Amor eterno

Tiempo de lectura: Cerca de 3 minutos.

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Mi dulce Amy:

No sé si llegues a leer esto… ¡Te veo tan enojada! Tan distante… No has sido tú misma estos días. ¿Ya no me amas? ¡Imposible! ¿No nos hemos jurado amor eterno? Nuestro destino… es estar juntos. ¿No lo ves? ¡¿Por qué no lo ves?! ¿Por qué no me ves?…

Cuando desperté esta mañana, te dije: “¡Hola, hermosa! ¡Buenos días!” No me respondiste el saludo. Te besé, tiernamente. Aunque al principio no supe si buscar tus labios, o tu frente, tomé valor y besé tu boca, con devoción. No me correspondiste el beso, ¡y eso me dolió! Mucho… Acaricié con suavidad tus mejillas, bajé mi mano suavemente por tu cuello, recorrí despacio tu pecho, rozando apenas la curvatura de tus senos.

Ni un estremecimiento. Ni un suspiro. ¡Me llené de ira y de tristeza al no obtener de ti la más mínima respuesta!

Ni siquiera cuando me subí encima de ti y dejé que mis manos recorrieran ávidas, tu cuerpo entero, ¡ni siquiera cuando desabroché tu vestido te dignaste regalarme una mirada!

Te quedaste ahí, impávida. Dejándome que hiciera lo que quisiera. Cada una de mis embestidas, me provocaba más furor, al darme cuenta de que era incapaz de provocarte algo. Quizá tan sólo una molestia. ¡O peor aún! Lástima… ¡Lástima! ¡Yo, a quien juraste amar hasta el Fin de los Tiempos! Yo, que fui el único en tu vida… Me deshice en llanto… Te estaba haciendo el amor, y cuando terminé, lo único que derramé fueron lágrimas. Amargas y tibias, que no lograron disipar tu frialdad…

Me quedé ahí, recostado a tu lado, por si acaso me obsequiabas un abrazo, una palabra dulce, una mirada, algún gesto… ¡lo que fuera! Pero… nada. Sólo el silencio y la obscuridad de nuestro cuarto.

Torrentes de recuerdos vinieron a mí en ese momento.

—¿Me amas? —me preguntaste un día.

—Con toda mi Alma —te respondí.

—¿Morirías por mi?

—¡Moriría sin ti!

—Júralo. Que no vivirás en este mundo ni un sólo día después de que yo muera…

Con un gesto teatral, tomé la pequeña navaja suiza que guardaba en la mesita de noche, y me hice un pequeño corte.

—¡Lo juro por mi sangre! —dije solemnemente.

Y sonreíste.

¡Dios, cómo amo tu sonrisa! Esa sonrisa que ahora me niegas. Esa sonrisa que se ha quedado congelada en el tiempo, en un ayer que parece tan distante…, tan lejano.

Ha pasado más de un mes y tú insistes en despreciarme. Sólo rondas furiosa por la casa, rompiendo cosas, azotando puertas. El saber que andas por ahí con esa ira, con ese descontento, me provoca escalofríos…

¡¿Por qué no me amas?! Ignoras mis caricias, la pasión que siento por ti me corroe cuando te beso, y tú sólo me has visto, sin mirarme del todo. Atravesándome con tus ojos llenos de reproches.

Hoy, finalmente me ha parecido verte sonreír. ¡Y sé muy bien por qué! Seguramente has adivinado lo que pienso hacer. ¡Me conoces tan bien! Siempre supe que éramos “almas gemelas”.

Y así como así, lo he hecho.

Reuní el valor y lo hice rápido. Sin pensar. Sin dolor. De un sólo tajo.

Por fin mientras escribo esto, puedo sentir nuevamente tu mano sobre la mía. Fría, pero cariñosa. Mientras la sangre fluye libremente por mis muñecas cercenadas me voy hundiendo en el mismo sueño en el que tú caíste… ¡hace ya tanto!

Quisiera poder llevarte de vuelta a tu sepulcro, pero… ya no me quedan fuerzas.

Sólo las suficientes —espero— para terminar esta carta, y quizá arrastrarme hasta ti.

Y ver de nuevo tu sonrisa.

¡Y besarte!

Juntos.

Como te lo juré…

Eternamente tuyo,

Manuel

 

Creación propia

Némesis

Soy un neurótico. Maníaco-depresivo, con tendencias homicidas y suicidas. Soy un incomprendido, un desadaptado social; una mosca en el pozole. Soy una pieza de ajedrez mal colocada en un tablero llamado 'México'... Un ciudadano inconforme.

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57 comentarios de “Amor eterno”

  1. Que magnífico, tan oscuro y profundo… me gustó bastante, deberías escribir más, haces un muy buen trabajo, y espero estar a tiempo para que respondas mi comentario.

    1. Gracias, he escrito algunas otras historias pero no las he publicado. La verdad me falta motivación. Tengo además un par de ideas vagas que pienso que serían buenas, pero no me he dado el tiempo de desarrollarlas. Quizá después. Saludos.

  2. Esta página en verdad ha cambiado… Es como volver a tu viejo vecindario y toparte con que han derrumbado todo para construir departamentos. No es malo en lo absoluto, pero ya no es el lugar de tus recuerdos. Extraño ese sentimiento de estar “en casa” aquí. Extraño a mi insoportable amigo Tubbiefox. Me siento como un fantasma; una sombra del pasado que no encuentra su lugar…

    1. Y si, me gusta volver de cuando en cuando, y responder comentarios de personas que ya los han olvidado. Me encanta hurgar en los sucesos de antaño. Y lo digo por si apareces, mi querido amigo Andrés.

    1. Su amada murió pero exigía le cumpliera la promesa de amarla hasta la muerte y mas allá y sobre todo, de no vivir un solo día después de que ella se fuera.

      1. En realidad ella ya estaba muerta hace meses y él la “veía” enojada porque se supone que él juró amor eterno y que si ella muriese, él se suicidaría al instante para irse con ella, pero no lo hizo. Luego de meses se armó de valor y cortó sus muñecas para morir e ir junto a ella.
        Eso es lo que entendí yo al leer la creepy.

  3. Muy curiosa historia me lleno de escalofríos lo de “Sólo rondas furiosa por la casa, rompiendo cosas, azotando puertas.”
    uuuy que feo estar ahí no se como aguantaba
    saludos n_n

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