La leyenda del Corta Jamones

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Lo que estoy a punto de contar es un acontecimiento totalmente siniestro y perturbador de mi pasado. Puede que a ustedes les parezca gracioso pensar en un corta jamones como protagonista de un creepypasta, pero os aseguro que fue terrible. Asistí a terapia durante toda la secundaria y parte de la preparatoria. Empieza así:

Hemos de situarnos en España, Madrid, en el año 2003, época durante la cual yo asistía a la educación primaria. Ustedes saben lo estúpidos que somos de niños, y en sexto, con las hormonas nos empezamos a volver locos. El caso es que se puso de moda un juego muy popular, llamado “Ouija”. Los más atontados de clase, de los cuales ninguno era yo, decidieron realizar el pequeño ritual y llevarlo a cabo en el recreo, a plena luz del mediodía. Pero, no sé si por compasión, o por hijoputez, decidí decirles que esas cosas se realizaban durante la noche, preferiblemente a las doce. En lugar de recibir una colleja, todos pensaron que mi idea era genial, y lo era, el problema era que eramos unos jodidos niños que no se mantenían en vela más allá de las diez de la noche. Pero eso no les detuvo. La más puta de clase, que ya lo era en primaria, organizó una especie de fiesta de pijamas, solo para su séquito de imbeciles, puesto que no me invitó a mi…zorra. Pero en el fondo me alegro, ya que si hubiera asistido probablemente estaría demasiado drogado con morfina como para poder relatar la experiencia.

El caso es que después del fin de semana, el lunes, solo asistió la puta de clase, pero dejemos de llamarla puta, para llamarla zorra. Sí, era muy zorra, menos conmigo. Zorra. De todas formas, no le dí importancia, hasta que algo raro sucedió. Se acercó a hablarme. Se me dilataron las “pupilas”, y me puse nervioso, pero mantenía mi cara de caballero para parecer interesante y misterioso. Lo que me dijo hizo que cambiara mi expresión. Debió ser muy graciosa, porque la mitad de la clase se partió el orto. Me dijo ” no quiero ir a cagar sola”. Su atractivo desapareció instantáneamente, ya que la idea de la chica cagando hizo que se me contrajeran las “pupilas”. Pero no lo decía en broma, estaba asustada y casi llorando. Y para hablar conmigo debía de ser algo serio. No es que no tuviera amigos, pero me consideraba demasiado elegante para entablar una relación con esa gentuza.

Siguiendo con la historia, en el recreo de ese mismo día, me obligó a acompañarla al servicio de niñas, y a esperarla en la puerta, a modo de guardaespaldas. Pero no duró mucho puesto que el hedor repugnante, a mierda y sangre(no sabía todavía lo de la sangre) hizo que me mareara y me entraran arcadas. Eso unido a la profesora que me arrastraba de las orejas fuera del baño mientras se me escapaba la comida de la boca dejaba sola a la niña(puta). Espere fuera del baño, pero tardaba demasiado en salir. De todas formas no iba a entrar, y parecía que estaba enferma y tenía cólicos. Le llevaría tiempo. Cuando faltaban tres minutos para volver a clases, la llamé tres veces, “puta,puta,puta”(omito el nombre). Salió disparada hacia fuera, casi rompiendo la puerta de cartón-piedra del baño. Estaba empapada en sudor, y tenía los pantalones ligeramente bajados, se le veía la ropa interior, por lo que no escuché nada de lo que me dijo, pues estaba enfocado en descubrir el color, textura, forma y diseño de la prenda. Derrepente un sonido metálico proveniente del baño hizo que dejara la importante labor en la que estaba enfrascado para centrarme en los llantos de la chica, y girar bruscamente hacia el escusado.

Con miedo, pero con más curiosidad, quise descubrir el origen de tan peculiar sonido. “¿Metal?” Pensé. Pero no, demasiado caro para una escuela pública. Decidí entrar a investigar, aboliendo los llantos de la chica y el miedo a la profesora. Pero me detuvo la chica. Tenía demasiada fuerza para ser una niña. Me gire y cuando la iba a pegar para que me dejara ir, me impactó la imagen de la sangre brotandole de un brazo. Con lo de las bragas, ni me había fijado. Entonces, venciendo mi hematofobia, me arranqué un trozo de la camisa y le hice un torniquete en el brazo. Parecía que dejaba de brotar sangre, pero la acompañe a la enfermería para asegurarme de que estuviera bien.

Llegó el martes. Y no vino ninguno de los pendejos de la Ouija. Así hasta el viernes. El viernes, que casualmente era 13, aparecieron los 7 juntos, por la puerta. Todos con cara de orto, digo orco, y con la mirada perdida. La chica apareció, estaba normal, pálida si acaso, pero parecía asustada y esquiva conmigo. En el recreo, me dispuse a hablar con ellos, a pesar de que pudieran insultarme como usualmente hacían. Pero se mostraron cordiales e indiferentes. Eso me asustó. Pero no era desagradable. Les pregunté la causa de su ausencia, y entonces se pusieron muy nerviosos, y alterados. Se pusieron a murmurar, y yo estaba delante. Podía oírlos. Eran estúpidos, ya lo dije. Decía cosas incoherentes, como “jamón” “gordo””duende””monstruo””baño” y demás cosas que no conseguí conectar. Solo entendía lo de “baño”. Parecía que habían desarrollado una fobia extrema al escusado. Les preungte de nuevo “¿Baño?”. Entonces las chicas empezaron a llorar y lo chicos a mearse encima. Era asqueroso. Pero permanecían uniidos, como una piña desagradable, a pesar de estar rodeados por un charco amarillento, nitrogenado.

Les dije que entraría al baño, pero se abalanzaron sobre mi, empapándome en un bukake vomitivo y desagradable. Me revolví con fuerza  para quitármelos de encima, pero no parecía afectarles mis fuertes puñetazos… bueno a lo mejor no era fuertes. De todas formas, conseguí escapar y fui corriendo al baño, entré y no vi nada raro. Me gire para ver como se volvían a lanzar sobre mi pero esta vez fui mas rápido y cerré la puerta, en la cara del gordo. Qué asco le tenía. No había nada, así que decidí echar un meo.

No sé por qué, pero notaba una respiración en la nuca, y pensé que era el gordo de mierda que siempre hacía eso con las chicas. Me giré para escupirle en la cara, pero no había nada. Salí a media meada, mojando el suelo y mis pantalones con el líquido dorado. Entonces ocurrió algo inimaginable. No me reflejaba en los espejos, que tomaron una tonalidad rojiza, y poco a poco lo hizo también el resto de la habitación. La situación era tan bizarra que creí estar alucinando. Una risa grotesca, malevola y estúpida provenía del último baño de la habitación. Ya no me atrevía a acercarme, pero la idea de una chica en el baño pudo más que mi precaución. Me acerqué y abrí bruscamente el baño, para sorprenderla y verla. Lo que ví me traumó de por vida. Observe a primera impresión, una melena rubia totalmente descuidada, pero brillante, como empapada en grasa. Baje un poco la vista, buscando lo que buscaba, y me sorprendieron dos cuencas vacías, oscuras como el negro de clase, pero coronadas conun resplandor rojo a juego con la tonalidad del escusado. Parecía una situación grotesca sacada de un libro macabro. Pero no acababa aquí. El sujeto, me miró, o eso creo, y blandiendo un cuchillo jamonero, como el de mi tío Eustaquio, en cunclillas, se acercó a mi. Lentamente. Estaba paralizado, casi se me sale la mierda del culo. Pero a la vez estaba tan sereno que me percate de cada detalle de la habitación. Para mi sorpresa observé un jamón. Sí, un jamón de mierda. No había nada que desencajara más en la situación  que esa pierna de cerdo. Entonces salí cagandome en la puta, resbalándome en mi propia orina, y casi desnucandome. Conseguí salir como pude de esa habitación infernal, satánica, bizarra. Y los 7 estudipos me esperaban fuera, llorando sangre. Continuará.

 

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JK

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8 comentarios de “La leyenda del Corta Jamones”

  1. Si, pasa a ser gracioso, no es de terror.. jajaj un jamon .. ajjaja .. bueno, creo que podrías decir que son idiotas, que ella era una puta, y todo lo demás pero de un modo más elegante. Y si que bruto ajajja

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