Lo que de verdad importa.

BIENVENIDOS A NOTAUN

“Hogar del mejor pastel de limón de Missouri, y Casa de los Leones de la secundaria Yorkshire”

Rezaba la vieja y gran pancarta plantada en el kilometro 15, vía a notaun, pero lo que este aviso no advertía es que además del delicioso pastel de limón, y ser la sede del equipo de baseball con mejor anotación en el último campeonato estatal, es que notaun era un pueblo  donde las cosas malas tendían a suceder, y peor aún, a no tener importancia, era un lugar donde la tierra era fértil, y la semilla de la violencia daba frutos, pero siempre de manera furtiva, pero eso no importaba ahora, ya que nuestro personaje no se encontraba exactamente en notaun, si no en sus afueras, en una pequeña y acogedora cabaña de madera.

Eugene era un hombre simple, de estatura promedio, cabello corto y ojos marrones, no era gordo, pero por su contextura no se le permite describirlo como a un hombre esbelto, trabajaba en las oficinas de una pequeña empresa de seguros de vida, y tenía una casa bastante acogedora con un gran patio y un vistoso jardín, había conocido a la mujer de sus sueños hacia muchísimos años atrás, y después de muchos halagos, regalos, y todo ese torrente de atenciones que nace de un corazón enamorado, desistió ante no tener ninguna suerte con ella, y termino aceptando la invitación a salir de una fulana que meses después termino siendo su esposa, se casaron en una pequeña ceremonia, y en lo que parecería poco tiempo después, ya tenían 2 hijos, un varón y una pequeña niña, lo cual no sería problema para Eugene, ya que el ganaba lo suficiente como para mantenerlos y darse un pequeño lujo de vez en cuando.

Pero no profundicemos en detalles tan innecesarios como estos, lo importante es que eran felices, Eugene cuidando y dándole atenciones a su hermoso jardín, y su esposa haciendo prendas de vestir para los niños, y hermosas carpetitas en su flamante máquina de coser “gemsy”, sus hijos pasaban las mañana en el colegio, en la tarde el varón se dispondría a ir a su entrenamiento de baseball y su hermana, se quedaría en casa, ayudando a su madre en las labores de la casa.

Pero de nuevo estamos perdiendo el hilo de la historia, la familia no se encontraba en casa, habían salido de veraneo a una cabaña a las afueras de notaun, y eso era realmente especial, ya que como su padre les decía “es importante romper la rutina de vez en cuando”.

Pero el día de hoy no pudieron preparar una deliciosa barbacoa, ni tampoco ir de caminata por el hermoso bosque, y mucho menos salir de pesca al gigantesco lago que reposaba en frente de la cabaña. El día de hoy se había desatado un terrible tormenta y eso había dejado a la diversión fuera de combate, decidieron entonces quedarse en la cabaña hasta que cesara la tormenta, aunque inevitablemente todos sabían que esta no daría tregua fácilmente, y probablemente solo hasta el día de mañana se podrían dar abasto con todas las actividades que habían planeado.

Pero eso no parecía importarle demasiado a Eugene, lo que si era un tema de gran preocupación para él, es que su familia dormía y no precisamente en una de esas nuevas cabañas con novedosos sistemas de calefacción, esta les proporcionaba nada más una pequeña chimenea, a la cual le faltaba la suficiente madera necesaria como para brindarles calor toda la noche

Habiéndolo decidido entonces Eugene se preparo para salir, se vistió con un gran impermeable y  abrió la vieja puerta trasera de la cabaña, ruido que levanto a su esposa, la cual al reconocerlo, le pregunta:

–          Eugene? A dónde vas Eugene? Debe ser demasiado tarde, acuesta a dormir conmigo y los niños.

–          No hay suficiente madera para pasar la noche, debo ir a talar un poco- respondió Eugene.

La esposa automáticamente mira la pila de troncos que descansan al lado de la chimenea, y le dice:

–          De que hablas Eugene? Hay suficientes para pasar la noche, incluso para la barbacoa de mañana, a donde vas Eugene, necesitas descansar, acuéstate por favor.

Eugene lentamente gira su cabeza hacia ella, y de manera suave le responde:

–          No querida, no me pidas eso ahora, lo que realmente importa es que no hay suficiente madera, simplemente no la hay.

Habiendo dicho eso, Eugene se aleja y cierra la puerta, camina un poco y siente como las fuertes gotas golpean sobre su impermeable, esto lo distrae un poco, pero al ser totalmente irrelevante sigue su camino hacia un pequeño tronco, sobre el cual se encuentra un hacha, la agarra, y se pierde en la distancia.

Su esposa se encuentra preocupada, por el hecho de haber ido a buscar madera cuando realmente no se necesita, por el hecho de que a pesar de la lluvia algún loco puede andar suelto en el bosque y atacarlo, al fin y al cabo a pesar de estar en las afueras siguen en notaun, y en este lugar ese tipo de cosas pasan, y cuando ocurren nadie les presta atención, pero no solo eso le preocupo, fue su mirada, en sus 20 años de matrimonio él nunca miro a nadie así, ni cuando los hijos de los perkins arruinaron su jardín, ni cuando duro desempleado un tiempo y su familia  sufrió de una leve pobreza, era una mirada nueva y profunda, y le aterraba el hecho de no saber qué quería decir.

Pero después de poco tiempo decidió no preocuparse más, ignoro la idea de que algo malo estuviera ocurriendo, decidió ignorar la idea de que por la lluvia los leños mojados no servirían para la chimenea, su marido sabía lo que hacía, así como siempre lo ha sabido en esos 20 años, y de todas maneras lo realmente importante es que el día de mañana no habría lluvia, y entonces podrían salir a caminar, a cocinar unas deliciosas hamburguesas , y a pasar un buen rato en familia, habiendo pensado en eso, se sintió un poco más calmada, y pudo conciliar el sueño.

De repente un fuerte ruido la levanto de nuevo, apenas al escucharlo decidió no prestarle atención, pero antes de intentar acomodarse de nuevo en la cama lo volvió a escuchar, mas fuerte y claro que antes,  miro a sus dos hijos, se encontraban dormidos, se salió delicadamente de la cama, y al escuchar el ruido otra vez, se apresuro a encontrar sus pantuflas y una bata para cubrir su cuerpo, se acerco rápidamente a la puerta delantera y la abrió con rapidez.

Entonces vio la figura de un hombre con un impermeable totalmente lleno de lodo e inmundicia, y con un hacha en la mano, con la que golpeaba fuertemente la cabaña en la que se encontraban, se acerco lentamente a él pensando en lo peor.

Del hombre se desprendía un olor muy fuerte, como si lo que descansara bajo aquel impermeable no fuera una figura humana, sino más bien un cadáver, un cadáver que tal vez nunca vio la luz de sol y reposo en alguna cloaca o tal vez en las aguas podridas de algún sumidero o pantano, lo ultimo le parecía lo más razonable, no por el hedor, si no por su apariencia, visto desde atrás parecía que su vestimenta estaba adornada con varias plantas podridas, y desde su interior brotaba con sus movimientos un torrente de agua verduzca y grumosa.

Ella se acerco un poco más, el hombre pareció no notarla y siguió con su tarea mientras susurraba algo en voz baja, se acerco de nuevo, y los murmuros del hombre se le hicieron más claros.

–          D-de-debo co-con-conseguir más madera; decía el hombre una y otra vez, mientras talaba con fuerza la cabaña.

–          Cariño? Eres tú? Que te ocurrió? Donde estuviste?, pregunto ella, mientras poso su mano derecha lentamente sobre el impermeable.

–          S-Si-Simplemente, no hay su-suficiente madera, n-no la hay. respondió el hombre.

Pero este solo soltó el hacha y se giro lentamente hacia ella, al verlo, soltó un grito, creía que estaba hablando con su marido, pero ahora él era algo mas, desde su frente se desprendía pus amarillo que a su vez iba acompañado por un ligero hilo de sangre, sus ojos habían perdido expresión alguna conocida por el hombre y su boca desvelaba una horrible mueca.

Sus frías manos se posaron rápidamente sobre el cuello de la mujer, y empezaron a ejercer presión, ella poco a poco perdía el aliento mientras intentaba inútilmente de liberarse de su opresor, pero justo antes de perder la conciencia el hombre la suelta y le da la espalda, momento que ella aprovecho para dirigirse torpemente hacia la puerta y cerrarla con fuerza, miro hacia la cama, sus dos hijos se encontraban despiertos, acurrucándose el uno con el otro.

–          Mami? Se encuentra todo bien? Que ese ruido mami?, pregunto el varón.

–          Vete a dormir ahora! Le grito la madre desesperada.

–          Que ocurre mami? Donde esta papi?, le pregunta de nuevo el varón, mucho más asustado que antes.

–          QUE SE LARGUEN A DORMIR!, le grita con más fuerza la madre.

Los dos niños sin saber que ocurre, se esconden de nuevo en las sabanas, esperando lo peor, no de la incertidumbre de aquel ruido ni de lo que sea que estuviera ocurriendo afuera, si no de su madre, que nunca les había gritado.

La mujer se da cuenta de que al haber estado distraída, no había notado que los ruidos del hacha habían cesado, entonces gateo torpemente hacia la ventana delantera y levanto su cabeza para mirar al exterior, entonces logra ver la figura del hombre frente de ella, pero solo por unos segundos, ya que con un solo movimiento del hacha, este logra romper el vidrio del ventanal e inferir un corte realmente profundo desde el hombro de la mujer.

Ella cae automáticamente al suelo, y observa poco a poco como el hombre entra a la cabaña por donde antes se encontraba la ventana y camina hacia ella, el hombre pone su bota sobre el cuello de la mujer, llenándoselo de esa misma inmundicia que ella había visto minutos atrás, y haciendo fuerza sobre este, de esta manera el desprende el hacha que se había incrustado en el cuerpo de ella, la observa, a pesar de la poca lucha ofrecida su cuerpo esta demacrado, el hombro derecho y su brazo le cuelga en una tira desde su pecho, su mirada se encuentra perdida y bastante desenfocada, el piensa en esto, y solo hasta ese momento se da cuenta de que la mujer descansa en una largo charco carmesí.

La mujer pensó entonces que ya nada tenía importancia, no iba a ver ninguna caminata en el bosque para ella el día de mañana, ni tampoco reunión del club de bordado la semana siguiente, y todo eso por la misma razón por la cual no tendría que limpiar su propia sangre de la alfombra la mañana siguiente, por que iba a morir, y por qué iba hacerlo ahora, en lo último que pensó fue en sus hijos, espero que de alguna manera pudieran salvarse, que tal vez alguien que se pasara caminando buscando refugio bajo la lluvia diera fin a esa horrible escena, pero abandono el pensamiento antes de morir, no por lo poco probable de que algún caminante estuviera dando un paseo bajo la lluvia, si no porque estaban en notaun, y en ese lugar, ese tipo de cosas no pasan.

El hombre la vio morir, y puso marcha hacia la cama, en la cual se veían nada mas dos pequeños bultitos moviéndose bajo las sabanas, el hombre removió aquella fortaleza inexpugnable con un solo movimiento, los niños al verlo se paralizaron del horror, no podían creer lo que estaba delante de ellos, una figura totalmente demacrada, con la ropa a jirones y completamente embarrada, con tanta suciedad cubriéndole que parecería proeza encontrarle forma humana a eso, excepto por su rostro, por aquellos ojos marrones, que los miraban, pero aquella mirada no tenia forma ahora, y aun así desprendía cierto toque familiar.

–          Padre? Eres tu padre? Que te paso padre?- pregunto el varón.

No hubo respuesta.

–          Padre que te pasa? Que nos vas a hacer? Que le hiciste a mami?- pregunto con mayor insistencia el joven.

El hombre mantuvo el silencio, pero en esta ocasión levanto el hacha hasta la altura de su cabeza.

–          “Es importante romper la rutina de vez en cuando”- respondió el hombre.

El hacha descanso sobre el torso de su hijo, no solo una vez, si no las suficientes como para que su pecho pareciese una parodia de lo que alguna vez fue, ahora un trozo de carne inanimado y frio, procedió a realizar la misma tarea con su hija, que aprovechando el momento de descuido se refugió en un rincón.

El hombre se acerco lentamente hacia ella, y le agarro su pequeño pie, poco a poco la empezó a arrastrar por la habitación hasta que su cuerpo se encontraba dándole la espalda a la chimenea, giro su espalda de manera brusca, y después de esto, la acostó de nuevo y el sentó su putrefacto ser sobre su espalda, agarro su frágil cabeza, y la poso sobre la chimenea, libero el hacha de su otra mano, y con esta mantuvo presión sobre su cuello, el olor a carne chamuscada lleno la habitación, pero él no paro, espero nada mas hasta que los gritos de la niña se acallaran, después de esto se paró de nuevo y arrojo el resto de su cuerpo al fuego.

Se paro y observo su obra, el cuerpo de su hijo mutilado, el torso de su esposa desfigurado y el chisme negro que alguna vez fue su hija descansando en la chimenea, y lloro, lloro y grito como nunca en su vida lo había hecho, lloro por haberse permitido llegar hasta ese punto, lloro porque nunca fue libre, lloro porque estaba cansado, y por qué no podía hacer nada más.

En ese momento tuvo una epifanía, su familia estaba muerta, el los había matado, y no estaba seguro porque, pero lo realmente importante era que si el derrumbaba la cabaña, el se sentiría mejor consigo mismo, no sabía de qué manera, ni por cuanto tiempo, pero él sentía que era lo correcto, de esa manera, el agarro el hacha con todas sus fuerzas y empezó a cortar las vigas que daban soporte a la vivienda, al terminar y al sentir que estas se vendrían abajo, escapo rápidamente antes de quedar atrapado.

Y desde afuera de la cabaña, pudo ver como esta se venía abajo, y a pesar de todo, como la chimenea permanecía en pie, siendo un faro de luz ante la tormenta, una pequeña esperanza ante la adversidad, pero tal esperanza se iba a desvanecer pronto, la lluvia del exterior amenazaba con apagarle, entonces el hombre corrió hacia ella, saco a los restos de su hija del pequeño esbozo flameante y procedió a añadirle los pequeños trozos de madera que yacían alrededor suyo, y fue ahí  que finalmente se dio cuenta, y al percatarse lloro de nuevo, pero esta vez de una manera mucho más fuerte que antes, y empezó a golpearse a sí mismo, y ah desgarrarse aun más la ropa.

Eugene, ese hombre, al final se dio cuenta de que la madera húmeda no alimenta al fuego, solo lo extingue.

En lo profundo del bosque, una cabaña reposa bajo la tormenta, viva imagen de la cordura, de la carne pudriendo su materia, y del hombre perdiendo la razon.

 

 

 

 

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schatte asekhozzk

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