El niño que nunca lloró

Tiempo de lectura: Cerca de 2 minutos.

Hay mucha gente ese día. Una gran cantidad de personas van y vienen.

Aquella mujer, a pesar de su nerviosismo, no sobresale de la multitud. Sostiene un bebé de pocos días de nacido en sus brazos. La mujer parece cansada y se altera con facilidad.

Cuando llega al aeropuerto, se da cuenta de que su vuelo se ha retrasado. Desesperada, la mujer se mueve de un lado a otro, pero por suerte su bebé no se da cuenta.

Los minutos pasan como si fueran horas. La mujer no está del todo consciente de su alrededor, y tropieza con un guardia de seguridad. Es un golpe fuerte, pero logra amortiguar al bebé.

¿Está bien, señora? —pregunta el oficial, ayudándola a pararse.

La mujer, titubeando, responde que sí. Y se aleja velozmente.

Se sienta a esperar. A su lado, una joven intenta sacarle conversación, pero se limita a responderle con pocas palabras. Cuando al fin anuncian que su vuelo está por despegar, se levanta apresurada y se dirige a su respectiva plataforma.

Entre los guardias asignados a ese andén, se encuentra el mismo con el cual se tropezó. Después de revisar sus cosas, el guardia le pregunta por su bebé. Ella responde nerviosamente que está bien.

¿Puedo verlo un momento? No nos gustaría que su bebé viajara estando herido, ¿verdad?

Pero la mujer insistía con que su niño estaba completamente bien.

—Por favor, solo será un momento. No le haré daño.

La mujer se queda pensativa por un instante.

De pronto, le lanza el bebé al guardia y sale corriendo. Pese a que el oficial trató de agarrar al pequeño con cuidado, por culpa de los trapos que lo cubrían, lo acabó atrapando desde la pequeña cabeza. Pero el bebé no lloró en ningún momento.

Las mantas cayeron al suelo, desnudando a la criatura, la cual tenía una sutura tosca que se extendía de su entrepierna hasta casi llegar a su cuello.

Pocos segundos sostuvo el oficial al niño, pero eso bastó para que su cuello cediera ante el peso tremendo del resto de su cuerpo. No hubo sangre cuando se desprendió, solo numerosas bolsas de látex pequeñas rellenas de droga.

Y aunque el niño nunca lloró, hubo muchas personas que lloraron en su lugar.

Propia, con ayuda de un amigo

kagemaru13

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61 comentarios de “El niño que nunca lloró”

  1. El ser humano no es la única especie que se autodestruye. Cualquier especie puede atacar a otro de su misma especie si se siente amenazado por ésta. Lo único que cambia con respecto al ser humano, no es solo el hecho de que nosotros estemos conscientes de ellos, sino también los motivos para esto.
    El ser humano es la única especie malvada porque nosotros fuimos los que inventamos la palabra y le dimos un significado, si fuéramos seres ineptos que apenas estuviéramos vagamente conscientes de nosotros y de nuestro alrededor. No importa cuantas atrocidades hiciéramos, no seríamos malos porque no seríamos capaces de inventar el término.
    Simple. Por eso el ser humano es el más malvado del planeta.
    So easy.

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