Por favor, no subas.

Tiempo de lectura: Cerca de 4 minutos.

Lamento si esta historia no tiene demonios o fantasmas pero, en muchas ocasiones lo real supera a lo paranormal.  Hace un par de años, como muchos jóvenes recién graduados, decidí mudarme a la capital de mi país en busca de trabajo.  Para mi suerte encontré la oportunidad que buscaba en un colegio de niñas ubicado en el centro de la ciudad.

Yo acostumbro caminar a casa ya que, había conseguido un pequeño apartamento cerca del lugar; fue así como cada día podía ver los ciertos patrones que se desarrollaban en este lugar tan concurrido.

Uno de estos eran las filas de vehículos que se formaban en una de las aceras paralelas a la escuela.  Entre taxis y colectivos se podían contar un promedio de 8 a 10 autos estacionados que esperaban a la mescla de escolares y transeúntes en busca de movilidad.  Para quien no lo sepa, un colectivo es un taxi que toma una ruta definida y que realiza el servicio de un bus, es decir, se comparte con desconocidos.

Así fue que al cabo de unos días me llegue a percatar que en uno de estos se hallaba sentada una muchacha de 23 o 24 años. Esto no tendría nada de peculiar si no fuera porque se hallaba sentada sola en un vehículo que se encontraba quinto en la fila y que no saldría por bastante tiempo, por lo menos hasta que los demás autos partieran.

La verdad no le tome mucha importancia al asunto hasta que al día siguiente  la escena se repitió. La muchacha se hallaba nuevamente sentada sola en el colectivo. Esta vez decidí observarla mejor, sobretodo porque esta evitaba a toda costa mirarme, simplemente  mantenía la vista baja.  Al cabo de casi 15 min, la situación se volvió más extraña, ya que;  el  auto se hallaba primero en la fila pero, por algún motivo no se movía ni dejaba abordar a nadie.

La curiosidad pudo más y decidí subir al auto pero, cuando  trate el  chofer se pudo delante de mí y en un tono brusco me pregunto a donde  iba, yo le conteste que iba al lugar a donde todos los demás autos iban pero, el hombre de manera grosera me dijo que no iba a ese lugar. Cuando le pregunte a donde viajaba entonces, en un tono de vos más enojado me contesto que el auto estaba malogrado y lo llevaría al taller; luego se subió y marcho con la muchacha dentro.

Pasaron unos días hasta que llegue a encontrar a la misma muchacha, esta vez en un auto diferente cuyo chofer no se hallaba por ningún lugar. Nuevamente trate de subir al auto pero, esta vez la muchacha alzo la vista y me miró fijamente mientras colocaba el seguro a la puerta del auto, había algo triste muy muy triste en su mirada por lo que me quede asombrada. De pronto apareció un joven de no más de 20 años y con vos muy cordial me dijo que aquel era su auto y no un taxi. Dicho esto subió al auto y con alguna dificultad salió de la fila de autos y  se marchó.

Cuando el auto arranco vi que en el piso se encontraba un pedazo de papel doblado muy pequeño. Lo levante y vi que tenía algo escrito.

Lo primero que pude leer fue: Por favor no subas al auto.

En el resto de la nota la muchacha contaba que “ellos” quienes fueran buscaban niñas jóvenes, que se hallaran en la pubertad o principios de la adolescencia para asegurarse que fueran vírgenes; ella aseguraba que no tenía idea para que pero, se lo podía imaginar. Continuaba diciendo que a ella la habían secuestrado a los 11 años pero, que se la habían quedado porque se dieron cuenta de que ella ya no era virgen y no lo era hace mucho.

Las personas que se la llevaron, dice, llegaron a una solución ¿Qué hacer con ella? Al principio la llevaban a dar vueltas a los parques, haciéndola jugar con niñas, atrayéndolas al auto, tranquilizándolas cuando estas gritaban y lloraban al percatarse de que las estaban llevando a otro lugar. Pero esto no duro mucho ya que, creció y empezó a hacerse sospechoso que una adolecente quisiera jugar con niñas pequeñas.

Continuaba su nota contando que mientras le buscaban otro uso tuvo una hija a la cual se la quitaron,  y a la cual solo ve esporádicamente, cuando se porta bien y ayuda a llevar “regalos” a sus captores.

Terminaba su nota pidiendo perdón, jurando que ella no había querido nunca que lastimaran a nadie pero que tenía que saber si su hija se encontraba bien. Lamentablemente la niña estaba creciendo y ella tenía miedo de lo que podía pasarle.  Así que solo dejaría que un poco más aborden el auto, lo suficiente para ganar la confianza de esta gente y la dejaran estar a solas con su hija. Ella decía que lo tenía todo listo, que bajo su cama había llegado a guardar una pequeña navaja, la cual usaría para terminar con todo.

En la última línea decía: por favor no subas, ellos se han percatado de la confianza que se consigue tener una mujer  a bordo, cuando yo ya no esté seguro conseguirán a otra… y siempre, siempre encontraran una forma de que colabores. Por favor no subas.

Lleve la nota a la policía pero nadie me creyó, pensaron que era una broma.  A la joven no volví a verla más.   Aun cuando la buscaba día tras día entre los autos.

Esta nota y el rostro y la mirada de aquella muchacha nunca me abandonan, cada vez que abordo un taxi o un bus la busco casi inconscientemente. Sobre todo porque casi 6 meses después 2 de mis alumnas desaparecieron sin dejar rastro.

creación propia

jimenaR

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8 comentarios de “Por favor, no subas.”

  1. Excelente historia, me encantan e impresionan 2 cosas puntuales de esta, su realidad totalmente probable y su final enriquecido del enigma e impotencia. Muy agradable en redacción la hacen una obra que no dejaré de compartir. Te felicito.

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