a tener una experiencia similar, no sé si es porque todo terminó al fin, o es el hecho de que, desde ese día, nunca he vuelto a estar en completa oscuridad.

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6 thoughts on “En la oscuridad”

  1. Algo que me gustaría mencionar es que pese a que el evento en sí es exagerado, todo, desde la redacción hasta el desarrollo, fue manejado de manera que resulta creíble. Buen trabajo, y felicidades por tu lugar en el Salón de la Fama.

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