Psico-pasta

Tiempo de lectura: Cerca de 8 minutos.

Primera de tres entradas de creepypastas que protagonizan asesinos psicópatas. El crédito de las historias va hacia sus autores: cassandradiaries, Derek y Nabudis (según el orden de aparición de cada relato). Al final de la entrada pueden acceder a más creaciones populares de estos mismos autores.

 

Psico-pasta


Lágrimas de desesperación recorren las mejillas de la pequeña Roxie. Con las pupilas dilatadas, sus ojos se han acostumbrado a la permanente oscuridad de su cuarto. Está desconsolada, pues tiene bien sabido lo que ocurrirá a continuación. Sus manos envuelven unas rodillas temblorosas, que se balancean bajo el chorro de agua adelante y atrás rítmicamente. Teme escuchar la puerta abrirse, pero más teme los pasos que le siguen, pues si hay algo que el tiempo le ha enseñado es a anticipar su castigo mediante el ritmo y la intensidad de las pisadas, sobre todo las lentas y pesadas. Pobre Roxie, si supiera que no se lo ha imaginado. La puerta sí se ha abierto, sí hay alguien bajando, y sí, las pisadas se acercan lentamente a ella.

10/01/06

A la mitad de la carretera principal es hallada una pequeña bolsa de basura que contiene restos humanos.

12/07/12

Tyler se encontraba frente al computador en busca de los mejores creepypastas, como acostumbraba a hacer religiosamente desde que había sido agregado a una página en Facebook que prometía no dejar dormir a quien los leyera. Las noches de aburrimiento se habían acabado desde aquella vez. Últimamente andaba siguiendo los escalofriantes relatos de un usuario conocido como FeaRLorD69, creador de las piezas maestras más votados por toda la web. Con la esperanza de arreglar un encuentro (ya que el usuario era de su misma región), Tyler dejó su correo en la caja de comentarios de una de sus historias, aunque no estaba muy convencido de que fuera a leerlo. Pero al abrir su correo la mañana siguiente, sus ojos se abrieron como platos: en lo más alto de la lista aparecía FeaRLorD69 como remitente de un mensaje que llevaba por asunto «Quiero saber más de ti», y dentro una dirección del punto de encuentro. En veinte minutos, Tyler ya había desayunado, se había cambiado y bajaba las escaleras de dos en dos.

Se le hizo difícil ubicarse en el barrio, algunas calles carecían de identificación o altura, por lo que le pidió ayuda con la dirección a una anciana que yacía tranquila sobre su mecedora en la puerta de su casa.

—Ibas muy bien, pero la jovencita que buscas vive en la casa de enfrente. Pareces un buen muchacho, que no te rompa el corazón —comentó la mujer.

—Es… Está bien. Se lo agradezco mucho —respondió. «Eso ha sido extraño, seguro que se ha confundido con las casas vecinas», pensó luego el chico.

Tocó el timbre… silencio. Probó un par de veces más. Con el ánimo por el piso, comenzó a creer que aquel tipo sólo le había jugado una broma, después de todo, no era más que otro admirador que quería conocer sus secretos de redacción. Ya cruzaba el jardín trasero en dirección a la calle paralela, cuando una chica gritó en su dirección:

—¡Hey! ¿Buscabas a alguien?

—En realidad sí. ¿Aquí vive FeaRLorD… 69? Disculpa, sólo sé su usuario.

—¡Jajaja!, ese nombre… Estás en lo correcto. Disculpa, me llamo Catherine, soy su hija. Debe estar arriba en su oficina, por eso no te debe haber oído. Pasa por favor.

Le abrió la puerta trasera y lo condujo por un pasillo estrecho de decadente iluminación. En su camino pasaron una puerta de la cual emanaba un aroma a podredumbre insoportable, aunque Tyler no se atrevió a preguntar a qué se debía semejante olor; sintió de pronto que no debería estar en esa casa. Sólo esperaba que su viaje valiera la pena. Llegaron a la última puerta del corredor y la muchacha la abrió con cuidado. La oficina estaba a oscuras, excepto por una lámpara que proporcionaba un tenue resplandor sobre un escritorio  y una silla giratoria de espaldas; de esta última sobresalía una cabellera rubia, casi blanca, de apariencia pajosa y reseca. El presentimiento de Tyler se incrementaba a medida que se acercaba a la silla, posaba su mano y tiraba de ella. En ese momento algo duro impactó contra su cabeza, dejándolo tirado en el piso, inconsciente, e implantando como última imagen un esqueleto con las extremidades cercenadas.

El aroma que lo había despertado se le hacía familiar y le escocía las fosas nasales. Sentía algo ajustado que vendaba sus ojos y sus extremidades entumecidas a causa del frío y la humedad que reinaba en el lugar. Chirrió una puerta sobre su cabeza; unos pasos lentos y pesados descendieron, haciendo gemir los peldaños de madera.

—Buenas noches dulzura, ¿dormiste bien?

—Catherine… ¿eres tú? ¡Desátame, déjame ir!

—Mhmm… Nah.

—¿Qué hago aquí? —La chica descubrió los ojos de Tyler de un tirón, pero aun así él no podía distinguirla en la habitación, las luces estaban apagadas. A lo lejos oyó encenderse una ducha.

—Déjame decirte que no tienes buena facha. Vamos a limpiarte un poco, ¿te parece?

—¿Qué quieres? ¿Dónde está Fearlord?

—Justo frente a ti.

Acto seguido, las luces se encienden una a una, casi deteniendo el corazón de Tyler. Frente a él, cuatro paredes revestidas de moho a causa de la humedad exponían orgullosas decenas de relatos e historias enmarcadas y prolijamente colgadas. Bajo cada una, un esqueleto, cadáver o cuerpo en descomposición con los brazos extendidos simulaba estar sosteniéndola a lo alto.

El muchacho quedó pasmado, inerte en la silla en la que una psicópata lo había sentado y amordazado.

—Son bellísimos de verdad; cada uno de esos cuerpos fueron mis musas en su respectivo momento, y cada uno sostiene su deceso con honor. ¿Por eso querías conocerme? Pues aquí tienes, mi secreto más preciado, ante tus ojos. Bien, ¿serás un chico bueno y dejarás que te limpie?

Ahora que Tyler conocía sus intenciones, el pánico lo estaba invadiendo con la rapidez y la fuerza de un huracán. Tenía que seguirle la corriente, permanecer en su juego.

—Sí, te haré caso —respondió.

—Voy a desatarte. Si llegas a intentar escapar… me obligarías a presentarte a uno de mis mejores amigos en la vida —dijo sacando de su pantalón un cuchillo largo, afilado y puntiagudo. Lo pasó a lo largo de su propio brazo derecho y, cuando estaba por llegar a su mano, lo deslizó con rapidez ejerciendo un poco más de presión. Un fino hilo de sangre cayó al piso, demostrándole a Tyler una simple prueba del daño que ese instrumento podía infligir sin usar fuerza. Catherine se acercó a desatar al muchacho por atrás al tiempo que mantenía presionada el arma contra su cuello, mientras tanto, él escudriñaba frenéticamente el lugar con la mirada en busca de una salida segura. Sin embargo, la única puerta de la habitación se hallaba escaleras arriba, y eso si lograba distraerla o herirla. En ese instante, ella acercó su rostro al de Tyler, pegando su boca a su oreja, y susurró—: Pienso que seríamos un gran equipo, dulzura. Tú y yo juntos, tu mente y mi pluma, crearíamos una obra maestra, porque eso es lo que crees que son —Posó su mirada en los cadáveres—. ¿O me equivoco?

El chico contestó con un fuerte puñetazo al rostro de Catherine y vio cómo ésta caía al suelo; pero no estaba herida, sólo un poco aturdida. Tyler corrió escaleras arriba y giró con brusquedad el picaporte, pero alguien tiró de su pantalón, haciéndolo aterrizar de bruces al piso de madera. La imagen del rostro pálido y perfecto de la chica había desaparecido; ahora, el golpe había despegado parte de algo que parecía látex blanco y maquillaje corrido, revelando un semblante desfigurado por múltiples cicatrices en forma de cortes largos, profundos e infectados.

9/01/02

Las pisadas se acercan lentamente a ella. Está desesperada por el miedo, mas nada le asegura que caerá tan fácilmente. Él toma a la pequeña Roxie por los pelos y la zamarrea con fuerza; está enojado, tal como indicaron sus pasos. Ella aprieta el mango de madera con fuerza y lo eleva sobre su cabeza. El hombre no puede ver nada, las luces están apagadas.

Actualidad:

Cuenta la historia que Tyler logró escapar. Cuando la policía entró a escena, no se encontraron rastros de Catherine. Los investigadores interrogaron a la vecina de enfrente, quien contó que allí solía vivir un hombre con su esposa, pero que un día dejó de verla, por lo que supuso que se habían separado. Luego también el hombre dejó de ir; creyó que se había mudado, pero ignoraba que tuviera hijos. Unos cuantos años después, una muchacha se había trasladado allí y era constantemente visitada por chicos.

Pasó el tiempo y con el transcurrir de los meses fueron identificados los cadáveres del sótano, y la verdad sobre esa casa. El hombre mantenía a su hija encerrada en el sótano, a quien obligaba a bañarse, dormir  y vivir ahí. Terminó asesinando a su esposa y sepultando su cuerpo bajo el sótano, llenando el cuarto de la pequeña niña con los intolerables gases que desprendía su cadáver a medida que se iba descomponiendo. También se hallaron registros de una bolsa que había sido abandonada a la mitad de la ruta principal que contenía extremidades humanas cercenadas, a las que identificaron como propias del padre de la niña, ya que concordaban con el esqueleto de la oficina del caserón. Nunca supieron qué fue de la hija, ni su nombre, ni tampoco quién asesinó al hombre. Los cuerpos que sostenían las historias de su deceso, inmortalizadas en una página web, pertenecían a adolescentes que seguían a FEARLORD69 desde diferentes partes de la ciudad, y todos tenían una cuenta en sitios de creepypastas. Pero sólo una cosa es segura: ten cuidado de en quien confías, por más interesante e inteligente que parezca, porque a veces… el terror puede no siempre ser producto de la imaginación.

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16 comentarios de “Psico-pasta”

  1. Me llamaron la atención las 3, aunque eran quizá un poco tópicas (la chica traumatizada, el asesino cercano a niños y el sádico torturado anteriormente son temas muy tocados ya)

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