El desgarrador

Tiempo de lectura: Cerca de 3 minutos.

Tiempo atrás yo era una chica como todos ustedes; leía relatos de terror y no sé si me divertía, pero el hecho de leerlos y enfrentarme a ellos me hacía sentir especial.
Tus ojos recorren la pantalla del ordenador y un cosquilleo en el estómago se hace presente, quieres saber más, saber qué dice la historia que estás a punto de leer, así sigues leyendo otra y otra hasta profundizarte en el terror y no tener más remedio que dormir todo tapado, asustado, temblando e intentando protegerte.

Dejé de leer relatos de terror hace un tiempo atrás. Llegó un tiempo en que ya no me interesaban y no me producían ningún miedo, necesitaba algo más, algo para desafiar a esa sensación tan única y rara a la vez. Intenté buscar de dónde procedían las historias, quería vivir en experiencia propia una.

Pronto comencé a vivir a través del ordenador; no quería salir más que a otro lugar que no fuera la escuela (por obligación). Todo lo que hacía era pasarme horas intentando tener veracidades sobre aquellas historias.

Hace dos semanas volví de la escuela y me sumergí en las páginas de leyendas y mitos góticos, para divertirme un rato (increíblemente, ya no me sacaban ni una gota de sudor). Después de navegar un rato, una voz extraña salió de los parlantes. Era apagada y lenta, maligna. Era un tanto rasposa y recuerdo haber saltado del asiento al escucharla. Apagué los parlante pensando que era un virus, hasta que sus palabras captaron mi interés. Aquella voz quería hacer un trato conmigo. Me prometía sumergirme en la oscuridad y vivir mi propia historia de terror, de sentir temor como si nunca hubiese un mañana, temblar y sentir el corazón palpitar hasta pensar en la muerte como única salida. Lo único que debía entregarle era mi alma para que, en sus palabras, pudiera desgarrarla y así alimentarse de los males que estaba a punto de cometer. Me entusiasmé ante la idea de poder tener mi propio relato, pero luego me desilusioné; nada de ellos iba a ser verdad, solo un tonto chiste en las páginas de internet. No sé si aquella voz escuchó mis plegarias a que aquello fuera verdad, o si podía leer mis pensamientos; pero sentí un dolor en el pecho indescriptible, y pronto no vi nada más.

Me desperté no sé cuánto tiempo después; estaba tirada al lado del escritorio. Me sentía vacía, sin sentido con el que vivir. Me levanté y me acerqué al espejo. Pegué un grito elevado al verme, ya que estaba pálida y mi cara tenía un cambio diabólico. Mis cejas se alzaban formando una mueca enojada, mis ojos estaban saltones y tenían maldad en ellos, mis dientes estaban más amarillos de lo habitual y mi boca seca hacía que me lama los labios cada un minuto.

Pasaron los días. No comía ni bebía. Nadie golpeaba la puerta para preguntar por mí. No sé cuánto tiempo al día estaba sentada con mis brazos rodeando mis rodillas, mirando fijamente a la oscuridad. Él estaba ahí, lo podía sentir. Jugaba con mi alma, la desgarraba tal como lo había prometido. El mismo diablo se acercaba con su aliento odorante y en mis oídos oí su voz diciéndome maldades, haciéndome llorar, obligándome a cortar mis brazos parte por parte, hasta dibujar cosas diabólicas en mi cara. A veces, cuando lograba dormirme, sentía sus largos dedos tocarme la piel de la cara y al despertarme, veía su sonrisa maléfica por unos segundos. Era la única forma en la que podía verlo realmente, gracias a Dios. Pasaba el tiempo y el maldito espíritu no me dejaba en paz; sospecho que mató a toda mi familia.

Tiempo atrás yo era una chica como todos ustedes; leía relatos de terror en internet, con las luces apagadas dándole lugar a los espíritus para esconderse, mientras yo desafiaba al temor. Mis ojos recorrían la pantalla y cada tanto miraba a mí alrededor y me detenía en las figuras que tomaban forma en la oscuridad sin sabes que aquellas me observaban todas las noches, con sus ojos rojos clavados en mí, como tienes tú los míos clavados ahora. Ahora sí, no intentes mirar a la oscuridad, concéntrate en la pantalla. No mires a tu alrededor, NO me mires a los ojos, eso me provoca, me provoca querer morder y desgarrar tu alma.

Oh, ¿puedo agarrar tus lindas piernas un momento? Se ven tan sabrosas…

Creación propia, primera creación!

Carlota

6 comentarios de “El desgarrador”

  1. Me gusto, es un texto muy notable con el que me senti identificada, pero el final, el parrafo final no me gusto mucho, siento que le mato algo a tu Creepy Te doy 4 estrellas y espero leer otro trabajo tuyo muy pronto n_n

  2. Me gustó mucho, tu narración y la forma en que plasmaste todo…
    Y el final, no me lo esperaba y me dio un leve escalofrío, espero leer más historias así. 5/5

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