La peor maldición es dudar

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Cuenta la leyenda que ha pasado de generación en generación que, en alguna ocasión existió una bella mujer, de un físico espectacular y un hermoso rostro, de cabellos dorados y ojos azules turquesa, esta bella mujer disfrutaba el comer pastas y disfrutaba el beber vino blanco, tenía todo lo que cualquier corazón pudiera anhelar. Era madre de familia, tenía cuatro hijos muy amorosos y un esposo que la amaba.

Vivía en una gran mansión con salones y comedores enormes, cada uno de sus cuatro hijos tenía su propia habitación, incluso con una biblioteca contaba la enorme casa. La habitación de la bella dama y su esposo, era a simple vista la habitación más grande de todas, grandes ventanales de vidrio esmerilado y un amplio balcón eran la fachada que daba vista al jardín trasero.

Fuera en el jardín, había un cobertizo muy grande donde guardaba los artículos para el mantenimiento del jardín, un jardín más grande que la propia casa, con arbustos y flores que acompañaban un pequeño sendero hecho con piedras de rio, este sendero se dividía en tres, un camino llevaba al cobertizo, el segundo conducía a una hermosa fuente, echa completamente de mármol, blanca y brillante, un ángel de mármol yacía en el medio de la fuente, llevaba un cántaro color marrón inclinado hacia abajo y justo de este cántaro salía el agua y el tercero llevaba a un laberinto grande y echo de flores, las flores de este laberinto habían sido plantadas por las manos de la misma dama, creado simplemente para el disfrute de sus hijos.

Un día cualquiera, la bella dama estaba en el balcón, observando un grupo de rosas en el laberinto, unas estaban dobladas y algunas estaban rotas, tiradas en el verde pasto, ¿Qué habrá pasado? Se preguntaba la mujer, -Debo de arreglar eso- dijo. La mujer era perfeccionista y no le gustaba que algo estuviera mal en su jardín y menos en el laberinto de rosas que ella misma había plantado.

Justo cuando la mujer quito la mirada de las rosas para ir a remplazarlas, alcanzo a ver una mancha negra en la fuente, regreso la mirada y la fijo a la fuente, en esta, había un cuervo sobre la cabeza del ángel de mármol, el cuervo era grande, y tenía un color negro muy profundo, un color que a diferencia de los cuervos comunes su plumaje no era de reflejos azules, eran  verdes, verde como el jade. El ave parada sobre la cabeza de la estatua tenía el ala derecha extendida, parecía chico el cuervo pero con el ala extendida denotaba su gran tamaño. Tenía el ala derecha extendida, con su largo pico parecía que se quiera desplumar, la dama se impresiono por el tamaño del ave, por un momento se quedo viendo la extraña actuación del ave, solo picaba repetida y bruscamente su ala, lo hacía con desesperación, algunas cuantas plumas negras cayeron dentro de la fuente pero el ave no cesaba la acción.

Seguía observando y seguía preguntándose porque el ave hacia tan raro acto, siguió observando hasta que se decidió a bajar a ver con más precisión al ave, bajo las escaleras cuidadosamente pero con prisa para llegar antes de que el ave se fuera volando, llego al portón trasero se quedo ahí, el cuervo negro con destellos verdes seguía en la fuente, seguía picándose el ala y seguía siendo raro.

Observo unos minutos más hasta que el cuervo alzo un poco más el ala se percato de que el ave no trataba de lastimarse a sí misma, de hecho trataba de quitarse una espina grande, seguramente de las rosas del laberinto, el cuervo tenía el ala lastimada y unas pocas gotas de un extraño liquido negro emanaba de la profunda herida. La mujer pensó que debería ayudar al ave así que decidió acercase a este, la dama salió de su casa, cruzo el jardín lentamente por la vereda de rocas, estaba a dos escasos metros del cuervo, pero el cuervo se detuvo, tenía la cabeza bajo el ala cuando se detuvo completamente, parecía ser parte de la estatua, ni una pluma se movió a pesar del viento,  la mujer dio un pequeño paso más, el cuervo levanto la cabeza y cerro el ala al instante, la acción fue tan brusca que la mujer retrocedió pues pensó que la atacaría. No fue así.

El cuervo y la mujer intercambiaron una mirada pesada, directa a los ojos, esos ojos negros penetraron por la pupila de la mujer y parecieron llegar hasta el alma, como si el cuervo quisiera ver las intenciones de la mujer, al parecer las vio, vio que eran buenas y dejo de mirarla. El cuervo empezó a extender el ala, mostrando las yaga a la mujer, así estuvo, con el ala extendida por unos segundos hasta que la mujer entendió el mensaje, se acerco lenta per decididamente, tomo en su mano izquierda el ala y con la derecho retiro cuidadosamente la espina cubierta del extraño liquido negro.

-Vaya que dolía eso- dijo una voz grave, más grave que cualquier otra voz en el mundo.
-¿Quien es, quien habla?- pregunto la mujer con un tono de preocupación.
-Soy yo quien habla, gracias por ayudarme – cuando la voz termino la mujer volteo a ver a gran cuervo, lo miro fijamente a los pequeños y negros ojos del cuervo.
-¿Tu? El cuervo.
-Así es mujer, soy yo quien te habla.
-¡No! Los cuervos no hablan.
-¿Acaso dudas de mí?- pregunto el cuervo con un poco de indignación.
-No dudo, estoy segura de que no me hablas, tal vez trabaje mucho, estaré cansada. ¡Pero los cuervos no hablan!
-Soy yo quien habla y me has ayudado, al ver tus ojos pude ver tu alma, vi tu alma, tus anhelos y tus miedos, se que amas a tu familia y quisieras verlos por siempre.
-Si, así es, los amo y deseo verlos toda la vida.
-Así será, los segundos, minutos y horas ahora son simplemente palabras para ti, ahora eres inmortal pero tus dudas son traidores que muchas veces te hacen perder el bien que podrías ganar si no hubieses dudado.
-¿De qué hablas cuervo? Dios, estoy alucinando, iré a recostarme al gran salón.

Y así como la mujer lo dijo, se fue, dio vuelta y se dirigió al interior de la mansión dejando al cuervo solo en la fuente.

-“Los segundos, minutos y horas ahora son simplemente palabras para ti”, que habrá querido decir ese cuervo, “ahora son simples palabras” a que se refería el cuervo, “ahora eres inmortal” ¿inmortal?… ¿Acaso, en serio seré inmortal? No, que estoy diciendo, seguro fue un sueño, pero… ser inmortal, debe ser fantástico, tal vez sea bueno a fin de todo, sería estupendo nunca morir, ser eterno, tal vez sea perfecto – se dijo a si misma la mujer en más de una ocasión a diario durante todo el mes completo hasta que un día, simplemente dejo de hacerlo.

Había días en los que la mujer salía al gran balcón de su habitación esperando ver al cuervo de nuevo, pero este, nunca apareció, pasaron meces y años y nunca lo volvió a ver, llego el momento en el que simplemente olvido al cuervo y lo que este le dijo.

-¿Qué será lo que me pasa?
– No lo sé amor- Dijo cariñosamente el esposo- no has cambiado en nada, sigues como hace diez años.
– Exacto, esto no es normal, debería ir al Doctor, tal vez el sepa lo que me pasa.

Y efectivamente así fue, La dama y su esposo fueron al doctor, le expusieron el problema y este simplemente rio, dijo que era la historia más fantástica que había escuchado en toda su vida.

Las horas, los días y los años pasaron, sus cuatro hijos crecieron, ya rebasaban los veinte años de edad, su esposo envejeció y enfermó, pero ella, simplemente no cambiaba. Veintiún años pasaron y ella conservaba su figura joven, parecía una mujer de treinta cuando en realidad ya tenía poco más de cincuenta, pero el tiempo siguió su curso. “El tiempo no perdona”.

Treinta años pasaron, el pequeño pueblo donde vivían se convirtió en una villa, su hijo menor ya tenía cincuenta años, lamentablemente su esposo falleció hacia ya diez años, pero ella, seguía siendo bella, pero no todo en ella seguía siendo igual, sus ojos turquesa se transmutaron en un marrón opaco, un marrón sin vida, los dorados cabellos se tiñeron de rojo, el mismo rojo de las hojas de árbol en otoño, era la misma mujer, mismo cuerpo, misma voz, misma postura, era la misma mujer de hace cincuenta años.

Variadas veces acudió con doctores, curas, santeros y simplemente no sabían porque el tiempo no tenía efecto en ella. Al principió parecía perfecto hasta que veinticinco años pasaron como el aire y el primero de sus hijos falleció. No era justo, los hijos debería enterrar a sus padres, no al revés, una parte de ella murió, el peor de los dolores, lloro y se deprimió. Eventualmente los tres hijos restantes fallecieron. El porqué de su mal a diario a Dios preguntaba, porque ella y no otra persona, ella tenía hijos que amaba y tuvo que enterrar.

La bella dama lloro y sintió pesar durante 23 años más, a diario lloraba desde que despertaba hasta que dormía, nunca entendió porque ella no envejecía, paulatinamente sus ojos y su cabello se volvían cafés, un café oscuro.

“Los segundos, minutos y horas ahora son simplemente palabras para ti, ahora eres inmortal”

Las palabras que hacía casi cien años el cuervo le había orado a la mujer llegaron como flechazo a su mente, eran tan pesadas como un yunque de plomo, la cabeza le empezó a doler. Frustración, dolor, odio, inquietud, duda. Duda. Duda.

“Pero tus dudas son traidores que muchas veces te hacen perder el bien que podrías ganar si no hubieses dudado”

 Y de pronto todo fue claro, lo que al principio pareció un deseo milagroso se volvió su eterna maldición. Al haber dudado de la divinidad del cuervo, este, tergiverso su más grande anhelo para convertirse en su más grande miedo, se dio cuenta de su eterno castigo, vio a su esposo morir, vio a sus cuatro hijos morir. El dolor que ya existía en su corazón, se multiplico, creció como un cáncer que mataba todo su ser, ¿Pero que es lo que estoy diciendo? Ella era inmortal.

Faltaba un día para que se cumpliera en centenario de aquel curioso encuentro con el cuervo de color negro azabache y verdosos reflejos, seguía llorando y la hora llego, eran las diez horas en punto, había pasado exactamente un centenario del encuentro,  fue cuando su maldición se agravo y enserio se volvió una maldición, sus lagrimas transparentes se tornaron negras y espesas, como el liquido que emanaba de la yaga del cuervo, sus ojos y su cabello se tornaron negros, terriblemente negros, incluso más negros que el mismo cuervo.

La mujer a partir de esto a diario encogía un milímetro en su tamaño, pasaron años hasta que se hizo diminuta y arrugada, ya no podía estar de pie y mucho menos caminar, su boca se hizo tan pequeña que ningún tipo de alimento podía ingerir. Era tan pequeña que su tráquea se cerro, impidiendo el paso de líquidos y mucho menos sólidos, sus pulmones colapsaron y eventualmente dejo de respirar, sentía la desesperación de tomar una bocanada de oxigeno, sentía esa desesperación, pero no moría, era inmortal.

La mujer era más pequeña que un ratón, alguien algún día, encontró una mujer en miniatura y con piel arrugada como si fuese un pergamino, la metió en un frasco de vidrio y la colgó en una iglesia. En la iglesia de Santa María, aun se encuentra ahí y dicen que una vez al año se mueve. La tienen exponiéndola como un milagro divino, si tan solo supieran la verdad.

Creación propia

Javier

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10 comentarios de “La peor maldición es dudar”

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