¿Bebiste red bull en los últimos noventa días?

Tiempo de lectura: Cerca de 8 minutos.

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E. Z. Morgan creó esta historia, escrita originalmente en inglés bajo el título Did You Drink a Red Bull within the past 90 Days?

Traductor: Creepypastas​.com


Si bebiste Red Bull en los últimos noventa días, sinceramente espero que te estés sintiendo bien. Pero temo por ti.

No escribiré mi nombre, pues desconozco lo que me harán si descubren que estoy escribiendo esto. Me referiré a mí mismo como Zed. Trabajé en una de las compañías de producción de Red Bull en Austria por siete años. Era un buen trabajo. Me ayudó a proveer para mi esposa e hijos. La mayoría de quienes trabajaban ahí eran nativos de Austria, pero yo era de un país occidental. Visité Austria desde que era un joven, conocí a mi esposa y nunca me fui.

No era lo que mis padres habían querido para mí, lo cual es probablemente la razón por la que hablamos tan poco. Había abandonado mis estudios secundarios, tratando de encontrar mi camino en la vida. Vagué alrededor de Europa por dos años, solo quedándome a dormir en sofás o pasando la noche ocasional en un parque. Me acostumbré a trabajos erráticos para gastarme todo el dinero en cerveza. Pero cuando conocí mi esposa, sentí que algo cambió dentro de mí. Le prometí que ya no sería el bastardo inútil que era antes. Que sostendría un empleo consistente y me convertiría en un hombre. Un buen hombre.

Ese es el motivo parcial por el cual estoy escribiendo esto. Si fueran los días de antes, habría ignorado esta información. No me afectó a mí, ¿así que por qué me tendría que importar? Pero ahora soy una mejor persona. Lo que sé podría tener un impacto duradero en la vida de millones. No tengo más opción que compartir esto.

Nuestra instalación de Red Bull es única en el sentido de que produce el líquido para el producto y lo embotella en el mismo lugar. Seguramente, hicieron esto para ahorrar en costos de transporte. Trabajé en el área de embotellamiento de la fábrica. No es un trabajo emocionante, por no decir más. Me quedaba parado a un lado de la cinta transportadora, las latas se movilizaban hacia adelante, el líquido era vertido y, por último, se colocaban las tapaderas. En sí, mi trabajo era observar todo el proceso día tras día y asegurarme de que nada saliera mal. Y nada salió mal por siete años. Claro, sufríamos acumulaciones y derramamientos, pero eso era ordinario. Lo que pasó en marzo fue mucho peor.

La primera vez que surgió fue en un día típico. Recuerdo haber cocinado panqueques para los niños, y mi esposa somnolienta me besó de despedida cuando me fui al trabajo. Todos estaban cansados, como era usual. Fui a mi lugar en la línea anticipando que todo el proceso comenzara.

Estefan, mi compañero de trabajo, estaba inusualmente parlanchín. En su mayoría, era un hombre callado con una vida muy privada. Pero ese día se inclinó en mi dirección y chismorreó como lo haría un niño.

—Toros no —dijo—. Cerdos esta vez.

Hablaba en alemán, obviamente, así que estoy traduciendo.

—¿Ah?

—Nada de toros para el producto. La orina, digo. Tuvieron que usar cerdos. —Le dio un golpecito al metal de la cinta transportadora.

—No tengo idea de lo que estás diciendo.

Rodó sus ojos.

—Orina. Para el producto.

—Eso es un mito —me mofé.

—No, es verdad. No usan tanto como al principio; muy caro. Pero está ahí. Cada gota amarilla. Pero los toros que usaban no fueron suficientes para el cargamento. Tuvieron que mezclarlo con algo más. Por eso consiguieron cerdos.

La cinta transportadora comenzó a andar y Stefan regresó a su estación. Lo hice a un lado. Me pasé el día haciendo lo mismo de siempre, observando las latas y apretando mis botones. A la hora del almuerzo, todos fuimos a la sala de descanso. Julia, como era usual, tenía una lata de Red Bull con ella. No solo trabajaba aquí, sino que era adicta a esa cosa. La abrió con un suspiro.

—Recién salida de la fábrica —dijo con voracidad y se la bebió.

Afortunadamente, nunca toqué la bebida. Tenía un regusto que no podía superar.

Después, Estefan dejó de presentarse al trabajo. No hubo ninguna explicación, ni nada. Alguien que vivía cerca de él revisó su casa, pero no encontró respuestas.

Fue un jueves, creo, cuando Julia tuvo su convulsión. Bueno, eso es lo que pensamos que era. Fue cuatro semanas después de que este pan desapareció. Se desplomó al suelo y se revolvió como un demente. Ninguno de nosotros había experimentado una convulsión antes. Julia gritaba: «¡Están en mis ojos! ¡Están en mi cabeza!». Alguien tuvo la idea de meter una billetera en su boca. Me arrodillé a su lado, tratando de mantener su cabeza suspendida. Fue entonces cuando noté una anomalía. Había tres borrones pequeños en su ojo izquierdo.

Antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, un supervisor les dijo a dos hombres que se la llevaran. Nos informó que ella tenía un trastorno de convulsiones. Dijo que era normal. Nada que tuviéramos que temer.

No volvimos a ver a Julia.

En la fábrica, unos cuantos más comenzaron a sufrir lo mismo también. Empezaba con dolores de cabeza. Una persona lo describió como un dolor leve, luego como un golpeteo y finalmente como si un martillo neumático estuviera atravesando su cráneo. Después del dolor de cabeza, venían los problemas de vista: rayas pequeñas con formaciones extrañas pasaban a lo largo de su línea de visión. Y, después de solo unos días, ocurrían las convulsiones de gran escala. Todos gritaban que había algo en sus cabezas. Nadie regresaba a trabajar después de haber sufrido alguna convulsión.

La fábrica comenzó a tornarse deprimente. Las personas estaban nerviosas de ir a trabajar. Nunca sabíamos quién sería el siguiente o qué estaba sucediendo. Hasta que los supervisores realizaron una sesión de empresa. Recuerdo haber pensado que era extraño que de nuestra fábrica gigantesca, solo alrededor de la mitad de los empleados estuvieran presentes. Incluso la cantidad supervisores se había reducido.

El gerente general se colocó frente a un micrófono y habló. Su voz era tranquilizadora pero amenazadora.

—Puede que hayan escuchado el rumor de que hay algo que está contaminando el producto. Esto simplemente no es verdad. No se van a infectar si beben Red Bull. Nadie ha muerto de ello. Cualquier chisme acerca de una infección es una mentira. Si son descubiertos discutiendo esta mentira, serán despedidos inmediatamente. Alguna pregunta. —La forma en la que dijo «alguna pregunta» no era una pregunta en realidad. Era una declaración. Era una conclusión para su pequeño discurso.

Ninguna de nosotros dijo palabra. Otro supervisor caminó hacia el micrófono; su voz era mucho más tímida.

—En este momento, ya no les estamos permitiendo los empleados que beban el producto desde la fábrica. Pueden comprar Red Bull en su tiempo libre, pero no durante el trabajo. Esto no es negociable. —Se estremeció un poco.

Después de unos momentos, fuimos despachados. Nadie habló; pero antes de que me pudiera ir, el gerente general me jaló a un lado.

—¿Eres Zed, no?

—Sí, señor —repliqué, más que un poco desconcertado.

—¿Qué te parecería ser un supervisor? El doble de la paga y mucho menos trabajo —Fingió una sonrisa—. Necesitamos talento como el tuyo. Además, hablas inglés a la perfección. Eso es un plus para ti.

—No sé qué decir —respondí, confundido.

El gerente sacó un fólder blanco.

—Lee lo que está aquí. Si lo puedes aceptar, entonces te promoveremos. Si no te sientes… cómodo, entonces tendremos un tipo de conversación diferente —Lo puso en mis manos—. Ahora ve a casa y respóndenos mañana.

No he sido completamente honesto contigo, quienquiera que esté leyendo esto. Aunque sí deseo ocultar mi nombre, no es por lo que la compañía me hará. Es por lo que estaré haciendo mañana. Verás, el fólder que me entregaron era una descripción detallada sobre cómo yo iba a asumir la culpa por todo lo que había pasado. Se supone que iba a fingir que era un supervisor de alto rango de la planta. Admitiría que había permitido que ingredientes no probados fueran incluidos en las Red Bulls que fueron enviadas a Norteamérica. Explicaría que la compañía no tenía ningún conocimiento sobre esto, y que era únicamente mi culpa.

En consecuencia, la compañía me pagaría generosamente cada mes por el resto de mi vida.

Fue presentado como una elección, pero sé que en realidad no lo era. Si hubiera dicho que no, en el mejor de los casos habría perdido mi trabajo. En el peor de los casos, habría acabado como Estefan. No le podía hacer eso a mi esposa, a mis hijos. Quería ser un mejor hombre, pero los amaba más que mi propia reputación.

Así que mañana, en una conferencia de prensa a nivel mundial, voy a asumir responsabilidad por algo con lo que no tuve nada que ver. Mi nombre será difamado a lo largo de titulares. Será una vergüenza. Mi familia y yo nos tendremos que mudar, que esconder. Aunque al menos estaremos a salvo. Eso espero.

Pero antes de que haga todo esto, quiero que sepas lo que le pasó a aquellos que bebieron el producto infectado. Necesito decírselo a alguien, especialmente a ustedes en Norteamérica. Porque les sucederá a ustedes.

Este producto contiene lombrices solitarias. Millones de ellas. Se comen tu cuerpo como lobos partiendo un venado. Excepto que estos no son los gusanos intestinales de los que puede que hayas escuchado: las Taenia solium pueden viajar hacia tu cerebro. Como depredadores hambrientos y delgados, ascienden por tu cuerpo y devoran el contenido de tu cráneo. Si eres afortunado, sobrevivirás lo suficiente como para decirle a tus seres queridos que los amas. Si no tienes suerte, afrontarás el mismo destino que Julia, retorciéndote en el suelo agónicamente, y observándolas conforme nadan por tus globos oculares.

Este producto infectado fue transportado desde finales de marzo. La retirada del mercado comenzará mañana, pero muchos de ustedes ya han sido expuestos a las lombrices. Por favor, busquen ayuda médica. Quizá un doctor pueda salvarlos. Quizá yo pueda salvarlos. Pero esto no alcanzará a tantas personas como necesita hacerlo.

Si estás leyendo esto y sientes que un dolor de cabeza se avecina, o si puedes ver una mota en la esquina de tu ojo, lo siento. Para decirte la cruda verdad, es como si ya estuvieras muerto.

Traducción mía:
https://redd.it/5jh3so

Tubbiefox

Administración de Creepypastas.com

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3 thoughts on “¿Bebiste red bull en los últimos noventa días?”

  1. EXPLICACIÓN, para todo aquel que tenga dudas <3.

    ¡Lee esto después de haber terminado el creepypasta!

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    Colocaron orina de cerdo en el producto, la cual estaba infectada con huevos de Taenia solium, un tipo de lombriz solitaria que se mueve al cerebro. La enfermedad que se describe en la historia se llama neurocisticercosis, y su síntoma principal es la epilepsia crónica.

    Red Bull te da alv

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