En la frontera de la muerte

Tiempo de lectura: Cerca de 9 minutos.

En la frontera de la muerte ganó como la mejor historia enviada en el mes de julio, 2015, y como la segunda mejor historia del año.


El rostro lo tenía embarrado de tierra y sudor, este último a causa de un gran esfuerzo constante que él le administraba a cada centímetro de su casi etéreo cuerpo debido al cansancio. Su lucha se había vuelto constante, había sido llevado a los límites de lo inimaginable en la batalla por su supervivencia contra aquellos amorfos cuerpos que alguna vez albergaban almas.

Sin embargo, su supervivencia no se debía a su fortaleza, suerte o algún azar del destino. Al contrario: era débil…

…y cobarde.

Esta situación le era demasiado incómoda, pero ¿qué más podía hacer?

Un día, simplemente despertó. Le palpitaba la cabeza. Fue el dolor de cabeza más insoportable y persistente que había sufrido durante su corta vida. Le recordaba a un día después de una noche de borrachera y excesos. Sin embargo, de alguna extraña manera, eso lo había salvado, aunque no lo sabía aún.

Algo lo tuvo que interrumpir en su estado de despertar pues un nauseabundo olor lo había sacado de sus laureles. No pudo detectar cuál era la causa de ese aroma tan pestilente y nauseabundo, puesto que la habitación en la que residía estaba sumergida en un espacio tan negro y tan oscuro que él llegó a preguntarse si estaba ciego. El pánico corrió por sus venas de inmediato. El rostro empezó a transpirar fríamente, aportando al ambiente un poco más de pesadez.

Guiado por el miedo, empezó a caminar hacia el respaldo de la cama (que lo había guarecido, junto a sus sábanas, del frío calante en el ambiente). Y encontrando la primera pared, caminó guiado por el único sentido que le servía fielmente: el tacto.

Al poco tiempo, se encontró con una superficie lisa, la cual de inmediato identificó como una ventana corrediza, y jaló de ella con la esperanza de tener intacta la vista. Para su tranquilidad, y respirando con un aire más ligero, su suposición era falsa. Y lo primero que vio primero fueron unos barrotes a modo de protección de ladrones y hurtadores, para posteriormente contemplar un patio pequeño de una casa, lleno de plantas, de baratijas y otras cosas sin mucha importancia.

Ignoró todo eso para investigar por qué la ventana no dejaba pasar la luz, y para su sorpresa, esta estaba pintada y cubierta de pintura negra. No entendía muy bien por qué se encontraba así la ventana, por lo que dio media vuelta para ver su entorno, y para su gran sorpresa, e impacto, encontró el cadáver de una mujer un poco mayor que él, aparentemente. Y su estado de putrefacción había logrado que su rostro fuera casi irreconocible para él.

Y nuevamente sintió ganas de devolver la tripa, esta vez sin contener todo lo que albergaba su estómago, dejando caer bilis a su lado. Aunque, extrañamente, cuando contempló el cadáver por segunda vez, sintió una serie extraña de sentimientos: atracción, tristeza, confusión, miedo, compasión y finalmente la más poderosa, el sentimiento de creer que la conocía de algún lado.

En su vientre yacía una mano putrefacta, que a su vez contenían un arma que no supo reconocer por la tenue luz, y una carta, la cual tomó con cuidado. Con rechazo, la comenzó a leer…

Mi querido Vic,

Sé que lo que haré va en contra de mis principios, valores… y sentimientos. Me da una pena tan solemne y desastrosa hacerte esto, pero me vi obligada a hacerlo, y cuando despiertes, lograrás ver mi nuevo estado.

Pero antes, me expiaré de cometer mi destino.

Cinco años atrás, tuvimos un accidente automovilístico. Yo, por fortuna, salí casi ilesa, sin embargo tú no lograste tener suerte, pues tuviste una grave contusión que te dejó inconsciente y entraste inmediatamente en coma, que irónicamente, nos mantuvo por vida mucho tiempo. Y además, te salvó a ti.

Ya en el hospital y después de la cirugía de reconstrucción facial (no te preocupes, las cicatrices ya casi desaparecieron, aunque puedo decir que ahora tienes una gran cicatriz  a lo largo de la cara), la doctora encargada me dijo que estaba segura de que saldrías del coma pronto. Aunque estos cinco años fueron en realidad los cinco años más largos de mi vida.

Sin embargo, no tuve más remedio que ser fuerte y esperar a que despertaras. No hubo día en el que yo no te visitara al hospital, en el que yo no derramara una lágrima por ti. Sé que despertarás pronto, pero cuando lo hagas, tu mundo se caerá. Junto con el mío.

Pero bueno, ahora va la segunda noticia mala.

Hace poco me enteré de una epidemia que dejó a millones de muertos en el país. No se sabe aún la causa de esta extraña epidemia. Y por más raro que parezca, algunos ni siquiera morían del todo, sino que al final sufrían una clase de esquizofrenia o locura que los llevaría a atacar a quien se les acercara.

Gracias a esto, los hospitales se empezaron a abarrotar de gente, y cada cuarto era puesto en cuarentena. Pero aun así no sobró la ocasión en que algún paciente antiguo destruyera la puerta y tuvieran que anestesiarlo. No obstante, muy pronto empezaron a adquirir inmunidad a las drogas, y estas, en vez de dormirlos, los enojaban más.

Fue entonces cuando la doctora en jefe te dio de alta y te envió a casa a mis cuidados y con todo el material necesario para tu supervivencia.

Esta acción fue la más generosa que pudo tomar, pues si no hubiese hecho esto no sé si estaríamos aquí aún. Las calles se habían atestado de gente con miedo y empezaron a robar, asaltar, violar y matar a otra gente, con tal de poder «sobrevivir».

Muy pronto, me encarcelé contigo y con Luis para poder pasar aquí unos cuantos días hasta que se calmara la situación. Cosa que nunca sucedió. Y gracias a esto, de grata manera, Luis se ofreció a instalar unos barrotes a modo de protección en las ventanas y puertas, los cuales nos salvaron durante un tiempo, pero más adelante entenderás por qué.

Una semana después, hace veintiocho semanas atrás, empezaron los terribles acontecimientos.

Gracias a los medios informativos nos enteramos de que esta enfermedad estaba matando a la gente, y el gobierno, al no poder controlarla, pidió ayuda a otros países. Una empresa autorizada respondió a nombre de Francia. Esta empezó a crear una cura llamada Nerotonin, que era un prototipo, pero al parecer falló, pues se aplicaron a sujetos de prueba y nunca se supo qué le pasó al grupo.

Esta compañía, llamada Secronom, parecía ser totalmente innovadora y casi milagrosa, puesto que una semana después ya tenían la línea de Nerotonin 2, 3 y 4. Una por mes.

La N-2 fue un total logro. Poco después de las pruebas ya se habían creado millones de copias para combatir el virus, que fue un éxito. Para el siguiente mes ya se habían controlado las masas y todo volvía a la relativa normalidad. Al mismo tiempo que se hicieron pactos entre gobiernos y Secronom para distribución de la N-2.

Secronom se volvió poderoso y famoso al poco tiempo, pero no había perdido tiempo y creó la N-3, que, esta vez, había sido creada para combatir el cáncer. Aunque falló en las pruebas.

Y finalmente, se creó el arma con un propósito noble (o eso es lo que trataba de vender Secronom): la Nerotonin-4, que había sido creada con el mismo propósito que su predecesor, pero no estoy del todo convencida (aún) de eso, pues se rumoreaba que se querían crear supersoldados y hablaban de cosas sobre mejorar la raza humana.

En fin, la N-4 se aplicó a ciento ocho sujetos de prueba. Pero el gobierno francés no había autorizado a estos ciento ocho sujetos para pruebas del N-4, sino simplemente para la N-3. Así que días después de que se aplicaran las pruebas del N-4 a los ciento ocho sujetos, y mientras estos estaban en cuarentena para observación, Francia obligó a la compañía Secronom a desalojar el edificio para llevarse a los sujetos a su país. Secronom no admitió su «error de comunicación» y los ciento ocho sujetos fueron puestos en libertad por el ejército en el edificio sede de la región local.

Grave error…

A base de la N-4, los sujetos (algunos fueron incluso pacientes de la epidemia) habían cambiado y empezaban a atacar a otra gente a su alrededor, como si la N-4 hubiese despertado la maligna enfermedad nuevamente. El pánico se formaba en las calles una vez más, pero esta vez mucho, mucho peor. Había muertos por doquier y había algunos que se morían (o parecían estarlo), para después ver que eran atacados por convulsiones para luego levantarse de golpe y hacer lo mismo que lo que los había convertido en ese nuevo ser «viviente». Así que la gente fue atacada y la mayoría se transformaba en menos de trece segundos.

La nueva pandemia viajó atacando a Estados Unidos primeramente, y posteriormente se asentó en otros países de «primer mundo».

Las sociedades se derrumbaron y todos empezamos a hacer lo que pudiéramos para sobrevivir. Fue el fin.

Pero esa pandemia acabó finalmente con mi hermano, y luego conmigo, puesto que una noche, mientras buscaba comida y medicamentos en la zona junto a mi querido hermano, desgraciadamente nos encontramos a una bestia amorfa. De inmediato supimos que era producto de una de las pruebas, ya que tenía mutaciones en todo el cuerpo: medía alrededor de 2.5 metros, con cuerpo robusto, ropa hecha jirones, y lo más visible de todo… un recubierto de huesos, que más que otra cosa, parecía un exoesqueleto que cubría hasta la cabeza.

Era una abominación, y mientras el monstruo nos contemplaba con inseguridad, Luis lo atacó con tanta rapidez que el monstruo ni se percató (no hasta que Luis le trató de clavar un hacha entre una hendidura del exoesqueleto); pero el recubierto ni se inmutó, no había rastro de que el hacha lo hubiese dañado. El monstruo actuó ante el movimiento de mi pobre hermano que fue enviado al otro lado de la calle con una fuerza tan descomunal que fue lanzado varios metros fuera de su alcance. Milagrosamente, mi hermano seguía ileso, pero sabíamos que yo no correría la misma suerte, así que corrí en lo que la bestia se centraba en mi hermano. Justo cuando mi hermano se levantaba y se recuperaba, la bestia huesuda recorrió el tramo que los separaba de 15 metros en tan solo un segundo. Y lo último que vi fue que mi hermano me sonrió melancólicamente, y leí en sus labios «corre», justo antes de que esa bestia descomunal lo agarrara del cuello y le destrozara la cabeza. Y a pesar de estar 15 metros detrás del cometido, oí cómo crujió su cabeza. Simplemente no pude contener las lágrimas y lloré histéricamente en ese momento. Mi hermano, que siempre me cuidó, hasta en su último acto, ¡había muerto de una manera horrible!

¡Lloré como nunca lo había hecho! ¡Y aun así, el demonio seguía comiéndoselo!

Di patadas, quería golpear todo lo que había a mi alrededor, incluso me rompí los nudillos cuando empecé a hacerlo. ¡Seguía escuchando cómo esa mierda de monstruo se estaba comiendo pedazo a pedazo, mordisco a mordisco, a mi propio hermano del alma!

Hasta que no quedo mucho de él…

No pude soportarlo y corrí por las calles, matando a esas mierdas que rondaban por las calles con un simple tubo de metal que tenía a la mano. Pero mientras lo hacía para desquitarme de lo sucedido, fui mordida y rasguñada decenas de veces por esos malditos.

Sigo sin soportar esa pérdida. Y ahora yo estoy perdida, aunque le doy gracias a Dios por darme mucho más tiempo de lo necesario para poder despedirme de ti, y de este mundo. Es por eso que ahora te escribo esta carta, pues aunque quiera vivir, solo traeré más tristeza a este mundo si me convierto en uno de ellos… sobre todo a ti.

Nunca había sentido algo así por nadie, pues eso que siento por ti, solo lo puedo comparar con el amor que le tenía a mi hermano.

Sé feliz y sobrevive por nosotros, pues te amo con todo mi corazón, Vic.

De tu eterna amante, Elizabeth.

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7 comentarios de “En la frontera de la muerte”

  1. Buena, las descripciones te hacen sentir que estás ahí… Aunque el olor de donde estoy ayuda. He leído muchas buenas historias que se merecen estar con la tuya, me alegro de que lo lograras por todos ellos.

  2. Es descriptivo, es emotivo, emocionante e intrigante. La explicación de la epidemia se agradece. La posición en la que está el protagonista, aunque ahora famosa por The Waling Dead, prepara el terreno para una historia muy atractiva; despertar de la nada a la nada. ¿Qué pasaría después?

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