Slender Man

Una noche fría, en algún lugar del mundo, una hermosa chica de 17 años de edad se encontraba durmiendo muy tranquila en su oscuro y reducido cuarto. Pero de pronto algo interrumpió su sueño, y despertó sin razón aparente alrededor de las 2:00 a.m. Llovía, la luz de la luna llena no podía notarse porque las nubes cubrían el cielo por completo, la ventana de su habitación estaba abierta y el aire fresco podía entrar. Abrió los ojos, bostezó un par de ocasiones, se estiró, y lentamente y con mucha flojera se levantó a cerrar la ventana; dio un vistazo afuera, a los árboles, y regresó a su cama. Se recostó, volvió a cubrirse y cerró los ojos. En ese momento sintió una ráfaga de viento en su cuello, aun estando cerrada la ventana. Tuvo un escalofrío y, suponiendo que era normal, se quedó dormida otra vez.

A la mañana siguiente, todavía con sueño, se levantó a desayunar. Quiso prepararse algo ligero, un plato de cereal estaría bien. Justo cuando saboreaba la primera cucharada, sintió unas fuertes ganas de vomitar, un sabor agrio en la leche y una fuerte sensación de asco. Obviamente supuso que estaba enferma, por lo que tomó un par de pastillas para el dolor estomacal y regresó a su cama a descansar un rato más.

Se encontraba sola en su casa; eran vacaciones de verano y sus padres estaban trabajando. A las tres de la tarde se sentía bien y bajó a la cocina para ver qué podía comer. Se preparó un plato de sopa, pero le sucedió algo similar que con el cereal, así que decidió comer algo pequeño. Encontró una manzana, la hirvió y ése fue su único alimento desde la mañana. Para distraerse fue a la sala y se sentó a mirar televisión. A pesar de que tenía contratado el servicio por cable, en la imagen y el audio se percibía algo de estática, como cuando pones un canal que no existe.

A las seis de la tarde, exhausta después de la pesada jornada laboral, llegó su madre, tal como lo acostumbrado. La señora notó que algo andaba mal en el ambiente de la casa, pero no le hizo mucho caso. Se percató de que su hija se encontraba mal, y le preguntó que cómo se sentía. La chica le dijo que sólo era un dolor de estómago, y que además se sentía un poco mareada. La señora añadió que sentía el ambiente pesado, y lo mejor para ambas sería descansar. Prepararon la cena y esperaron la llegada del padre, quien se supone debe llegar a las diez de la noche.

La señora está acostumbraba a esperar a su esposo para cenar con él y luego irse a dormir juntos, pero esta vez no fue así, esta vez el cansancio la venció por completo. Cuando el padre llegó, encontró la comida hecha y su esposa e hija ya estaban dormidas. Probó la comida, y no le gustó. Eso en serio era raro, porque su esposa tiene muy buen sazón. Ahora no se tomó el tiempo de preparar bien la comida, pero no importaba, el señor comprendía que a veces su esposa llega muy cansada. Terminó de cenar y se fue a dormir. Cuando llegó al cuarto encontró a la señora dormida. Se cambió y se recostó a lado de ella. A pesar de que ella es de sueño ligero, cuando se acostó su esposo, no se despertó.

Mientras tanto, la chica volvió a despertarse, a las 2:25 de la madrugada esta vez, y al poco rato sintió un dolor de estómago muy fuerte y corrió al baño, en donde vomitó todo lo que había cenado. Tomó de nuevo las pastillas y al siguiente día decidió ir a un consultorio médico. Una vez allí, el doctor le dijo a la chica que no tenía absolutamente nada, y ella tampoco se sentía mal; al parecer dejó de sentirse así al poco rato de haber salido de su casa. El doctor le dijo que guardara reposo hasta que se sintiera del todo bien, y la joven regresó a su casa. En el camino sintió que alguien la estaba siguiendo… volteó a ver hacia atrás y no vio a nadie, y aceleró el paso. Cuando llegó a su casa se puso a leer un libro, pero notó algo un tanto aterrorizante, escuchaba un reloj en algún lugar, que, segundo tras segundo, hacía su sonido característico… tic-tac-tic-tac… Eso era improbable, porque en su casa no había ningún reloj análogo. Sintió la sensación de que alguien la miraba fijamente; igual que en su camino de regreso a casa, sintió pánico, y se fue corriendo a su habitación, se acostó en su cama y cerró los ojos.

Esperó con ansiedad la llegada de su madre, cada segundo parecía transcurrir muy lento, y tiempo después la señora llegó. Sintió algo de tranquilidad, y saltó de la cama para ir a saludarla. Muy contenta, saludó a su madre e intentó hacerle plática, pero la señora la ignoró por completo y fue directo hacia su habitación. La chica sintió mucha tristeza, pensó que su madre se había enojado con ella y no sabía por qué, entonces regresó a la cama, y se durmió. Ya ni si quiera quiso esperar a su padre, quien, como la noche anterior, cenó, y respetando el sueño de las demás simplemente se fue a dormir.

A las 2:48 a.m., la chica se despierta y escucha el “tic-tac” del reloj, y siente como si una presencia estuviera cerca de ella, mirándola atentamente, desde algún lugar en la oscuridad. Se encontraba nerviosa y no podía dormir; pero no quería abrir los ojos porque sabía que algo estaba allí, algo que no quería ver, algo espantoso que la había estado atormentando los últimos días, y esa noche, tuvo una pesadilla. En su sueño, se encontraba perdida en un parque con muchos árboles y niños pequeños. Merodeando por el lugar, se veía a la silueta de un hombre flaco, altísimo, vestido con un traje muy elegante, y sin rostro. Él se acercaba lentamente, y de pronto los niños comenzaban a llorar… Arrancaron una hoja de un cuaderno que cada quien traía en su mochila y se pusieron a dibujar, hasta que todos los niños parecieron desmayarse, y de un instante a otro, sus cuerpos se envolvieron en fuego y el alto hombre desapareció del lugar.

Despertó muy asustada, pero sólo se atrevió a abrir los ojos cuando escuchó que sus padres se iban a trabajar. Notó a través de sus párpados la luz del sol, y aún así, sentía el terror de escuchar las agujas de un reloj que ni si quiera existía. Se levantó y encontró su escritorio desacomodado, y un cajón entreabierto con muchas hojas regadas, dibujos como los que un niño pequeño suele hacer. En esos dibujos podía apreciarse el alto y delgado hombre de su pesadilla, y en otras hojas, había notas… “Huye”, “Tu hora se acerca”, “Cada segundo él está más cerca de ti”, “Es demasiado tarde”, “Es muy delgado y nos trata mal”, “Mató a mi mejor amigo”, “No tiene rostro”, “¡Sigues tú!”, “Ya no puedes hacer nada, sólo te queda esperar tu hora”. La chica se estremeció y quedó perpleja, no supo cómo reaccionar.

Esa mañana decidió ponerse de acuerdo con sus amigos para ir a un centro comercial, un lugar con mucha gente y con muchas luces, a diferencia de su solitaria y oscura casa. Necesitaba distraerse un poco, porque últimamente había estado sola en su casa y no había platicado tanto con nadie. Charló un rato con sus amigos, pero aunque la notaban triste, prefirieron no preguntarle qué ocurría. Cuando llegó a su hogar eran las 7:23 p.m. y su madre aún no había llegado; le habló a su celular pero se escuchaba el tono de “ocupado”. Dieron las 9:13, y alguien tocó el timbre. La chica, temerosa, abrió la puerta. Era la policía, quienes le informaron que su madre había sufrido un accidente automovilístico por ir a exceso de velocidad, y al no llevar cinturón de seguridad, sufrió graves lesiones que le ocasionaron la muerte. La chica se despidió de los policías y corrió gritando a su cuarto, donde se puso a llorar por horas. Aproximadamente a las 11:30 llegó su padre, quien también se había enterado de la noticia.

Tres días después del accidente, la señora fue incinerada y esparcieron sus cenizas en el jardín de un parque cercano. La chica estaba desolada, era el peor momento en el que le podría haber pasado tal tragedia… Desde ese instante su vida cambió radicalmente; pasó el tiempo, y cada noche se despertaba entre las dos y las tres de la madrugada, escuchaba las manecillas del reloj, sentía mucho miedo y volvía a intentar conciliar el sueño. Algo que últimamente le había resultado muy difícil. Dos semanas después de la tragedia, la chica despertó a las 2:34 de la madrugada, de nuevo con náuseas, y sentía que algo la miraba. Fue al baño en caso de que el vómito le ganara y se quedó ahí por un tiempo. Pasaron unos quince minutos pero no sucedió nada, y regresó a su cama. Justo antes de acostarse, sintió con sus pies algo rasposo en la alfombra. Encendió la luz para ver qué era, y notó algo de polvo negro… Recogió un poco con su dedo índice y se percató de que eran cenizas. En su mente repetía “Esto no puede estar pasando, esto no puede estar pasando, esto no puede estar pasando…”. La chica estaba aterrorizada, intentaba dormir, pero no podía, sentía que alguien acechaba el lugar y la miraba fijamente, y escuchaba las agujas del reloj.

A la mañana siguiente, la chica iba a limpiar aquel polvo en la alfombra; pero ya no estaba, y pensó que lo que le ocurrió en la noche era una pesadilla, o una alucinación. Definitivamente no era así. Estaba enloqueciendo, ya no sabía qué hacer y perdía el control de sí misma; todo el tiempo sentía que algo la veía, sentía una extraña presión y siempre estaba aterrorizada.

Pasaron dos meses, y su sufrimiento al fin terminó, una noche, como siempre, que despertó en la madrugada, justo a las 2:13 a.m. Se levantó de su cama, lentamente, y se paró frente a la ventana de su cuarto. Sentía la presencia de aquel ser que la miraba fijamente, y que al fin se revelaba ante ella. Desde lo lejos, observó la silueta de un hombre, que desde la calle se iba acercando a su casa. Se asemejaba al hombre que había visto en su pesadilla. Se puso muy nerviosa, se quedó paralizada tras ver a ese espectro, y luego de unos minutos de estar ahí, inmóvil, escuchó que alguien tocaba la puerta de su cuarto. Con el corazón muy acelerado y sin pensarlo, abrió la puerta y retrocedió unos pasos. Entonces el hombre sin rostro, vestido con un traje, muy alto y delgado, se acercó a la chica paralizada del miedo. El ente extendió su largo brazo y la tomó de la cabeza; la chica pegó un tremendo grito y cayó al suelo. Poco después, inconsciente y con el horrible hombre detrás de ella, se levantó, fue al garaje, tomó varias botellas de gasolina y las regó por toda la casa. Quedó desmayada, y su cuerpo, de manera espontánea, se prendió en fuego, el cual se expandió por toda la casa.

A la mañana siguiente, la portada del periódico local decía: “Un padre y su hija mueren calcinados por un incendio en su casa”. Los investigadores encontraron todo hecho cenizas, pero por alguna extraña razón, escuchaban el sonido de las agujas de un reloj.

Imagen de perfil de Mauricio Rosas

Creación propia

Mauricio Rosas

Estudiante de bachillerato. Me gustan las ciencias exactas como física y matemáticas.

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10 thoughts on “Slender Man”

    1. Seguro que por la extraña sensación de que la siga Slenderman,recuerda que es malvado según los mitos,o hasta él pudo haberla enfermado con tan solo que ella lo sienta,no estoy muy segura

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