Sueños y verdades

Era un día como cualquier otro, yo esperaba a mi amado que iría de visita a mi casa por unos días, sin embargo él ya tenía un retraso de dos horas, incluso cuando normalmente era puntual. Escuché que sonaba el teléfono y corrí para alcanzalo al tercer timbre, era él.

Me saludó como de constumbre, aunque de inmediato noté algo extraño en su voz, una cierta frialdad que nunca le había visto, y lo que me dijo después me dejó helada.

– Sólo hablo para avisarte que no iré a quedarme en tu casa. No surgieron otros planes ni nada, es sólo que debemos dejar de pretender que tenemos algo cuando ambos sabemos que no hay nada. Ya estoy lo suficientemente grande como para seguir jugando contigo, y es algo que ambos sabemos…

No escuché el resto de lo que tenía por decirme, simplemente colgué el teléfono con una expresión de shock en mi rostro, sentía que algo iba mal… Era su voz, pero no parecía ser él, además todo este tiempo yo había pensado que teniamos algo real, y creía que él lo sabía.

Estaba decepcionada, conmigo y con él, y no entendía aún del todo que pasaba. Subí a mi habitación y no tardé en quedarme dormida. Me desperté unas horas más tarde cuando estaba anocheciendo y vi que mi teléfono celular estaba sonando, era él. Lo dejé así, y no contesté las 5 veces que me llamó. Después vi que tenía un mensaje que decía: “Porfavor contéstame, es urgente, porfavor”. Apagué mi teléfono y lo aventé lejos de mi. No tenía nada que decirme, todo me lo había dicho hace unas horas por teléfono.

Sin embargo, aún sentía que algo no iba bien. Me recosté en mi cama dejándo que una lágrima escapara y volví a quedarme dormida.

Me incorporé de pronto algo agitada, sin saber exactamente que me había despertado. Volteé a la ventana y aun estaba muy oscuro, y fue entonces cuando me fijé en la puerta, una espesa niebla se estaba filtrando por debajo de esta, con un olor horrible como a carne podrira. Yo estaba sentada en la cama y no me podía mover, ni pensar, estaba paralizada. La sensación aumentó cuando me fijé que en la abertura que tenía la puerta en la parte superior (donde se coloca un cristal, pero en mi puerta aún no lo habían puesto) asomaban unos cuernos, grandes y deformes.

Tenía muchísimo miedo, no sabía que hacer… Y para empezar, ¿Qué se puede hacer en esos casos? De pronto escuché una voz, era como de un hombre adulto pero bastante deformada.

– Él esta en mi poder – Comenzó a decir – lo tomé a la fuerza, lo merecía. Intentó alejarse de ti para que no te encontrara, pero aquí estamos ¿verdad? – después de eso soltó una risa bastante macabra. Yo empecé a temblar, no sabía si era por el frío que estaba sintiendo o por el miedo que tenía.

Seguido de eso, la puerta se entreabrió, lo que me hizo temer más ya que no quería que aquello se acercara a mi. Por la abertura entró una lengua como de vaca, larga como una serpiente, que se fue enredando en una pata de mi cama. Yo tenía un pie afuera del edredón, la lengua subió hasta mi pie y empezó a enrollarlo, húmeda y pegajosa, pero aun así seguía sin poder moverme.

Lo que estaba detrás de la puerta me lanzó unas monedas muy antiguas, quizás de muchos siglos atrás, que cayeron en mi regazo. Y él volvió a hablar.

-Volveré cada noche a visitarte, hasta que pueda llevarte conmigo.

-¿Porqué no me llevas ahora? – dije, la voz me temblaba tanto que para cualquier persona habría sido inaudible, sin embargo el ser extraño lo entendió perfectamente y además parecía que también leía mis pensamientos.

-No te puedo llevar ahora porque aun no has hecho suficiente mal. Pero lo harás, puedo verlo en el futuro, sin duda alguna fallarás, más pronto de lo que crees…

Su voz se fue haciendo un susurro, la niebla, la lengua y los cuernos desaparecieron y me quedé sola en la oscuridad.

Al día siguiente lo único que tenía  para probar la visita de aquél ser eran las monedas antiguas. Podía sentir cierta fuerza al tocarlas. ¿Cómo estaba él tan seguro de que fallaría? ¿O acaso su certeza misma era lo que al final me iba a empujar a fallar? ¿Y fallar de qué manera?

Tenía muchísimas dudas, sin embargo, lo único que tenía en claro era que no quería recibir su visita otra vez, al sentir su presencia había sentido un miedo paralizante.

Tomé las monedas y las observé un rato. Tenían extraños símbolos, sin duda debían ser demaciado antiguas, y eran de oro por lo que pude comprobar. Las guardé en mi bolsillo y empecé a caminar como si nada. De pronto me encontré en un lugar en el que no había estado nunca, sin embargo sabía hacia dónde dirigirme, como si lo conociera perfectamente.

Me adentré en el bosque y llegué a una parte que era tan espesa que la luz del sol no podía pasar  por las ramas, todo estaba en completa oscuridad. Sin embargo seguí caminando y a pesar de no ver nada, no tropecé con piedras o cosas en el suelo.

Después me detuve en seco. Había llegado a una parte muy extraña del bosque, donde no había estado nunca y tampoco había escuchado hablar de ella. Entre dos árboles había un arco de metal muy viejo y cubierto de enredadera donde sólo podía leerse “Cementerio”. Entré en él con cautela, las tumbas que había ahí eran de lo más extrañas, todas eran pequeñas y todas sin excepción estaban abiertas. Dentro había desde objetos personales muy viejos, hasta partes humanas que parecía que nunca habían entrado en descomposición, así como pequeños cofres y cabellos larguísimos de humanos. Incluso pude observar el cadaver de un pequeño niño, seguramente producto de un aborto, y abundaba el dinero en muchas otras de aquellas tumbas, parecía que ahí se depositaban los objetos que causaban maldad en los hombres.

Me acerqué al pie de un  árbol y comencé a cavar. Deposité las monedas que me había dado mi maligno visitante. Tomé una piedra y la coloqué a manera de lápida sin saber que escribir en ella, por lo que la dejé en blanco.

Cuando regresé por donde había venido, vi el otro lado del arco que estaba entre los árboles, el cual tenía un mensaje largo y gastado que decía así: Viajero al que tu corazón te ha permitido llegar a este lugar y enterrar tu mal, nunca más volverás pues el camino no encontrarás. No te habrás de preocupar pues en un sueño estará.

No lo entendí, pero regresé caminando como automáticamente hasta la entrada del bosque. Cuando comencé a ver las primeras casas volteé hacia atrás y no tenía idea de por donde había entrado para llegar a aquél extraño lugar. Caminé hasta mi casa y mientras meditaba en mi habitación, me fui dando cuenta de que no sentía nada real, todo había sido un sueño… Sólo un sueño… ¿Verdad?

Sin embargo, no volví a saber nada de mi amado, jamás.

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De un lejano sueño mío

Gabrielle M

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