El pozo de las cadenas + El Carnicero

Últimas leyendas urbanas alojadas en Nuevos envíos. El crédito va hacia tomas, quien nos comparte la primera historia, y el segundo relato es una creación original de Miguel Angel.

 

El pozo de las cadenas


En el pueblo de Tecate, ubicado al final de la Rumorosa, se cuenta que en tiempos de la Revolución Mexicana (alrededor de 1910) vivía un matrimonio de personas muy pacíficas y trabajadoras. El señor se encargaba del cultivo de las tierras y su esposa se encargaba del cuidado de la casa; eran una pareja sin hijos.

En aquella época no había mucha gente en los alrededores y los caminos eran simples brechas secas marcadas sobre el árido paisaje, vetas polvorientas por las que a veces pasaban los caballos levantando polvaredas con su andar.

Un día aparecieron unos hombres que llevaban varias horas caminando bajo el sol ardiente. Extenuados y sedientos de tanto andar bajo el calor, vieron que el señor que trabajaba en sus cultivos era la única persona que tenían cerca y, en consecuencia, se le acercaron.

—¡Buenas tardes! —saludaron.

—¡Buenas tardes! —respondió el señor, dejando su labor y ventilándose con el sombrero—. ¿Cómo así por acá? Muy poca gente viene por aquí.

—El deseo de encontrar buena fortuna nos trae —respondió uno de los hombres.

—Vamos a Tijuana, acabamos de cruzar la Rumorosa —dijo el otro.

—Pues aún les queda mucho camino, Tijuana está bien lejos.

—Sí, y eso que con lo que hemos andado ya nos morimos de sed. ¿No tendrá un poco de agua que nos regale? —preguntó uno de los extraños.

—¡Chingallos, me acabo de tomar el último trago! Pero ándale, no se preocupen que mi casa está cerca y tengo un pozo. A menos que tengan prisa… —respondió el campesino.

—¿Prisa? Prisa pero por beber agua, compadre —dijo uno de los hombres, y luego todos siguieron al señor para saciar su sed.

El hombre, que casi nunca veía a alguien pasar por el lugar, se emocionaba cada vez que venían visitantes e intentaba aprovechar la ocasión para enterarse de chismes y noticias. Se apresuró entonces por levantar sus aparejos y luego condujo a los hombres hasta su casa. Allí su esposa los recibió y ellos la saludaron quitándose el sombrero.

Una vez hubieron entrado, los hombres bebieron toda el agua que pudieron, comieron como náufragos y conversaron larga y amenamente. Entretanto, la tarde ya estaba por irse y el atardecer, en su avance, iba incendiando el cielo para después dar paso a los coyotes con sus aullidos de veneración ante el ascenso de la luna. Los hombres, sin embargo, no dieron muestras de marcharse, de hecho se veía que querían prolongar las conversaciones con el ánimo de quedarse. Notando esto, el hombre y su esposa les hicieron un catre con ramas de paja para que puedan dormir.

Pasadas las horas un grito rasgó el silencio de la madrugada, un grito que a lo lejos retumbaba como delatando la proximidad de la muerte en las inmediaciones. Nadie supo nunca qué ocurrió. Se cuenta, no obstante, que los extraños pertenecían a una banda de sangrientos delincuentes, de hombres deshumanizados que disfrutaban con el sufrimiento de todas aquellas víctimas que les oponían un mínimo de resistencia. Cuentan, pues, que intentaron robarles y que el hombre intentó oponer resistencia, quizá más de la cuenta, porque la crueldad con la que lo liquidaron aún se recuerda entre los habitantes de la zona: lo amarraron con cadenas, le quitaron los ojos, lo echaron al pozo y luego arrojaron piedras al pozo para cubrir su cuerpo ahogado. De su esposa y de los asaltantes nunca se supo nada.

Tal es al menos la versión que se tiene sobre su muerte, versión de la que muchos no dudan, sobre todo quienes cuentan que hay noches en que cerca del pozo se oyen ruidos de cadenas, gemidos de llanto e incluso escalofriantes alaridos de desesperación. Dicen que el campesino pena en busca de su esposa desaparecida y de los malditos que la asesinaron, dicen que por las mañanas se pueden ver con claridad las huellas de sus pies encadenados, que a veces se escucha como si lanzaran piedras al agua del pozo a pesar de que no hay nadie cerca que las lance… Incluso, hay quienes aseguran que, cuando han pasado cerca del pozo en la madrugada, han escuchado burbujas, tal y como si alguien o algo en el interior del agua las estuviera produciendo. Los pocos que se han atrevido a mirar cuentan haber visto un rostro grande de un espectral azul blanquecino, gritando con los ojos inundados de angustia; y ascendiendo, ascendiendo como para querer contactar con el asustado visitante…

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28 reflexiones en “El pozo de las cadenas + El Carnicero”

  1. Excelentes, la primera típica historia de “rancho” aderezada con toques de terror modernas y la del carnicero me encantó

  2. mi habitacion esta justo arriba de la cocina jeje y siempre hay cuchillos grandes o_o no duermo mas XD me gusto mucho la del carnicero , bastante original 😀

  3. La de las cadenas me parecio interesante y creo que moriria de miedo si alguna vez escucho todos esos sonidos que vienen de un pozo,pero para ser una creepy,sin el sonido,le falta…La segunda me gusto bastante,por alguna razon,ya me habia imaginado que el carnicero seria un loco desquiciado que vende carne humana en su carniceria o algo por el estilo,no pensé que se suicidara y luego cortara las cabezas de la gente como un fantasma xd tambien me gusto el final,mala suerte que estoy en el salon,que da directamente a mi muy-reducida-de-tamaño,cocina,asi que si hubiera algo raro,ya lo hubiera notado,creo….

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