La sombra de la noche

Tiempo de lectura: Cerca de 4 minutos.

Este relato tuvo lugar en una nublada y gélida noche de invierno. Fernando, un joven de 22 años, delgado y de aspecto algo descuidado, caminaba por las calles de la ciudad de Monterrey, a poco de salir de una fiesta de uno de sus amigos.

Al estar caminando se detuvo en una esquina, temblando de frío, con la esperanza de que un taxi pasara para así poder detenerlo; pero desde que se detuvo a esperarlo se percató de que las calles estaban desoladas, lo único que corría por ellas eran los fríos soplares del viento.

“Qué diablos, debería haber taxis circulando aún, o eso creo…”, se decía a sí mismo. “Y si no llega ningún taxi, ¿cómo le haré para volver? Como odio no tener un carro para moverme más libremente”. Levantó su brazo izquierdo y con su mano derecha estiró hacia atrás la manga de su chaqueta para ver su reloj, “Maldita sea, es casi la una de la mañana y no veo ningún taxi, mejor vuelvo a caminar, pero qué flojera, llegaré como a las cuatro o más tarde. Suerte que mañana es domingo, sólo espero no tener una cruda por haberme puesto tan pedo hoy…”.

Mientas Fernando hablaba consigo mismo, ignoraba el extraño suceso que estaba pasando: conforme el tiempo corría, el segundero de su reloj se movía cada vez más lento, hasta que finalmente se detuvo marcando la una de la madrugada, momento en el que una campanada sonó a lo lejos. “Me lleva, ya me dieron la una de la madrugada. Mejor empiezo a caminar”. La campana siguió sonando hasta que que llegó a la doceava campanada; cuando la campanada final sonó, Fernando sintió una onda de fuerza que recorrió la calle desde su inició hasta su final, empujándolo ligeramente.

“¡¿Pero qué… demonios fue eso?!”.

Después de que sintió esa fuerza, de nuevo volvió a ver su reloj y notó que estaba girando sin sentido. “Pero qué Mier…”. Los cielos empezaron a despejarse, Fernando se detuvo en medio de la calle y asustado miró hacia el cielo para ver lo que sucedía. Las nubes se siguieron moviendo hasta que se pudo apreciar una gran luna llena que estaba justo encima de él. Un sudor frío empapaba su rostro, su corazón latía como cargando con un gran esfuerzo, el miedo podía verse en sus temblorosos ojos.

Al ver aterrado la más escalofriante escena de su vida, sintió una fría y pesada presencia; giró su cabeza hacia el frente rápidamente y miró cómo del suelo surgía una especie de líquido que burbujeaba estrepitosamente, creciendo en volumen y solidificándose, hasta tomar la silueta de una forma humana. Las extremidades de esa figura se expandían y deshacían como humo, y en lugar de tener ojos aparecieron dos redondeadas esferas llameantes; era como ver un gran fuego intenso, casi podía percibir el calor de los ojos de esa cosa. Fernando sólo pensó en correr, pero su cuerpo no respondía. Su corazón palpitaba cada vez mas rápido, sus músculos se tencionaban, todo su cuerpo seguía sudando frió, “Reacciona, ¡vamos, reacciona!”.

Hasta que finalmente corrió, lo más rápido como jamás antes lo había hecho; pero a pesar de que corría lo más que podía, su alrededor parecía que se movía en dirección contraria, acercándolo cada vez más a la extraña sombra.

—¡Vamos, VAMOS! ¡CORRE! —gritaba en medio de la desolada calle. Su corazón estaba al límite, al igual que sus músculos, el aire le faltaba, toda su ropa le pesaba como si cargara con un bloque de concreto, su boca estaba seca de tanto jadear… intentó seguir corriendo hasta que su propio cuerpo ya no se lo permitió. Con las pocas fuerzas que le quedaban giró rápidamente en dirección a la extraña sombra, pero al voltear vio que ya no estaba; una profunda calma y satisfacción llenaron su cuerpo por haber salido de esa horrenda pesadilla. Tomó su muñeca izquierda y tirando de la manga de su chamarra miró el reloj, y vio que era la 1:30, habían transcurrido sólo treinta minutos. Fernando no podía comprender lo que había pasado, su mente no lo dejaba pensar por lo confundido que estaba.

Miró hacia el suelo, como intentando comprender lo que había pasado, y súbitamente esa sombra apareció de nuevo posicionándose enfrente de él. Antes de que Fernado pudiera hacer algo, aquella sombra extendió sus largos brazos y cerrándolos dejó caer un velo de oscuridad sobre él; los sentimientos de Fernando eran indescriptibles, sólo pensó en la muerte hasta que todo se fue desvaneciendo y quedó en una completa oscuridad.

Abrió sus ojos. Rápidamente se levantó de su cama, en su reloj aparecían las 11:30 de la mañana del siguiente día. Reflexionó un poco sobre lo que había pasado la noche anterior, creyendo que fue todo un sueño; entonces la puerta de su recámara se abrió violentamente dejando entran una fuerte corriente de aire. Fernando se cubrió el rostro con su brazo hasta que la corriente desapareció. Dio un rápido vistazo a su alrededor, y se llenó de terror y pánico y salió de su habitación corriendo, pues después del fuerte golpe de aire, en sus sábanas blancas se plasmó la horrible figura de aquella cosa de la noche anterior.

Es la creación de una amigo mío llamado Iván, él lo quiso compartir con mi cuenta

Zombiie

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4 comentarios de “La sombra de la noche”

  1. No me gusto. Muchas cosas no tenian sentido, ¿para que ocurriria el rollo con el reloj?, solo para que aparezca una silueta extraña.

    Supongo que basicamente estabas centrandote en la idea de que las pesadillas pueden ser reales, pero reitero, es mi suposición. No encuentro que objetivo tenia este escrito, lo cual hace que carezca de sentido.

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