Ya no queda nada

Tiempo de lectura: Cerca de 2 minutos.

Siempre he sido una criatura de hábito, son pocas las observaciones que mi mente pasa por alto. Es por eso que puedo recordar cualquier evento hasta concretar los detalles más insignificantes, pero últimamente mi memoria no ha estado en sintonía con la realidad.

Cada día de semana, regreso del trabajo. Mis llaves están en mi bolsillo interior izquierdo. Abro la puerta del edificio y recojo mi correo del buzón al lado izquierdo de la entrada. Mi apartamento es el número siete, al igual que mi buzón.

Siguiendo esto, recorro las escaleras hasta el primer piso; once escalones. Siempre comienzo con mi pie izquierdo y termino con mi pie izquierdo. Al menos eso era lo que pensaba, porque, hace unos días, me tropecé. No por un descuido, sino porque ese día terminé los escalones con mi pie derecho.

Claro, dudé de mí mismo, lo suficiente para verificar la cantidad de escalones. Y efectivamente faltaba uno. En este punto pude haber hablado con alguno de mis vecinos, pero ellos no tienen mi misma orientación hacia los detalles, así que lo dejé pasar.

Fue un cambio menor, uno al que me adapté pronto. Al menos hasta que perdí mi reloj de mano. Lo había dejado en mi mesita la noche anterior, y a la mañana siguiente simplemente se había ido. No era imposible que lo hubiese perdido, pero tenía el recuerdo firme de haberlo colocado en mi mesita.

Todo se intensificó el día de hoy. Me desperté, tomé una ducha, me afeité, me lavé los dientes y me corté las uñas de mis nueve dedos.

Nueve; uno de ellos había desaparecido sin dejar más rastro que una tela saludable de piel cubriendo el nudillo plano.

Sin saber a quién llamar, acudí a mi madre. Mi voz temblaba mientras le explicaba lo que había pasado. Ella enmudeció por unos segundos, antes de responder con preocupación en sus palabras. Me dijo que había nacido con nueve dedos.

Le colgué. Estaba oscuro. Me senté, tratando de recordar. ¿Lo había olvidado? ¿Le estaba pasando algo malo a mi mente? Apenas unos minutos después, me di cuenta de que estaba sentado en la oscuridad, pero era de día. Mi apartamento ya no tenía ventanas.

El pánico se disparó. Esto ya no estaba en mi cabeza, nadie construye apartamentos sin ventanas. Traté de escapar, pero no había ninguna puerta por la cual hacerlo. Estaba atrapado en la caja de ladrillos amenamente decorada que era mi departamento.

Llamé a la policía. Argumentaron que mi dirección no existía. Luego de que colgaron, habría llamado a alguien más… de no ser porque mi teléfono ya no estaba ahí.

Ahora mi laptop es lo único que existe, y trato de escribir esta historia con el muñón que alguna vez fue mi mano. Solo queda mi dedo medio, una especie de «jódete» para mí mismo.

Piénsalo: ¿has perdido algo recientemente, como tu taza favorita, o quizá un lápiz? ¿Algo que haya desaparecido sin dejar rastro? Así empezó para mí también.

La traducción al español pertenece a esta página. Fue escrito en inglés por these_pretzels_suck:
https://reddit.com/user/these_pretzels_suck/submitted/?sort=top&t=all

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1 comentario de “Ya no queda nada”

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