Johnny jaló el gatillo

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El grosor del cañón se sentía pesado en las manos de Johnny. Aún no comprendía las implicaciones de lo que estaba haciendo, pero a Sally no le pasó nada cuando jaló el gatillo, así que, ¿por qué no?

—Entonces, estás segura, ¿verdad…? ¿Solo pongo la pistola en mi cabeza de esta forma?

El metal gélido le hizo cosquillas en su sien. Por algún motivo, las manos de Johnny temblaban, quizá por un miedo instintivo enclavado en su mente.

—Exacto, Johnny. Pero ahora no —Sally le agarró la mano que sostenía la pistola y se la retiró—. Solo hazlo cuando estés enojado o sintiéndote triste. De otra forma, la magia no funcionará.

Johnny asintió y procedió a jugar con la niña misteriosa —que había conocido ese día— hasta el anochecer. Luego, cuando se fue a la cama, aseguró la pistola debajo de su colchón. Incluso al ser un niño, sabía que eso no era algo que les debía mostrar a sus padres; nunca les había gustado que Johnny recibiera cosas de desconocidos.

Recordó la pistola después de un día particularmente duro en la escuela. Su compañero, Larc, lo llamó «ñoño» por haber sobresalido en el examen de Ciencias. Johnny era de piel gruesa, así que irritarlo no era fácil, pero se sintió agitado cuando Larc lo esperó afuera de la entrada de la escuela y estiró la pierna, haciéndolo tropezar.

Johnny derramaba un rencor efervescente cuando sacó el arma de fuego de su colchón. El cañón frío, una vez más, descansaba sobre su sien, y con un apretón del gatillo, un «pop» resonó a medida que confeti se propulsaba desde el otro lado de su cabeza. Johnny observó el suelo lleno de confeti con asombro, preguntándose cómo se había podido materializar de la nada, pero no importaba. Toda la malicia que había experimentado se había ido.

Larc no se presentó a la escuela al día siguiente. De hecho, Larc no iba a regresar nunca más, y aunque la mayoría estaba triste por ello, Johnny estaba encantado. La última cosa que le importaba era ser acosado por otro mocoso abusivo.

A pesar de esa celebración, la agitación se convirtió en el mejor amigo de Johnny. Cuando el perro del vecino lo persiguió y lo hizo caer, jaló el gatillo. Cuando su maestra le dio una F por su proyecto de arte incompleto, jaló el gatillo.

Un día, estaba cenando con su madre en la mesa del comedor. Ella estaba de mal humor por un día extenuante en el trabajo, y castigó a Johnny luego de que se rehusara a comer el brócoli en su plato, incluso cuando el chico le suplicó que comería cualquier otra cosa.

Tras regresar a su alcoba, Johnny se precipitó enseguida hacia la pistola debajo de su colchón. Aferró su dedo al gatillo y aclaró su mente con un disparo.

Se despertó más tarde de lo usual la mañana siguiente. Al bajar a la cocina, su piel palideció. La mesa del comedor y el piso estaban empapados de sangre, y el cadáver de su madre tenía un agujero de bala en su cabeza.

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La traducción al español pertenece a esta página. Fue escrito en inglés por Solaceus:
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3 comentarios de “Johnny jaló el gatillo”

  1. Cada vez que Jhonny accionaba el gatillo en su cabeza, la persona o animal que le había perturbado de alguna forma, era asesinada por un tiro por parte de la pistola mágica. Conclusión: Johnny era un asesino sin saberlo.

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