Ahora me recuerdas

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Soy la suma de todos tus miedos, los que has expresado y los que solo los conoce tu subconsciente. Me conoces bien, por que siempre he vivido contigo, a tu lado, susurrándote al oído. Es curioso que preguntes mi nombre, por que respondo a muchos, así que dejemos las formalidades para otra ocasión.

Lo único que debes saber es que soy la razón de tus desvelos, de tu respiración agitada, tu corazón rugiendo en tu pecho y los escalofríos que recorren tu espalda. Si, ahora lo recuerdas, y sabes que no puedes escapar de mí. Bien.

Tratabas de convencerte, vanamente, de que no me tenías miedo, y en parte, es cierto. ¿Cómo estar asustado del mismo miedo?, ¿Cómo temer a algo que nunca has visto?

Hace dos lunas nos volvimos a encontrar, el reloj digital a tu lado marcaba las 2:35AM y tu despertaste por alguna extraña razón. Déjame decirte que no era tan extraña. Te ha pasado antes.

Despertaste con el corazón agitado, la respiración violenta y sudor helado en tu espalda. Bien entrada la noche los sonidos mas insignificantes pueden causar un infarto a ustedes los mortales. Y casi mueres esa noche. Sentías la garganta increíblemente seca y te era imposible gritar. Lo único que salía de tu boca era un gemido ligeramente mas ruidoso que un susurro. Si intentabas incorporarte sentías tu cabeza explotar. Intentabas con todas tus fuerzas moverte pero te era imposible ya que tus extremidades te habían abandonado a tu suerte y, curiosamente estabas a punto de probarla.

Sentías los latidos de tu corazón retumbando en tus oídos, estabas nervioso sin saber por qué. En un momento jurabas escuchar pasos sobre la fina gravilla de la entrada, pasos lentos pero constantes, aunque irregulares. Era como si la persona no pudiera caminar bien y tuviera que apoyarse demasiado en una pierna. Se detuvieron. Seguramente había llegado a la puerta principal, seguramente estaba ideando alguna forma de forzar la cerradura y entrar a por ti. Querías gritar, pedir ayuda, chillar que te dejaran mover, pero no podías, solo exhalabas aire sin sonido alguno. Pensabas que estabas destinado a morir esa noche a manos de un sanguinario personaje que estaba sobre el tapete de la entrada que rezaba «Bienvenido»; y, seguramente ya había entrado como si lo fuera.

Seguramente ya estaba en las escaleras, subiendo escalón por escalón, impasible pero seguro de lo que haría. Las luces provenientes de la calle empezaron a bajar su intensidad, como si quien estuviese subiendo no quisiera que alguien fuera testigo del horrible suceso que tomaría lugar en tu habitación. El tiempo pareció detenerse, los sonidos nocturnos se hicieron graves, las luces se apagaron por completo, él estaba detrás de la puerta, podías escuchar su respiración, podías sentir sus latidos detrás de la puerta.

Podías imaginar la puerta abriéndose, siendo cómplice del intruso de tu hogar, lenta y silenciosamente girando sobre los goznes que tu padre recién había engrasado. También podías sentir la adrenalina recorriendo sus venas, esperando el momento idóneo para girar el pomo y entrar en el cuarto, mientras tu sangre galopaba sin cesar en tus sienes y te mareabas por momentos.

Pasó una eternidad. No se escuchó ningún sonido mas que el de tu corazón impaciente y los segundos parecían horas.

La luz de la calle comenzó a avivarse, los sonidos y las sombras volvieron a su estado normal. Tus músculos volvieron a responderte mientras tu corazón se apaciguaba y tu adrenalina volvía a los niveles de siempre. «Qué alivio» pensaste, pusiste las manos sobre tu pecho y suspiraste. Giraste la cabeza lentamente y te encontraste conmigo.

Fue la última vez que soñaste.

 

Propio

Mr. Wolf

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