Ojos artificiales

Soy programador y escéptico. Soy de aquellos quienes piensan que todo tiene solución lógica, sin recurrir a lo esotérico, paranormal o divino.

Hace un tiempo, mi jefe me solicitó programar un algoritmo encargado de detectar patrones gráficos. Cosas de estadística. Pues bien, decidí entonces indagar en el mundo de las redes neuronales. Es fascinante cómo unas cuantas líneas de código permiten simular, en unos pocos minutos, el pensamiento humano para la detección de patrones. Mi primer algoritmo fue un sistema de reconocimiento facial. Ya sabes, ese en que te tomas una foto y la cámara automáticamente reconoce tu rostro. Hasta ahí, todo bien. Realicé pruebas con mis amigos. Nos entretuvimos horas con el sistema (de por sí, era la primera vez que programo algo como tal).

Un buen día, mi jefe me pide que realizar más pruebas antes de modificar el algoritmo. Si es posible, buscar lugares muy coloridos, tratar de inyectar el mayor ruido posible a las imágenes. Follaje, sectores con mucho y poco brillo…

Una tarea sencilla. Tomé mi cámara fotográfica que no tiene más de 6Mpx de resolución, lo suficiente para tomar una buena fotografía, y empecé con mi labor.

Me fotografié en el parque, en la plaza, lugares donde suele haber bastante luz, arbustos, sombras… en fin.

Después de un día entero de fotografías, me senté en el escritorio frente a mi computadora y cargué las fotos al sistema.

El sistema empezó a analizar las fotos y detectar patrones. Todo bien durante los primeros quince minutos (creo haber capturado algo así como treinta fotografías). Tras eso, el sistema se congeló.

Después de una depuración rápida y un café (era ya tarde por la noche), volví a cargar las imágenes al sistema. El sistema funcionó correctamente, pero después de ver las imágenes, algo llamó mi atención poderosamente.

Mi hermana, joven puberta con suficiente tiempo de sobra, sacó la cámara a mis espaldas y salió con sus amigas. Después de sus andanzas la dejó donde estaba tal cual como la sacó. Pero olvidó borrar sus fotografías. Se fotografiaron en un cementerio.

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El algoritmo, encargado de detectar patrones faciales, detectó en las fotos de mi hermana algo que el ojo humano no ve. Detectó la cara de mi hermana, de sus amigas y un rostro más que no se ve en la foto.

«¿Es una broma?», me dije. Revisé las otras fotografías, las cuales aparecían con bastante ruido de fondo, y vi varios patrones antropomórficos (una sombra que forma una cara, por ejemplo), pero nada. El algoritmo detectó un rostro que no se ve en varias de las fotografías que mi hermana tomó en el cementerio.

¿Qué cosas verán los ojos electrónicos que nosotros no podemos ver?

Así como la cara que vimos en Marte, quizá sea una falla de mi algoritmo. Soy bastante escéptico en ese aspecto.

Imagen de perfil de Euclides Romano

Propia

Euclides Romano

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Una reflexión en “Ojos artificiales”

  1. Me encanta. Es tan verídico. Aunque podemos asumir que el programa tiene fallos, la posibilidad es estremecedora. El uso de fotos reales le añade mucho.

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