Sala Cero

Tiempo de lectura: Cerca de 15 minutos.

Tiempo de lectura: cerca de 14 minutos.

Fue escrito originalmente en inglés por Slimebeast, publicado bajo el título Room Zero.

La traducción al español es propiedad de esta página.

Capítulo uno: ABANDONADO POR DISNEY.

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Ha pasado un tiempo desde que he escrito algo relacionado con la Corporación de Disney, y estoy seguro de que pueden entender por qué.

Ha estado sucediendo mucho desde mi última publicación. He recibido cantidad de preguntas y preocupaciones de individuos que leyeron mi experiencia de primera mano en el Palacio de Mowgli, un parque de diversiones que fue construido y abandonado por Disney.

Quiero agradecerle a todos los que han compartido mi publicación. Ha sido retirada de unos cuantos lugares, en su mayoría de sitios corporativos que fueron influenciados expeditamente por un poder mayor. Sin embargo, por cada tópico caído o publicación de blog que desaparecía, pareció que cien más habían surgido.

Esto es algo a lo que se tendrán que enfrentar. No hay vuelta atrás para ellos… Ni para mí.

Definitivamente estoy siendo seguido. Durante más o menos el primer y segundo mes, lo atribuí a la paranoia. Cualquier mirada casual en mi dirección o media sonrisa me exaltaba; cabellos erizados en el reverso de mi cuello.

El primero, o más bien el primero que fui capaz de distinguir, fue un trabajador telefónico dando vueltas por mi complejo de apartamentos. Era un hombre de la mediana edad, de cuerpo pastoso y vestido como uno esperaría, pero algo simplemente estaba mal con él. No podía señalar qué era, pero sabía que esto no era un simple caso de mi imaginación dándome problemas. Se veía incómodo y fuera de lugar, no como alguien que estuviera haciendo su trabajo de rutina.

Lo seguí alrededor de la esquina, solo para perderlo. Cuando me di la vuelta para volver a casa, ahí estaba. Viendo directamente hacia mí, a unos cinco metros de distancia. Inexpresivo y frío.

«¿Explorando?», me preguntó. Eso fue todo lo que dijo y hubo un tono acusador en su voz.

Díganme qué clase de operario telefónico hace eso.

Supongo que esa fue la peor parte, nunca sentirme seguro. Nunca sentirme solo. Eso, y la mercancía ocasional de Disney que era dejada en algún lugar para que la encontrara. Mickeys pequeños de goma en el buzón, una revista de Disney Adventures en mi librero.

Esconden Mickeys pequeños por todos lados. Tres círculos, uno grande, dos pequeños, a manera de la silueta de la famosa cabeza de ratón. He empezado a llevar una lista activa de los Mickeys que he encontrado. Anillos de humedad en mi mesa de café —uno grande, dos pequeños—. Botellas de vidrio pigmentadas que fueron dejadas en la entrada de mi apartamento, vistas desde lo alto —todas rojas—. Graffiti en la pared que queda en mi camino hacia el trabajo: una Tierra enorme, y un sol y una luna pequeños en las ubicaciones apropiadas.

Están por todos lados. También hay personas que me han mandado correos acerca de esto. Si republicas cualquier cosa que yo diga, empezarás a encontrar esas siluetas hijas de puta. Te lo garantizo.

La mejor hasta ahora, una que de hecho me hizo reír por el horror de todo el asunto, fue un dibujo en tiza junto a mi auto. Fui agarrado desprevenido al comienzo, caminando por el estacionamiento, estando atento de perseguidores. La silueta pareció encajar a la perfección con… bueno, una víctima de asesinato con la que probablemente ya han de estar familiarizados si han leído mis publicaciones anteriores.

Escrito con… pintura amarilla —sin duda—, se encontraba una sola palabra: «RETRÁCTATE».

Lo único beneficioso que ha salido de todo esto, es que ahora sé que no soy la única persona que ha visto algo que no debió haber visto.

No voy a dar nombres, porque… Bueno, si debo decirles por qué, no han estado prestando atención.

«Investigador» visita parques de Disney siempre que puede a lo largo del año. No va ahí para divertirse o disfrutar las atracciones.

Está buscando a las Gascotas.

Al parecer, ha existido una tradición extensa de personas que han reportado a clientes extraños por el parque. Clientes espectadores, silenciosos e inmóviles de todas edades, formas y tamaños. Hombres, mujeres, adultos, niños y adolescentes.

Todos vistiendo con máscaras de gas tematizadas con Disney.

Tiempo atrás, Disney recibía centenares de quejas acerca de individuos vestidos extrañamente que perseguían a los demás por el parque. Individuos que luego se mezclaban en las multitudes y desaparecían.

Tiempo después, las máscaras de gas causaron que las personas trazaran otras conclusiones, y reportes de posibles terroristas y bombarderos empezaron a fluir.

Seguramente, todos esos reportes se fueron directo hacia la papelera. Sé que no podré encontrar ninguna señal de tales instancias reportadas por los medios de comunicación (aunque ya deberían estar conscientes del hecho de que Disney básicamente puede controlar a la prensa como nadie más sabe hacerlo).

Investigador viaja a los parques, habla con algunas personas y trata de no atraer mucha atención hacia sí mismo. Solo les pregunta a tres o cuatro familias si han visto a sus amigos, quienes están vistiendo con máscaras curiosas.

Aún está por ver a una Gascota personalmente… Pero, en una ocasión, un niño lo orientó hacia Frontier Town. A medida que se precipitaba a través de la multitud, escuchó una única voz por delante, gritando: «¡Mami! ¡Yo también quiero una máscara de aire de Goofy!».

Un conocido, a quien llamaré «Salvavidas», trabajó en un parque acuático de Disney desde 2001 a 2003. Permanecía en la cima de un tobogán acuático inmenso y se aseguraba de que ninguno de los niños se pusiera demasiado ruidoso. Dejaba pasar a los niños, uno a la vez, diciéndoles una y otra vez que tuvieran cuidado, que mantuvieran sus brazos adentro, y demás.

Un día, según lo cuenta, un niño gordo se introdujo en el tubo y no salió por el otro extremo.

Salvavidas mandó a dos o tres niños después de él. La atracción se mueve de forma linear, así que naturalmente se esperaría que si el gordito se quedó trabado, los niños que lo siguieron también se quedarían atascados.

No fue así. Solo el niño grande desapareció. Todos los demás salieron por el otro extremo, gritando de alegría y salpicando como si nada estuviera mal.

Salvavidas clausuró el tobogán, muy para la irritación de los niños esperando. Antes de que pudiera finalizar con alguno de los procedimientos estrictos de Disney… SPLASH… El gordito salió al fin.

Los miembros del personal sacaron al niño del agua. Se hundió como una piedra cuando aterrizó; su piel ya estaba azul y sus ojos abiertos de par en par. Lo único que pudo decir fue «Niños sin rostro» y «Deja de apretarme».

El niño se encuentra bien, en caso de que se lo pregunten. Fue transportado enseguida hacia el centro médico. Cuando se le pidió a Salvavidas que abriera el tobogán de nuevo, hizo una gran escena acerca de cómo no era seguro. A pesar de sus quejas, fue amenazado con ser despedido y abrió el tobogán de nuevo a regañadientes.

A partir de ese punto en adelante, estuvo más atento de los niños. De vez en cuando, salían en el orden equivocado. Aunque nunca tan aturdidos como el niño gordo, siempre tenían una mirada vaga de preocupación, un estupor parcial de ensueño que parecía como si estuviesen tratando de discernir cuál era la realidad.

Leí sus correos con el mismo tipo de inquietud que ustedes pueden estar sintiendo en este momento. Quería que él compartiera su propia historia, pero, al final, no quiso exponerse a sí mismo de esa forma. No puedo decir que lo culpo.

«Blancanieves», quien en realidad no era el papel que actuaba, fue un personaje de un parque. Tenía un chisme bastante jugoso para mí. ¿Saben lo que pasa cuando un empleado disfrazado cae muerto dentro de su traje? Es decir, ¿que un momento se esté tomando una fotografía con el pequeño Jimmy, y al siguiente haya tenido un derrame fatal? Una segunda mascota disfrazada del área se tiene que sentar con el cadáver en una banca y esperar a que el «tintorero» designado llegue para llevarse el cuerpo de forma discreta. Mientras tanto, los clientes no tienen idea de que se están sentando junto a un cadáver para las sesiones de fotos.

Siéntanse en la libertad de revisar sus álbumes de fotos para este punto.

Eso fue malo, pero otro individuo, «Conserje», se salió por completo de las escalas de terror.

Disney World —y probablemente otros— fue construido con una serie de túneles subterráneos justo debajo de nuestros pies. Un total de tres pisos. Todo y cualquier cosa que te imagines está ahí abajo para el uso de los empleados. Los llaman Utilidores. Corredores utilitarios.

Básicamente, esa es la razón por la que no ves a un personaje fuera de lugar o a conserjes merodeando el parque. Entran y salen por medio de puertas ocultas, y viajan por una ciudad encubierta sobre la cual estás caminando.

Conserje me relató algo que podría ser de conocimiento general, pero de cualquier forma fue novedad para mí.

Walt Disney hizo que construyeran numerosos apartamentos dentro de sus parques. Existe uno arriba del castillo de Cinderella… Hay otro en la atracción de Piratas del Caribe. Están por todas partes. Más que eso, existen clubes nocturnos, salas de cine, boleras y mucho más. Todo detrás de puertas que fueron construidas justo dentro de las fachadas extravagantes por las que pasaste sin darles un segundo vistazo.

El Club 22 es una de tales áreas escondidas. Si tienes el dinero en efectivo para unirte al club exclusivo (no lo tienes), entonces tendrás acceso a él y mucho más. El Club 22 es un hogar en donde todo se vale. La Corporación de Disney se refiere a estos lugares como «Zonas Oscuras». Espacios en donde el semblante impecable de Mickey Mouse da lugar a la bebida, drogas y, sí, sexo.

Por el contrario, el resto del parque es la «Zona Brillante», con unos cuantos utilidores de «Zonas Grises» entre ellas.

Hasta donde Conserje me ha dicho, no siempre fue de esa forma. Fue más un declive pausado y la relajación gradual de normas sociales dentro de ese grupo de élite. ¿La razón por la que sabe todo esto? Puede que ya la hayan adivinado: las ha limpiado. Después de un registro de historial extensivo y un acuerdo de confidencialidad, Conserje ascendió de un personal del parque a uno del miembro de limpieza de la Zona Oscura.

Ahora, antes de que se hagan alguna visión satánica en su cabeza de sacrificios humanos, Conserje no vio nada de eso. ¿Muchas botellas de alcohol vacías? Sí. ¿Condones usados esparcidos como globos desinflados de Año Nuevo? Oh, sí. Limpió su dotación de sangre, orina y vómito, pero todo se reducía al comportamiento sin restricciones de los clientes en vez de algún tipo de comportamiento de culto.

Al menos es así como lo ve en retrospectiva.

Toda esa basura, la mierda profana, subía por una caldera y se mezclaba con el humo de la chimenea de una casita de campo pintoresca. Si has ido a Disney World, has respirado pecado ultra condensado.

«Martillo» vino a respaldar esta información. Martillo me mandó un correo de forma anticuada, aunque no sé cómo obtuvo mi dirección. Me mandó fotocopias de papeles laborales que probaban su contratación, con las instrucciones de quemarlas cuando estuviera convencido.

Lo cual hice gustosamente.

Martillo trabajó alrededor del parque de diversiones de Disney World haciendo demoliciones y construcciones. En cierto punto, se acercó a su superior por algunos planos de construcción extraños. Había un área amplia y rectangular desmarcada en los planos generales, más o menos del tamaño de un supermercado. El área había sido dejada sin un nombre y solo contenía las palabras «NO EXCAVAR». Su superior no solo estaba oscuras, sino que fue dejado a oscuras jodidamente a propósito. No quería hablar de ello, no quería saber de ello y terminó la conversación con «ese espacio fue dejado en blanco adrede».

Martillo no lo comprendía. El área parecía ser una pérdida de espacio, y había entrado directamente en conflicto con el trabajo que le habían encomendado a su equipo. Comenzó a tantear el área en su tiempo libre, solo encontrando una puerta de metal en ruinas y grandes cantidades de concreto poco más allá. Era el «equivalente de un supermercado» de piso gris vacío.

Poco después, Martillo comenzó a divisar Gascotas en las multitudes. A diferencia de todos los demás reportes, esas personas… esas cosas… se quedaban en vista plena del sujeto. Se aglomeraban en la distancia, o simplemente estaban presionadas contra una pared cuando él giraba en una esquina. Dijo que «se movían raro», como si estuvieran débiles o heridos… Como un venado que ha sido arrollado por un cazador y ya no puede seguir huyendo.

Martillo notó que las máscaras de gas, los rostros de personajes de Disney con filtros incrustados, parecían estar húmedos por el interior, como la condensación en una ventana de auto. Gotas diminutas de agua destellaban detrás del vidrio, haciendo que en realidad fuera imposible para cualquiera de ellos el poder ver.

Presionando el asunto, Martillo empezó a hacer preguntas a cualquier y toda persona que había estado trabajando en el parque por una década o más. Acabó en callejones sin salida en todo momento, hasta que fue dirigido hacia Ida, una mujer anciana que trabajaba en un restaurante en Main Street. Había estado ahí desde hace mucho tiempo atrás, y aunque nadie tenía los cojones para preguntar directamente, todos sabían que Ida tenía multitud de historias terribles que contar.

Martillo le preguntó acerca del espacio vacío, luego acerca de los clientes con máscaras de gas, y al principio pensó que iba a recibir las mismas negativas que había estado recibiendo hasta entonces. Ella estaba callada. Inquietantemente callada.

«Sala Cero», pronunció con voz ronca. Una mano solitaria y temblorosa estaba ubicada en su mejilla como si fuese una niña pequeña temiendo el castigo de su padre.

No se cruzó con la mirada del hombre durante toda la conversación.

La Sala Cero era otra habitación oculta más al igual que los apartamentos y el Club 22. Sin embargo, su gran tamaño y su ubicación muy por debajo del parque lo diferenciaban de cualquiera de las Zonas Oscuras divertidas.

Era un refugio antibombas.

La Sala Cero fue construida para soportar un ataque masivo, ya sea ejecutado por enemigos extranjeros o domésticos. La Sala Cero había sido abastecida con suficientes raciones para alimentar al número promedio de clientes del parque en cualquier momento dado, y albergaba un «cuarto de pánico» más pequeño pero lujoso para los altos mandos de Disney.

Durante la Segunda Guerra Mundial, máscaras de gas oficiales de Disney fueron producidas en verdad para que los niños las utilizaran en el evento de un ataque. La idea era que sería menos atemorizante para los niños si el rostro de Disney fuera estampado en los dispositivos de seguridad para tiempos de guerra.

Y además, algún genio decidió que entonces los niños estarían atemorizados por las máscaras de gas con las que sus padres vestirían… Y así, todas las máscaras, para adultos y niños, se tuvieron que ajustar al mismo estándar peculiar.

Durante el susto de la Guerra Fría de los sesenta, cuando Disney World fue construido, la Sala Cero también fue abastecida con máscaras similares. Ya sea porque realmente se preocuparan por los miedos de los niños, o solo porque fuera publicidad insensible, los objetos encontraron su camino hacia ahí abajo.

Pero nada de esto explicaba lo que Martillo había estado viendo. No solo las apariciones visiblemente sobrenaturales, sino también la sala desolada.

«He estado ahí», le explicó él. «No es más que un techo de cemento y cuatro paredes».

«No», Ida negó con su cabeza y se cubrió la boca, ahogando un sollozo. «Has estado encima de ella».

Algo o alguien hicieron sonar la alarma un día, cuando el parque estaba a capacidad total. La advertencia fue clara. Supuestamente, era un ataque aéreo. El personal de seguridad apresuró a todos hacia abajo, abajo y abajo, al refugio tremendo. Ahí, se les ordenó que se pusieran sus máscaras y se agacharan por la duración del ataque.

Todo se mantuvo en silencio por alrededor de treinta minutos, excepto por los niños llorando y los quejidos atemorizados. Nadie quería morir, así que estaban agradecidos en cierta forma por esa extraña medida de seguridad.

Entonces, el primer grito se disparó.

«¡Oye!», exclamó un hombre. «¡Deja de pellizcarme!».

Olas de chillidos y alaridos fluyeron a través de la multitud, desde una pared a la otra, de adelante hacia atrás.

«¿Quién anda corriendo? ¡Tranquilícense!».

«¿Quién se está riendo? ¡No es gracioso!».

«¡Auch! ¡¿Quién se paró en mi pie?!».

A pesar de los guardias de seguridad que les rogaban a todos que se sosegaran y mantuvieran la calma, la multitud se tornó más y más agitada hasta que, finalmente, después de casi una hora de ansiedad…

Las luces parpadearon…

Y luego murieron.

Lo que siguió solo puede ser descrito como caos total. En la oscuridad, nada aparte de los chillidos de los jóvenes y los llantos angustiados de los adultos podían ser escuchados en medio del estruendo masivo e inflamado que hizo sangrar los oídos de todos dentro de esa cámara negra resonante.

Un grupo de miembros del personal y unos cuantos clientes lograron llegar a la puerta, más preparados para enfrentar la guerra que a la insania de abajo. Lo que encontraron, por supuesto, fue un parque de diversiones desolado pero intacto. La música se seguía reproduciendo, haciendo eco a través de las ciudades de cuentos de hadas.

Al regresar a la Sala Cero, los pocos que yacían en la cima de la escalera de hierro no oyeron ningún signo de la riña previa. Solo había silencio.

Fue Ida quien descendió por la escalera a pesar de las súplicas de quienes dejó arriba.

Se acercó a las puertas reforzadas, ahora empapada en oscuridad y solo escuchando el zumbido en sus oídos. Una única voz provino de la negrura. El eco hizo que fuera imposible discernir si el tono rasposo y burlesco estaba al final del refugio antibombas o si estaba justo enfrente de su cara:

«Cierra la puerta, cariño. Estás dejando que se escape el frío».

Dominada por el terror, hizo justamente eso. En cuestión de días, el establecimiento entero… refugio, escalera, todo ello… fue cubierto con metro sobre metro de cemento. El sistema de ventilación y los generadores encima de su techo fueron removidos, creando el gran espacio vacío.

«Todos aún siguen ahí abajo», le dijo Ida a Martillo. «Ahí abajo con quienquiera que haya sido eso».

Puede que hayas notado que he usado el nombre de Ida.

Desafortunadamente, falleció poco después de haber contado su historia. Caída accidental luego de haberse levantado de la cama para encender una luz.

«Tan devota a la compañía —reportó el periódico—, que hasta su habitación entera estaba cubierta con siluetas de Mickey».

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Esta es una traducción mía de:
http://slimebeast.com/stories

Tubbiefox

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