630-296-7536

Tiempo de lectura: Cerca de 7 minutos.

Estoy seguro de que todos los fanáticos de creepypastas están acostumbrados a las historias del tipo de gritos de ayuda. No los aburriré con otra. Incluso si quisiera tu ayuda, no me la podrías dar.

¿Por qué?

Porque no eres un miembro.

Desearía que yo tampoco lo fuera.

Todo comenzó suficientemente inocente. Con una llamada.

Había estado despierto por un par de horas, desempacando y limpiando, esperando a la llamada de mi plomero. Me acababa de mudar en una cabaña, y el contratista había cagado todo. Debido a eso, ahora tenía la maravillosa tarea de llamar a personas competentes que pudieran arreglar lo que los contratistas originales hicieron mal.

El teléfono timbró a las 12:06.

«Nada mal», pensé. Usualmente, los plomeros no se molestan en devolverte la llamada o en presentarse hasta las cinco.

Cuando levanté el teléfono, ni siquiera tuve la oportunidad de saludar antes de que una mujer en la otra línea me dijera: «Por favor, espere a la siguiente operadora disponible».

Me levanté de un salto y me moví hacia el armario en la cocina. Era uno de los pocos lugares en la cabaña que no estaban ocupados con cajas. Música de elevador se coló en mi oído. Había empezado a sentirme somnoliento cuando la música se detuvo y se reprodujo dos veces un acorde de piano que sonó como si fueran tres notas sin sincronía.

Una voz provino de la otra línea.

—Bienvenido a Industrias Boothworld. Mi nombre es Samantha y seré su operadora hoy. ¿Nombre?

No sabía qué decir, así que le di mi nombre.

—Señor, ya sabemos quién es. Soy su operadora. Por favor, deme un nombre al que pueda acceder.

—No comprendo —le dije.

—Puede ser cualquiera, señor. Solo necesito un nombre.

—Eh, está bien —contesté, e inventé un nombre—. Harold Withers.

—Señor, como su operadora, debo señalar que los nombres ficticios, o los nombres de las personas que no conoce, no pueden ser usados.

—¿Usados para qué? —le pregunté. ¿Cómo había sabido que inventé ese nombre? Todo el asunto se sentía como una especie de broma, pero casi nadie conocía mi número de teléfono.

—Remodelación.

—¿Remodelación? ¿Esto es para el plomero?

—Bienvenido a Industrias Boothworld. Mi nombre es Samantha y seré su operadora hoy. ¿Nombre?

Tomé eso como una afirmación y le di el nombre de una exnovia antigua.

—Jessica Goodwin.

Pude oír la actividad de un teclado, pero sonaba como si la mujer estuviera golpeándolo con sus puños. Después de un momento, regresó.

—Jessica Goodwin —repitió—. Remodelación programada para el veintiuno de agosto de 2015. ¿Le gustaría recalendarizar?

Permanecí silente desde mi lado de la llamada. No podía creer eso. Alguien me tenía que estar jugando una broma.

—¿Quién habla? ¿Eres tú, Jessica? ¿Es uno de tus chistes?

La mujer no respondió por un largo tiempo. Pensé que quienquiera que estuviera al otro lado de la línea estaba aguantándose una carcajada.

—¿Hola? —insistí.

—¿Sí o no, señor? —reiteró la mujer.

—¿Sí? —dije, sin entender lo que me estaba preguntando.

—Tengo una cita disponible para el martes. ¿Está bien?

Para este punto, pensé que me estaba volviendo loco y que en realidad era la compañía de plomería.

—¿Qué tal el día de hoy? ¿Tienen algo disponible para hoy?

—Normalmente, no podemos gestionar una recalendarización con tan poco tiempo, pero hoy hubo una cancelación. ¿Qué le parece las tres de la tarde?

—A las tres está bien.

—A las tres será, entonces. ¿Le gustaría una llamada de cortesía?

—Claro.

—Perfecto. En Industrias Boothworld le damos las gracias y la bienvenida al club. Que tenga un día maravilloso.

El acorde extraño sonó dos veces de nuevo y la línea se cortó. Rodé los ojos y regresé a empacar.

Mi teléfono timbró a las tres de la tarde en punto.

—¿Hola?

—Señor, esta es Samantha de Industrias Boothworld. Su llamada de cortesía empieza ahora.

—¿A qué se… —Traté de decir, pero fui interrumpido por aquellos acordes estallando en mi oído, y luego escuché la voz de Jessica.

—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó. Podía escuchar las lágrimas a través de su voz.

—¿Jessica? —la llamé.

—Señor —habló la operadora—, ella no puede oírlo. Esta es una llamada de cortesía. La cita ya ha concluido.

—Por favor —rogó Jessica—. Por favor, no lo hagas. Te daré lo que quieras. Te…

La voz de Jessica se atragantó en un jadeo, y lo único que pude escuchar en la otra línea fue el crujido de su ropa y más jadeos. Eventualmente, se detuvo y alguien contestó en la otra línea.

—El trabajo programado ha sido completado —anunció la voz de un hombre—. En Industrias Boothworld le damos las gracias y la bienvenida al club. Que tenga un día maravilloso.

—¿Señor? —La operadora había regresado en la otra línea—. ¿Fue de su agrado?

Me quedé sentado ahí por un largo tiempo; había sudor frío goteando por mi caja torácica. Jessica fue mi ex porque la encontré cogiéndose a mi mejor amigo en una fiesta de mi último año de secundaria.

Sonreí y murmuré:

—Fue perfecto.

—Maravilloso. En Industrias Boothworld aspiramos a servir. ¿Le gustaría hacer otra cita?

Mientras observaba al agua goteando desde la puerta del lavaplatos, mi sonrisa se amplió.

—Sí —contesté—. Sí me gustaría.

—¿Nombre?

—Dan. No sé su apellido. Es un contratista.

—Dan Arencibia. Trece de julio de 2032. ¿Le gustaría recalendarizar?

—Sí.

—¿Le parece bien el miércoles?

—¿No dijiste que tenían una apertura el martes?

—Así es, pero desafortunadamente ese puesto ha sido ocupado por otro miembro. ¿El miércoles funcionaría para usted?

—No —aclaré—. Tengo una entrevista de trabajo ese día. ¿Qué tal el jueves?

—Desafortunadamente, el jueves no se puede. Su remodelación está programada para el miércoles por la noche.

—¿Qué?

Me repitió exactamente lo mismo.

—¿Podemos recalendarizar mi remodelación? —inquirí.

—Por supuesto que podemos, señor —respondió la mujer, sonando como si estuviera sonriendo en el otro lado de la llamada—. Siempre hay una manera.

Esperé a que me dijera cómo. No habló.

—¡¿Y cómo?! —pregunté, exaltado.

—Industrias Boothworld siempre está buscando añadir miembros nuevos. Somos, por supuesto, un club de membresía por invitación. Tristemente, los números de nuestras membresías han decaído en años recientes. Recesión económica. Guerras. Política. Lo que queremos que haga, para evitar su propia cita de remodelación, es ayudarnos a añadir miembros nuevos.

«La luz al final del túnel», pensé.

—¿Cuántos miembros nuevos necesitan?

—Cien.

Me atraganté.

—¿Cien?

—Así es, señor. De otra forma tendremos que mantener nuestra cita programada. Es conveniente informarle que el miembro que programó esta cita solicitó una llamada de cortesía.

En ese punto, todo se detuvo para mí. Me la pasé patinando toda la vida, sin lograr nada, sin marcar la diferencia. Mi boca se secó, incluso. Siempre había pensado que eso solo era una cosa que las personas escriben en libros para ser dramáticos. No lo era.

—Les conseguiré sus cien miembros —susurré.

—En Industrias Boothworld le damos las gracias y la bienvenida al club. Que tenga un día maravilloso.

La conexión finalizó.

Colgué el teléfono y me le quedé viendo por un par de minutos. Había sido calendarizado para ser remodelado el miércoles, y, en algún lado, alguien recibiría la llamada de cortesía para escuchar mis últimos alientos si no conseguía que cien personas se unieran a Industrias Boothworld.

Es gracioso. Siempre había querido unirme a un club de élite. Skull and Bones. Nuevo Orden Mundial. No estoy seguro de cómo entré, pero ahora soy un miembro. Tengo hasta el miércoles para disfrutarlo.

Como dije al principio: incluso si quisiera tu ayuda, no me la podrías dar, porque no eres un miembro.

La membresía es exclusivamente por invitación.

Te estoy invitando.

Solo llama al +1 630-296-7536.

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La traducción al español (y edición ligera) pertenece a esta página. Fue escrito en inglés por Christopher Bloodworth:
http://iambloodworth.com/

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