Descubrí una puerta oculta en el sótano… y creo que cometí un grave error

Tiempo de lectura: Cerca de 5 minutos.

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v0ids creó esta historia, escrita originalmente en inglés bajo el título I Found a Hidden Door in My Cellar, and I Think I’ve Made a Big Mistake.

Traductor: Creepypastas​.com


Mi esposa y yo hemos vivido en nuestra casa por alrededor de cinco años, y en ese tiempo solo hemos ido al sótano un puñado de veces. Nuestra casa es una casa victoriana antigua con terraza, así que el sótano es viejo y húmedo. Cuando nos mudamos, en un comienzo, mantuvimos vino y otras cosas ahí (porque a mi esposa le gustaba la idea de poder decirle a las personas que teníamos un «sótano de vinos»), pero se volvió molesto ir abajo cada vez y acabamos prefiriendo el espacio de bodega.

Hace unas semanas, decidimos que lo íbamos a renovar —quizá convertirlo en un minigimnasio—. Un fin de semana, bajamos y empezamos a limpiarlo. El sótano tenía piso de madera, pero las paredes estaban cubiertas con un detestable papel tapiz amarillo de flores. Se veía excesivamente anticuado y asumí que debieron haberlo colocado hace décadas. Así que empezamos a quitar el papel tapiz, y fue entonces cuando encontramos la puerta.

Una puerta de madera estaba oculta detrás del papel tapiz. La perilla había sido removida, dejándola plana. Estábamos confundidos por cómo no la habíamos notado antes, cómo se había combinado tan bien con el resto de la pared. Pero, para ese punto, estábamos en particular emocionados por haber descubierto una puerta secreta, e hicimos su rareza a un lado mayormente.

Todas las casas en nuestra calle tienen sótanos; no era extraño asumir que pudo haber sido una vieja entrada que conducía al sótano de la casa vecina. Decidimos que les diríamos a nuestros vecinos sobre la puerta mañana por la mañana, y sugeriríamos que la tapásemos (no me sentía cómodo al tener ese punto de acceso hacia nuestra casa).

Mi esposa trató de ver por el círculo pequeño de la puerta en donde la perilla o manija había sido retirada, pero estaba totalmente negro ahí. Sintiéndonos entrometidos, usamos la linterna en su teléfono para espiar por el agujero. Mi esposa miró primero y luego se mantuvo quieta.

—Esto no conduce al sótano de la siguiente casa —dijo lentamente. Fruncí el ceño y le pedí el teléfono para ver por mí mismo. En lugar del sótano, había escalones conduciendo hacia abajo. Como no pude ver más con la luz del teléfono, traje mi linterna grande y abrí la puerta.

Vimos bajo las escaleras con la linterna. No eran muy largas y al final de los escalones había otra puerta. Esta se veía realmente antigua; tablones de madera adheridos entre sí con columnas de metal. Incluso tenía una de esas manijas de timbre.

Mi esposa propuso que le consultáramos a nuestro vecino sobre esto antes de bajar y salir, pero yo tenía demasiada curiosidad al respecto. Tomé la linterna y bajé. Traté la manija y estaba un poco rígida, pero fui tomado por sorpresa cuando la puerta se abrió.

Iluminé adentro con la linterna. Era un cuarto de concreto similar a nuestro sótano, pero más pequeño, y esta era la única entrada o salida que podía ver.

Meneé la linterna por el cuarto y casi doy un salto por la impresión. Había un hombre parado al final de la pared, viendo hacia ella. Estaba inmóvil, por completo, y vestía un traje y sombrero negros. El hombre permanecía tan quieto que comencé a pensar que era algún maniquí, hasta que levantó su pie pausadamente.

Me quedé congelado con mi linterna entrenada en él. Solo alcanzaba a iluminar su cuerpo, pero el resto de la habitación permanecía en oscuridad total. Mantuvo su pie en el aire, antes de empezar a desplazarlo un paso hacia atrás. Sus movimientos fueron antinaturales y torpes, como alguien que no entendía del todo cómo es que se camina. Permaneció así por un momento, aún quieto, con un pie echado hacia atrás. Luego levantó su otro pie de la misma forma incómoda. Esta vez, cuando completó el paso en reversa, su pie se estrelló contra el suelo.

El sonido me sacudió de mi letargo y salté hacia atrás. Tan pronto como me moví, fue como si gatillase algo, y él se desplazó abruptamente. Estaba corriendo al revés en mi dirección con sus piernas disparándose hacia atrás torpemente. Al escribir esto, suena un tanto gracioso, pero en ese momento fue totalmente aterrador. Nunca he visto a alguien moverse de esa manera.

Por reflejo, le lancé la linterna (quizá pensé que podría noquearlo o herirlo, aunque realmente no estoy seguro) y me devolví a las escaleras, tirando la puerta detrás de mí y corriendo hasta el sótano, tirando la segunda y última puerta también. Titubeé frente a la entrada al sótano, haciendo una barricada con mi brazo, tratando de controlar mi respiración y entender lo que había presenciado.

Escuché el sonido de la puerta subterránea siendo empujada y abierta, y luego lo que sonó como algo arrastrándose a través del piso. Creí haber escuchado por lo bajo una especie de siseo, momento en el cual salí huyendo de la casa y gritando el nombre de mi esposa. Ella estaba en el pórtico hablando con el vecino. La agarré y la jalé hasta el otro lado de la acera, gritándole a mi vecino que se alejase de la casa.

Sin explicarles lo que había visto, saqué mi teléfono y llamé a la policía. Todos estábamos esperando en la oscuridad —mi vecino con su bata y pantuflas— viendo a la casa. Luego de unos momentos, vi que las luces que habíamos dejado encendidas en nuestra cocina se apagaron. Lo único que recuerdo es haber sostenido la mano de mi esposa firmemente, observando a través de nuestras ventanas oscuras y esperando a que la policía llegase.

No encontraron a nadie en la casa, pero la puerta del sótano estaba abierta así como nuestra puerta trasera. Habían revisado el jardín, pero no había nadie, ni ninguna huella visible o signos de que alguien estuvo ahí.

Trajeron un equipo forense para revisar el cuarto escondido. Mi vecino dijo que no tenía conocimiento alguno de cuartos como ese. No quería volver a bajar ahí, así que nos enseñaron fotos de las paredes dentro del cuarto. El concreto estaba tallado con símbolos y habían encontrado sangre de cientos de años edad. Enviaron los símbolos al departamento de historia de nuestra universidad local, pero nadie supo lo que significaban.

Sellaron la habitación y nunca hemos vuelto al sótano de nuevo. Creo que cometí un grave error al abrir la puerta ese día, al entrar a ese cuarto. Creo que liberé algo… algo que alguien había encerrado por una razón, y no creo eso que vi sea bueno.

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