El bulto en el pasillo

Tiempo de lectura: Cerca de 7 minutos.

Ya estábamos a nada de llegar, habíamos tomado el último camión que nos llevaría a la casa de mi amigo Marcos, durante 15 minutos la algarabía que se suscitaba en el camión por unos hombres que recién salían de un jolgorio, me había provocado un terrible dolor de cabeza, al punto que lo único que quería hacer era dormir, pero mis pensamientos fueron sacudidos por mi compañero que me jalaba del brazo para que bajáramos del camión.

Era la última parada de éste antes de entrar a la carretera para ir al pueblo Z., por lo que nos hallábamos en los límites de la ciudad (Marcos había escogido este lugar por lo económico de la renta).

Inmediatamente nos dirigimos con paso apresurado a la casa de mi amigo. Una vez que llegamos a las afueras del inmueble, mi compañero de transporte se dio cuenta de lo distanciado que estaba, por lo que hizo un gesto de aceptación respecto a la reunión amistosa que habíamos hecho dos días antes para decidir a casa de quien debíamos ir para cumplir nuestro libertinaje de alcohol y juegos de naipes.

Tocamos la puerta y nuestro amigo Marcos nos dejó pasar, después de cumplir los protocolos sociales con otro amigo que se encontraba ahí también, los 4 nos sentamos alrededor de una pequeña mesa café que  había en el cuarto, éste era lo bastante grande para que se colgaran tres hamacas además de la cama que estaba en medio, siendo esta habitación la más grande en toda la casa, pues ésta no tenía más que cocina, baño y el cuarto de mi amigo. Les explicaré brevemente como estaba la construcción de la casa, pues es fundamental que crean lo que vi esa noche: Como les dije antes la casa sólo constaba de tres habitaciones además de un limitado pasillo que conectaba a todas estas. La puerta por donde entramos era la de la cocina, además de que esta habitación contaba con otra puerta trasera que conectaba a un reducido patio. Desde la cocina uno entraba al pequeño pasillo del cual a unos 5 metros al fondo se encontraba el baño y a unos 3 metros a la izquierda la habitación de mi amigo, por la que la luz de la luna entraba a través de una pequeña ventana redonda en la parte más alta de la pared del pasillo.

Estando sentados ya alrededor de la mesa y después de platicar por un breve momento las dificultades para llegar hasta la casa, mi amigo Marcos se fue a la cocina y regreso con 4 vasos y una botella que contenía alcohol. Yo me rehusé a tomar, pues mi dolor de cabeza no había cesado y la somnolencia seguía presente, por lo que les dije a mis compañeros de juerga:

– Creo que esta noche no tomaré más que refresco, tengo ganas de jugar naipes, y prefiero hacerme de unos cuantos pesos a quedar dormido en 20 minutos.

A mi otro amigo Armando le brillaron los ojos.

– Bah, pero que cobarde me saliste – respondió mi amigo Carlos con el que había viajado en el camión – vinimos a tomar y a jugar naipes para mofarnos de la vida y tú…

– No lo molestes – respondió Armando, quien en ese momento creí mi defensor – así tendremos más para nosotros – dijo burlonamente.

Marcos no hizo más que pararse de nuevo y traer una botella de refresco, la cual yo muy amablemente acepté, y después de llenar mi vaso con algo de dejadez, mi amigo se dispuso a hablar de nuevo.

-Buenos señores, ya estamos todos listos y sólo nos resta repartir la cartas del naipes para jugar.

-Joder – dijo Carlos muy entusiasmado -velas repartiendo de una vez que esto va a durar un buen rato.

-Muy bien, entonces ¿Con cuánto abrimos el primer juego? – Preguntó mi amigo Armando en tono de jugador profesional.

Y así nos pasamos varías horas. Mientras jugábamos, fuimos recordando anécdotas, unas buenas y otras que me dejaron algo ruborizado, a mis amigos ya les había hecho efecto el alcohol y cualquier estupidez que uno hubiera hecho antes en su adolescencia y que otro estaba relatando era motivo de burla para todos los presentes.

Así se fue consumiendo la noche, el alcohol (mi refresco) y el dinero. Eran ya casi las 3 de la mañana cuando todos decidimos irnos a dormir, muy pesadamente mis amigos se levantaban mientras Carlos corría la mesa para dejar espacio a las hamacas, cada quien fue colgando la suya aunque yo terminé colgándolas todas pues mis dos amigos no podían ni mantenerse en pie por el efecto del alcohol.

La habitación sólo contenía una ventana que aunque era grande en tamaño y dejaba entrar el fresco de la noche el calor producido por 4 seres vivos era mayor por lo que le propuse a Marcos dejar abierta la puerta del cuarto para que entraran libremente las corrientes de aire (pues yo dormía pegado a la puerta).

Al minuto de darme un sí vacilante pues el sueño ya le ganaba, todos mis amigos quedaron rendidos cada quien en su hamaca y el anfitrión en su cama, y después de que me dispuse a apagar la luz y a acostarme, entré en un sueño bastante ligero.

Ahora bien, les relataré que pasó luego:

Inmediatamente que me acosté, caí en un estado de vigilia, pero cada vez que Marcos roncaba, mis ojos se abrían automáticamente y luego caía en el mismo estado. Estuve así no se por cuánto tiempo (una persona pierde la noción en estos casos, puede que sienta que ha dormido por horas, pero en realidad han pasado unos minutos y viceversa, aunque uno siempre se siente cansado) hasta que finalmente pude conciliar un sueño relativamente profundo. No sé qué hora era cuando desperté, aún no he podido precisar la razón de este hecho, pero cuando lo hice todos estaban durmiendo, o al menos eso me dieron a entender el silencio que reinaba afuera en la noche y los intensos ronquidos de mi amigo.

Durante un instante me quedé visualizando el techo en un intento por conciliar el sueño de nuevo, al ver que había fallado en mi empresa, cerré los ojos y traté de pensar en casi nada, pero luego me arrepentí porque mis pensamientos se pusieron a divagar como en todas mis noches de insomnio. Habiéndome dado cuenta de esto, decidí levantarme e ir a inspeccionar la calle (me he llevado gratas y raras sorpresas al mirar a ésta por la madrugada)  cuando al abrir los ojos y girar mi cabeza, vi que alguien estaba en el pasillo e inmediatamente todos mis sentidos se concentraron en éste. Yo estaba escasamente a un metro del pasillo (mi hamaca lindaba con la puerta) y la persona estaba en medio de éste aunque sólo alcanzaba a ver su cuerpo y sus brazos (hasta ese momento era todo lo que percibía de la persona puesto que desde que me había despertado no cambié de posición) y entonces al mover la cabeza y el cuerpo para acercarme al pasillo, se me vino un estremecimiento, ¡el sujeto al que estaba viendo y al que yo suponía excesivamente alto, estaba colgado, sí colgado! Sus pies no tocaban el suelo, sus brazos estaban caídos y dispuestos en señal de muertos, la luz reflejada de la luna que entraba por la pequeña ventana me hacía contemplar tal escena, había perdido completamente el habla, casi no podía respirar y no puedo describir lo que sentía en el estomago en ese momento, y entonces por instinto volteé a ver a mis amigos, 1, 2, 3, los 3 estaban en sus respectivos lugares, el bulto colgante que se encontraba a dos metros de mí me era un total desconocido y cuando volví la cabeza hacia el pasillo, éste  había desaparecido.

Aún perturbado y con un miedo tremendo fui a la cama de mi amigo y lo empecé a empujar mientras vociferaba groserías para que se despertara, mis 3 amigos se levantaron en sincronía preguntándome que estaba pasando, yo trataba de explicarles lo que vi mientras los 3 ponían cara de estupefacción, entonces Marcos se levantó y me trajo un vaso con agua. Sólo entonces me senté y durante un minuto traté de ordenar mis ideas, empecé a contarle con más detalle lo que había presenciado, me miraron con incredulidad y Carlos dijo que lo más seguro era que tuve una pesadilla, los otros dos consintieron esta idea pero yo les dije que no soñaba y que era realidad lo que había visto. Después de esto, todos nos dispusimos a dormir, no antes de cerrar la puerta (a pesar de la protesta de mis amigos) y por fin después de mucho tiempo (y muchos Rosarios) pude conciliar el sueño.

No pienso alargarle más la historia al lector con lo que pasó después, en resumen nunca volví a la casa y mi amigo se cambió de residencia pues me contó que por las noches siempre oía como le tocaban la puerta de su habitación en intervalos de tiempo, vaya a saber el lector lo que era, sólo resta decir que ahora siempre duermo lo más alejado de la puerta de mi habitación y procuro tener un rosario en la mano.

Creación propia

Blackmore

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4 comentarios de “El bulto en el pasillo”

  1. La narrativa es muy buena y sí llega una sensación de inquietud al leer. Lo que no me gustó para nada fue el final tan cortante e inconcluso que le diste. La idea es excelente, pero podrías trabajar más en los finales. Saludos.

  2. Al leerlo, me gusto como presentaste el principio, por ser tan preciso y breve (Sin ser engorroso), pero (Y en esto estoy muy de acuerdo con William), el final es muy cortante, como que toda la historia parece estar presentada para otro tipo de horror al que presentaste, ya que termina casi de forma sutil, y una espera muchas más descripciones de que era eso, o una continuación a la historia.

    Aunque, eso no significa que sea una historia mala, en realidad, es interesante y da gusto leerla.

  3. olles BLACKMORE puedo usar Tu Creepypasta para hacer un Video en el Youtube. Me parecio Exelente Tu Creepypasta si se siente en realidad las emociones de el chavo que narra la historia.

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