La penumbra de la costa

Tiempo de lectura: Cerca de 4 minutos.

Nota del autor: Bienvenidos de nuevo. Este cuento está pensado para ser leído por turistas de mi bella ciudad, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Traten de ponerse en la mentalidad de una persona que viaja al lugar donde hay leyendas como ésta.


Día soleado, ¿no? Usted huele el aire, con esa fragancia a sal y sol tan característica de las ciudades portuarias; se goza en los cálidos rayos del sol, en la caricia de la brisa caliente. En sus genes no está el instinto que tenemos la mayoría de los marplatenses corriendo en nuestras venas.

Desde la fundación de la ciudad, los habitantes de ésta siempre tratamos, subconscientemente, de alejarnos del mar: en el verano solemos despreciar la belleza de la costa y a los turistas que se acercan tan negligente y despreocupadamente a ella. Hay quienes dicen que es una simple cuestión de turismo, pero algunos ancianos dan otras explicaciones, sentados alrededor de una fogata o en la sobremesa de algún asado.

Estos ancianos, casi siempre marineros o trabajadores portuarios en épocas pasadas, relatan escalofriantes historias sin que se les mueva un músculo en sus caras talladas por el salitre. Alguno más atrevido quizá muestre una cicatriz para dar fuerza a su historia; si usted tiene la suerte o la desdicha de escuchar la historia —casi siempre totalmente inverosímil— de alguno de estos veteranos y éste le muestra alguna herida, muy difícilmente identificará la forma o procedencia de la cicatriz.

Los visitantes de nuestra ciudad no poseen ni adquieren el instinto acerca de lo que se oculta en el mar; a veces ni siquiera los que se mudan por largos periodos de tiempo a nuestro lugar desarrollan esa sensibilidad especial respecto al mar que caracteriza a los nacidos en Mar del Plata.

¿Conoce la historia de Alfonsina Storni? Quizá alguno de estos viejos lobos de mar se la cuente, pero con exageraciones y detalles morbosos que están fuera de lugar y consideración. Muchas teorías circulan acerca de su —a primera vista— peculiar suicidio adentrándose en el mar, y sin embargo mucha gente de esta ciudad eligió o elige esa forma para acabar con su vida. Cuando la sensibilidad acerca del océano y sus oscuros misterios es extrema, el sujeto comienza a investigar de manera enfermiza, y según las malas lenguas, a tener alucinaciones y delirios místicos con antiguos seres venidos desde las profundidades marítimas.

Esas personas, como la poeta Storni, desarrollan una ligera pero malsana esquizofrenia. Otra anécdota trágica es la de Lucien Andreaux, poeta francés radicado en Mar del Plata desde los 15 años. El europeo asesinó a mano limpia a dos comerciantes del puerto que pertenecían a la misma familia, la cual, casualmente, tenía una fama siniestra en la ciudad debido a su pertenencia a cierto culto esotérico. Cuando la policía lo llevó, preso de una alucinación mezclada con emoción violenta, el asesino sólo atinaba a formular una explicación fantástica sobre los fundadores de la ciudad, como Peralta Ramos o Luro, teniendo descendencia con repugnantes criaturas que vivían cerca del puerto. En la irracional historia del francés, que fue escuchada por varios transeúntes, la ciudad estaba corrompida por estos seres del mar, y él había hecho un bien en matar a dos. El francés se suicidó tres días después en su celda de manicomio: el dato curioso es que los peritos encontraron pequeñas escamas, casi invisibles a simple vista, alrededor de su cuello.

La historia de Andreaux nunca pasó de ser un rumor; en ningún diario de ese año se menciona la noticia. Esta truculenta anécdota es conocida por un casi nulo porcentaje de los marplatenses, y descreída por la mayoría de los que la conocen.

Sin embargo, la historia del francés puede y ha sido verificada con cierto esfuerzo y espíritu investigativo. Es más: si uno mira atentamente a ciertos comerciantes del puerto, verá que comparten algunos rasgos para nada tranquilizadores, como los ojos saltones y los gruesos y boqueantes labios. Los más paranoicos dicen haber visto a algunos de ellos saltando al mar en ciertas noches de luna nueva y también practicando danzas arcaicas en recónditas playas del sur. Huelga aclarar que estos dichos no son en absoluto de fiar y, de hecho, somos los menos los que les prestamos atención.

A pesar de todo, la modernidad y el progreso de la urbanización terminaron por tapar casi del todo estas leyendas en capas de cemento y asfalto. Ciertos periodistas olvidados han comparado los extraños e ignorados sucesos de Mar del Plata con los de la ya fantasma ciudad de Innsmouth en Estados Unidos. A veces, misteriosas corrientes marítimas que no deberían existir arrastran a turistas hasta las entrañas del océano: hace unos años se encontró un cadáver de uno de estos en una playa del sur, con el rostro desgarrado y extrañas marcas similares a runas en el pecho. La noticia fue tapada igual de rápido que lo que tardó la policía en incinerar el cadáver, pero algunos policías aflojaron la lengua bajo los efectos del alcohol en ciertas cantinas de mala muerte, aunque es la opinión popular que estos agentes todavía se callaban detalles peores.

Muchos y horrendos son los rumores que corren entre marineros e intelectuales de la ciudad. La mayoría de los habitantes ni siquiera los conoce, pero casi todos tienen, en el fondo, una mezcla de pavoroso respeto y religioso temor al oscuro atlántico. Luces extrañas bajo el agua, cadáveres ocasionales y sombras nadadoras en noches puntuales del mes ayudan a fomentar las habladurías y forman parte de un oscuro folklore de pocos; pero no se preocupe, probablemente usted tenga una buena experiencia en la ciudad. Eso sí, cuando el cielo se torne plomizo, el viento corra frío y el mar se embravezca, tenga mucho cuidado con el mar. Y cuando esté soleado, quizá debería estar atento.

A los marplatenses no nos gusta el mar.

Creación propia
http://foreverandion.blogspot.com.ar/2013/01/la-penumbra-de-la-costa.html

A.

Escritor aficionado, estudiante de Letras. Toma la vida con humor, pero duda Descarteanamente de todo. Amante de la literatura, decepcionado de la vida, pero siempre esperanzado. No hay nada que le guste más que hacer que la gente se ría, y que piense; dos desafíos enormes.

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9 comentarios de “La penumbra de la costa”

  1. Interesante, algo así como «rumores de un pueblo pequeño e ignorante» solo que elegiste una ciudad con atractivo turistico, no un pueblo (O al menos, eso creo, ya que no conozco Mar del Plata), esta bien relatado, lleno de suspenso y la incertidumbre clasica de los rumores, aunque me preocupan 2 cosas de esto:

    1) Que hayas generalizado que a los marplatenses no le guste el mar.

    2) Que digas tu ciudad natal (Además de tu nombre), ahora es posible que algun psicopata de esta pagina trate de matarte… yo lo haría, pero no tengo dinero.

  2. ******SPOILER ALERT!!!******SPOILER?*****

    Ah! Me encanta la esencia Lovecraftiana que flota en el aire y se mezcla con el salitre. Me agrada en gran medida también como has logrado dar continuidad al género, trasladándolo a las costas argentinas.

    Me quito el sombrero, mi querido compatriota.

  3. Hasta El Sicario es más creepypasta que éste. No te debería inquietar a menos que seas un turista o residente de la ciudad, o demasiado bueno imaginándote como tales durante el relato. Los creepypastas para un público tan reducido siempre serán fails, por más bien escritos que estén.

  4. Es que lo escribí especialmente para turistas y bueno, tenía ganas de subirlo.

    Tubbie, solamente vienes para tirarme abajo, en los otros dos ni comentaste :_

    1. Mmmmm Buena forma de estar a salvo, entre Nestormento y Nestornado… Eso me da la idea de que un creepypasta, en el que el tan temido Día de Todos los K llegara y el Kdaver que-mira-a-ambos-lados-al-mismo-tiempo se levantara de su sepulcro, para beber la sangre que su arpi-esposa, La-Reina-de-Los-Fondos-Buitres, no ha podido absorberle a los habitantes de cierto pueblo, si está bien escrito, sería terrorífico… Localmente al menos.

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