Ahora la sabe

Tiempo de lectura: Cerca de 9 minutos.

Solo soy una persona con conocimientos en sistemas. En realidad trabajo para una empresa de tecnología y no soy especialmente creyente en nada paranormal. De hecho, soy poco religioso.

La razón por la que paso por aquí es precisamente porque me ha entrado cierta curiosidad en estos asuntos desde que un familiar que vive en el campo vino a mí para contarme una historia bastante particular. Por supuesto, es la primera vez que veo un sitio en el cual esta historia podría ser contada.

Javier y María son prácticamente dos campesinos, criados a la vieja usanza en una pequeña choza situada a unos treinta minutos a paso de caballo del pueblo más cercano. Javier es un primo lejano del lado de la familia de mi padre. Mi padre, a pesar de ser médico actualmente, viene de una familia muy humilde en el campo y él logró completar sus estudios de medicina con su propio esfuerzo; por esta misma razón aún tenemos bastantes familiares en zonas rurales que nunca han salido del campo.

La historia me la contó mi primo una temporada que hicimos el viaje hasta ese pueblo y decidimos ir de paso hasta donde el buen primo, ya que lo vemos prácticamente una vez al año en temporada de vacaciones. Usualmente, nos genera pereza ir hasta donde él vive, porque a pesar de que el campo es muy bonito y la choza es muy acogedora, la vía para llegar no es precisamente apta para un vehículo moderno. De hecho, no es un carretera como tal, es solo un camino que se ha formado por el pasar de los animales y carretas o algunas motos, y que en invierno es inaccesible a menos que sea en vehículo de tracción animal de cuatro patas.

La última vez que lo visitamos, el buen primo tenía la espalda llena de cicatrices. Nuestra primera reacción fue preguntarle qué había pasado. Su respuesta me ha dejado atónito, es la primera vez que escuché algo similar.

—No sé si en el pueblo les contaron que me caí del caballo. Todo el mundo dice eso, pero María sabe lo que realmente pasó. No quisiera contarles, porque están de visita y no quiero que vayan a pasar una mala noche.

Más que la razón por la cual nos lo decía, yo podía notar que tenía miedo de contar la historia. Sus ojos trataban de apartar la mirada y buscar otro tema de conversación; sin embargo, yo insistí, diciéndole que solo era una historia y que no me podía dejar con la intriga.

—Bueno, siéntate aquí —me dijo al rato cuando los demás estaban haciendo otras cosas—. No quiero que tu pae se ponga nervioso manejando cuando estén de regreso.

»Hace dos meses, como era de costumbre, yo tenía que ir al pueblo a comprar algunas cosas de la casa. Nunca lo hago muy entrada la tarde para que no me agarre la noche en el camino. Nunca le he tenido miedo a la noche, hasta ese día le tenía más miedo a los vivos que a los muertos y ya me habían robado antes por andar por el camino tan tarde. Parece que los ladrones no duermen.

—Eso es cierto —afirmé, mientras en mi cabeza quedó el eco de la frase «hasta esa noche».

—Sin embargo, tenía varios animales enfermos —continuó—. Ya eran dos vacas que estaban bastante mal y no podía darme el lujo de que se murieran, así que tomé el caballo y comencé a ensillarlo. María, inmediatamente, me dijo: «Javier, ¿para dónde vas? ¿Que no ves que ya es tarde y me da miedo que vayas solo? Te va a coger la noche, tengo un mal presentimiento. Espera hasta mañana».

»Yo la ignoré por la misma razón que ya te comenté, no podía darme el lujo de un animal muerto, así que tomé una linterna para alumbrar, aunque yo sabía que era noche de luna llena y estaría bastante iluminada, y posiblemente no la usaría para no mostrarle mi posición a nadie.

»Fui al pueblo lo más rápido que pude. Compré en el mercado lo necesario y en el camino me encontré con un par de amigos que me ofrecieron dos tragos de Ron. Luego seguí, y tal como estaba previsto, una cortina negra cayó sobre el campo. Apenas había comenzado la vía.

»Claro, el caballo ve mejor que yo, así que solo me incliné y traté de ir lo más rápido posible con la luz apagada para no mostrarle mi posición a ningún bandido. Llevaba muy buen ritmo, estimo que debía de ir al menos ya por la mitad del camino y me iba sintiendo más tranquilo en cuanto avanzaba; sin embargo, cuando llegué a la curvita por donde se llega al arroyo, algo extraño llamó mi atención. —Hizo una pausa, como tomando fuerzas para poder explicarme lo que seguía. Mientras hacía eso, su miedo me invadía a mí también.

»Cuando pasé por la curva, vi una silueta, estaba casi seguro de que era una niña. Para este punto, mi vista ya se había adaptado un poco a la oscuridad y podía distinguir cosas, pero como pasé tan rápido por aquel punto, no podía estar seguro de si era correcto lo que vi o no.

»Por supuesto, la duda me estaba matando. ¿Y si era una niña que se había perdido? ¿Qué tal si la muerde una víbora?… Tal vez la pobre no se atrevía a caminar por el miedo. En estas tierras tan alejadas, es posible que hasta sea violada y nadie escucharía nada…

»Tantos pensamientos invadieron mi mente que decidí dar la vuelta y asegurarme. Paré en seco el caballo y di la vuelta. Encendí mi linterna y comencé a buscar. En menos de un minuto, ya la podía ver, a pesar de que estaba seguro de que había andado bastante mientras decidía si regresar o no. En ese momento no le di gran importancia, pues pensé que tal vez ella había caminado un poco o había intentado perseguirme y por eso había avanzado.

»Era una pequeña niña. «Tendrá a lo mucho unos siete años», pensé. Estaba vestida completamente de blanco, su rostro parecía angelical aunque tenía una parte tapada por el cabello, y la verdad aún no recuerdo si podía ver sus pies, tal vez estaban confundidos con el pasto. Además, al encender la linterna perdí nuevamente la poca visibilidad que ya tenía y solo podía ver lo que alumbraba directamente.

—¿Y qué pasó? —pregunté. Aunque el corazón me palpitaba rápidamente, no podía dejar de escuchar.

—Le pregunté: «¿Estás perdida?». Ella solo asintió con la cabeza sin mencionar una palabra. «¿Vives cerca?», nuevamente, solo movió su cabeza hacia los lados.

»Le dije: «Si quieres te llevo a mi casa y mañana buscamos a tus papás, porque no te quiero dejar sola aquí». Ella asintió de igual forma, solo moviendo su cabeza.

»Giré el caballo y le pregunté que si sabía cómo subirse. No había terminado de hablar cuando ya la sentí detrás de mí. Me agarró fuerte de la cintura, obviamente pensé que debía de estar aterrada, así que no le dije nada más y reanudé mi carrera hacia mi hogar que anhelaba ver mucho más en ese momento. Sentía como si de repente la temperatura hubiera descendido, y pensé: «Creo que ya ha entrado mucho la noche, debe ser muy tarde».

»Aceleré nuevamente hasta lo que el pobre animal era capaz. Aún me daba más miedo encontrar a algún bandido mientras llevaba a esta acompañante. Ya no era solo mi seguridad, también la de esta niña.

Pausó una vez más. Sus manos comenzaron a temblar y su mirada estaba perdida en el recuerdo, como si lo estuviera viviendo de nuevo.

—Noté que algo no estaba bien. El caballo empezaba a bajar la velocidad, y, por más que intentaba, no conseguía hacerlo regresar al ritmo que traía. Le dije a la niña: «No te asustes, ya casi llegamos». Ese fue el primer momento en que la escuché hablar, esa voz aún resuena en mis sueños y en mis pesadillas. No sonaba como ninguna persona, niño, adulto o anciano que hubiese escuchado antes, y me dijo: «Tú no vas para ninguna parte, tú te vas conmigo».

»Impactado por sus palabras, miré hacia atrás; no podía ver su rostro, ya que estaba apoyado sobre mi espalda, pero sus piernas… sus piernas eran tan largas que arrastraban contra el suelo, era eso lo que no dejaba avanzar al caballo, lo estaba frenando.

»Enseguida, me di cuenta de que el frío que sentía no era normal. Estaba temblando, mis manos estaban moradas, pero mi espalda estaba muy caliente. Sentía un olor a azufre que no desaparecía. De pronto… me habló de nuevo: «Reza lo que te sepas si quieres, pero tú te vas conmigo».

»A mi mente vinieron muchas oraciones, las que había escuchado en la iglesia. Las decía así no creyera en nada de eso. Las que había escuchado cuando enterraban a la gente, las que había escuchado rara vez de algún religioso o en el colegio. El caballo iba cada vez más lento, casi que se detenía, y cada vez que terminaba alguna oración, ella reía y solo decía: «Esa ya me la sé, tú te vas conmigo».

Hizo una última pausa… Esta vez, el tono de su voz cambió, pareció que había más tranquilidad en su rostro.

—En ese momento, me recordé a la bisabuela, ella siempre hacía una oración cuando alguien se sentía triste o estaba enfermo. No sé cómo la recordé en ese momento, puesto que yo aún estaba pequeño cuando ella falleció. Tampoco recuerdo que sea algo que haya escuchado en una iglesia convencional, era algo como un pedazo de una canción o algo muy, muy viejo.

»Esperé que ella se riera aún más, pero solo había silencio. En un tono de disgusto, me dijo: «Te salvas, porque esa no me la sé».

»De inmediato, desapareció la presión del caballo y comenzó a andar un poco más rápido, aunque se escuchaba en su respiración que estaba muy agotado. La presión en mi espalda desapareció, pero todavía me dolía un poco, estoy seguro de que por el miedo sentía menos el dolor. Cuando llegué a la casa, dejé el caballo afuera sin pensarlo y entré donde María. Le di un beso y le conté lo que me había pasado. Ambos estábamos petrificados. Ella miró mi espalda y me dijo que estaba quemado, pero parecía como si me hubiera quemado hace tiempo: solo eran cicatrices.

»Habremos dormido un par de horas esa noche. En la mañana, cuando salí de la puerta, ahí yacía mi caballo muerto; sus patas traseras estaban calcinadas y el olor a azufre aún permanecía fresco.

Allí terminó la historia, solo se levantó y me dejó ahí. Yo no sabía qué decir ni qué pensar.

Por supuesto, también nos agarró la noche cuando íbamos de regreso, pero no sentía tanto miedo porque íbamos en carro. La radio estaba encendida e iba con toda mi familia. Aun así, no me atrevía a mirar por la ventana. Hacia afuera solo se veía oscuridad, las luces solo alumbraban por donde estábamos andando. Yo pensaba: ¿Serían solo inventos? ¿Alguna historia colorida que inventó porque había tomado algunos tragos esa noche?

Miré hacia el cielo nocturno; en el campo puedes ver muchas estrellas y era noche de luna llena, de esas en la que la luna por alguna razón luce un poco roja. Cuando volví la mirada hacia abajo, no pude evitarlo: eché un vistazo por la ventana y vi una silueta en la oscuridad… Íbamos bastante rápido y evidentemente no había razón para regresar, aunque sentí un horrible escalofrío al recordar la historia. En ese momento, recordé lo que le había preguntado al buen primo antes de marcharnos: «¿Y cuál era la oración?».

Él respondió: «De nada sirve que te la diga… Esa ya se la sabe».

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Creación propia

Santiago Sánchez

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136 comentarios de “Ahora la sabe”

  1. a decir verdad vi eso en la película «Andrea», pero para ser sinceros me gusto mas ti historia, aunque me perdí entre personajes varias veces

  2. excelente historia me trasporte al lugar me lo imagine todo muy buena publicas mas historias asi de buenas como esta muy bacana!!!!

  3. Esta muy buena, me encanto la trama y la narracion, es muy profunda y realista….. pero no puedo evitar mencionar que esa historia la tomaste de una pelicula y le diste otro giro, la pelicula es la de ANDREA, lo se porque ahi pasan una escena con un niño, montado en la caballo que se alargan los pies…. pero estuvo genial….

  4. Destacable, solo hace falta revisar un poco la redacción y algunos errores ortográficos. También hubiera sido más terrorífico otro final, entiendes ?
    A pesar de todo estuvo muy bueno.

  5. Joder sentí esta historia como de verdad ya que yo de pequeño vivía en el campo y para comer tenia que buscar comida en la casa de mi tío yo en la noche sentia que ente los maiz cuando tenia que bucar la cena sentia que me seguian por aí, y que me obserbaban entre las ramas secas de los arboles

  6. Que chingon buena historia pero dicen que los animales sienten los entes malignos supongo yo el caballo nunca hubiera dejado que eso pasara

  7. :p me encanto :3 en unas semanas voy a visitar a mi tía abuela al campo 😛 y es un pueblo por donde no entran vehículos :3.. asi queeee, hay que recorrer un kilómetro y medio caminando; y varias veces lo hemos echo de noche, bajo la luz de la luna 😀

  8. Bueno, Tu Creepypasta… Me gustó mucho, Pero es que. No va lo del caballo. Porque los animales pueden sentir la presencia de un ser más en el lugar, En ese caso lo sabría más si era un extraño. Bueno, Eso es todo. Pero a pesar de lo que dije, El caballo trataba de avanzar, eso es lo que hizo que la historia no se vuelva algo irreal

  9. ya había visto algo parecido en una película que se grabo en mi país . se llama Andrea ..pero esta vez era un niño que se encontraba en el camino es muy interesante en verdad me asuste..

  10. La narracion es perfecta, el cuento esta espectacular, puede llegar a ser una historia mas, pero lo que cambia todo y le da ese toque de espectacular es ese parrafo final, «de nada sirve que te la diga, esa ya la sabe»…mato con esa, el tipo acaba de recorda eso y se da cuenta que queda completamente indefenso al no conocer otra oracion que lo salve. Un genio Santiago Sanchez.

  11. Pues amigo, por mi está bien, pero si apreciaría que pidan permiso antes de pedir perdón, ya hay un montón de videos acerca de esta creepy en youtube… Ya sé lo que sienten los famosos cuando les hacen plagio jajaja. Pero tranquilo, me alegra que sea material de difusión.

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