Tortura divertida

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Estaba en un patio, algo desorientado, estábamos a plena luz del sol. Estábamos, mejor dicho, porque de repente llego una niña, de no más de 13 años. Vestía la parte inferior de un traje de baño y una camiseta sin mangas. En seguida supe quien era. Se acerco a mí, me acaricio, me dijo que me quería y fue a buscar una correa, me la colocó y me llevo a una especie de auto hecho de barras. Amarro el otro extremo de la correa a una de las barras de forma que si me alejo lo suficiente me ahorcaría. Yo me preguntaba, ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Qué pasara?

De pronto, ella tomo una manguera y me roció con un líquido horrible, frio y agudo por todo el cuerpo, yo no lo aguante. La temperatura era de 1°C y no me gustaba como se sentía el líquido por mi cuerpo. Al menos no era letal. Esa niña solo se reía, reía y decía comentarios ofensivos para mi, decía cosas como: “me encanta cuando te pones a gemir” o “que marica, es tan adorable cuando lloras” pero no podía evitar llorar. Parece que ella le gusta verme sufrir.

El liquido pronto dejo de fluir y esa chica fue a por una especie de pasta amarilla, se quito los anteojos que llevaba siempre y se echó con cara de asco la pasta sobre sus manos. Se veía algo empapada pues el líquido la salpico a ella también, pero al parecer no le molestó. Y puso sus manos sobre mi cuerpo. Era una sensación horrible, yo me sacudía y luchaba por escapar, deje salir unos aullidos lastimeros, rompe almas, creo que la niña quería llorar, pero no lo hizo. Paso esa rara sustancia en mi estomago, cerca de mi pito y mi culo. En todas partes, en mi espalda, en mis piernas y brazos. Cuando llegó a mis orejas, ella solo comento: “Oye, putito, tus orejas lucen muy raras cuando se mojan, jeje” bueno, no es culpa mía que mis orejas sean así. Siguió así y me embardunó entero con esa sustancia asquerosa, se lavo las manos y me miro por los peores 15 minutos de mi vida.

Solo fueron 15 minutos, pero para mí eran siglos. De vez en cuando me sacudía con asco, gemía, trataba de abalanzarme sobre mi torturadora. Y ella solo se alejaba un poco de mi para fastidiarme y escapar de que la rasguñara, de vez en cuando me acercaba un juguete o algo para que me entretenga. También comentaba cosas como “puto mariquita” o “te ves tan lindo e indefenso”

Cuando pasaron esos infernales 15 minutos no pude evitar gemir lastimeramente, el líquido volvía a fluir invisiblemente sobre todo mi cuerpo, gritaba, trataba de esconderme debajo o dentro del auto, pero el nudo era ciego, y no quería soltarse. “¡que cosita tan tierna!” exclamo “¡se ve tan lindo así!”, el piso de tierra estaba lleno de barro y una sustancia blanca y espumosa. Finalmente entendí que lo hacía porque me quería y se preocupaba por mí. Agarró un manto y me cubrió con él, desamarro la correa y me frota mientras exclama: “¡Ay, Ari! ¡Ahora eres un perrito limpiecito!”

No pude enojarme con ella, después de todo cada 2 semanas soporto lo mismo.

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Franny

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