La cosa de abajo

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Alice era una muchacha joven de una edad de dieciocho años. Ella se acababa de mudar sola a su nueva casa, pues ya se pudo comprar la suya y tener su propia vida.

Al entrar a su casa vio lo muy bonita que era: tenía una gran sala, una habitación, un baño, una cocina… y un sótano.

Alice se instaló, puso sus cosas en su habitación y quiso echar una ojeada por la casa. Primero vio el ático, el cual estaba lleno de polvo, cajas y cosas que probablemente eran del antiguo dueño. A Alice no le gustaban ese tipo de lugares llenos de polvo y telarañas. Salió del ático y empezó a revisar el baño, el cual estaba muy bonito. Fue a la cocina y se le hizo un poco pequeña, pero igualmente bonita. Y por último revisó el sótano. Al entrar estaba en el mismo estado que el ático, lleno de polvo y cosas viejas, telarañas y juguetes. Alice tomó una linterna y comenzó a revisar, pues aquí había más cosas que en el ático y quería ver si encontraba algo interesante o que le sirviera, y comenzó a pasear por todo el sótano viendo las cosas.

Más de una vez estornudó por el polvo. Escuchaba cómo las ratas corrían. Alice notó que el sótano estaba muy grande y que habían muchas cosas, pero pensó que no encontraría nada que le sirviera… Hasta que a lo lejos vio algo en el fondo; apuntó con la luz de la lámpara a esa dirección y pudo notar que había un muñeco, un muñeco sonriente, un muñeco de trajecito amarillo y lleno de polvo, con ojos azules y muy abiertos. Era un muñeco que a Alice no le parecía agradable, y más en esas condiciones. Le echó una ojeada y procedió a dar media vuelta y salir, pero mientras caminaba para irse, Alice sintió algo en sus pantalones, como si los estuvieran jalando. Dio un salto y un grito, hasta que se dio cuenta de que en realidad su celular estaba sonando. Se calmó de aquel susto estúpido y contestó su teléfono.

—¿Bueno?

—Hija, soy yo. ¿Cómo te está yendo en tu nueva casa?

—Muy bien, gracias, mamá.

—¿No te sientes un poco sola?

—La verdad… sí, pero ya se me pasará cuando me acostumbre.

La mamá de Alice y ella se pusieron a charlar un momento acerca de cómo le ha ido a Alice en su nueva casa. Después de un rato su mamá se despidió y colgó, y de ahí en adelante el día siguió normal. El reloj marcó las 11:00 p.m. y a Alice le empezó a dar sueño, no tenía nada que hacer así que decidió irse a dormir.

Entró a su cuarto y comenzó a quitarse la ropa, aventándola al canasto de la ropa sucia, y quedó desnuda completamente y procedió a ponerse su ropa para dormir. Una vez que se la puso, se tiró a la cama e intentó conciliar el sueño.

Pasa una hora. El reloj marca las 12:20 p.m. y algo despierta a Alice, un ruido, como unos pequeños golpes que vienen de abajo. Alice se pregunta: «Bueno, ¿qué rayos es eso?».

Mira su reloj y nota que ya es tarde. Piensa que podría ser un animal, pero se escucha un poco fuerte, como si fuera algo un tanto grande. Decide ignorarlo a ver si deja de sonar, entonces se acuesta y cierra los ojos para volver a conciliar el sueño.

Pero, a los cinco minutos, vuelve a despertarse por el mismo ruido. Alice se preocupa un poco, pues está sola y no se imagina qué cosa pueda ser lo que ocasiona ese ruido. Se pone un poco nerviosa y no sabe si ir a revisar o no, pues si no lo hace no podrá dormir bien. Lo piensa durante unos minutos y entonces se arma de valor y decide ir a ver qué es lo que ocasiona ese ruido. Toma una linterna, se coloca unas pantuflas, camina hacia la entrada del sótano y lentamente, escalón por escalón, comienza a bajar apuntando la linterna a toda dirección con la intención de encontrar lo que causa ese molesto ruido.

Alice camina un poco pero no encuentra nada. Ya resignada decide volver a la cama, pues no escucha más el ruido. Sube de nuevo y se dirige a su habitación con la intención de dormir a gusto. Se recuesta en la cama, deseando no volver a escuchar ese molesto ruido. Cierra los ojos y procede a dormirse.

Después de unos cuantos minutos, ese ruido vuelve, pero esta vez un poco más fuerte. Alice despierta con una gran desesperación; tiene sueño, ya sabemos qué pasa cuando uno no puede conciliar el sueño. Está impaciente por dormir. Se levanta y mira el reloj, toma la linterna, se pone las pantuflas y se dispone a volver al sótano para ponerle fin a esto.

Baja los escalones y empieza a buscar más por el sótano, mira debajo de las mesas, abre algunas cajas, quita las mantas de algunos objetos, pero no encuentra algo que pueda provocar el ruido. Está desesperada, solo quiere dormir unas horas, mañana tiene que ir a la universidad y necesita descansar.

Alice ronda por unos diez minutos todo el sótano, pues como había dicho, el sótano era enorme, y sigue sin encontrar lo que hacía el ruido.

Está muy nerviosa. Ya cansada decide volver a la cama; camina rogándole a Dios que no se vuelva a escuchar ese maldito y odioso ruido. Cuando llegó a la cama se acuesta y se tapa los oídos con la almohada y cierra los ojos…

No pasan ni más de diez minutos para que el ruido vuelva a sonar. Alice despierta llorando, llorando de la angustia. Tenía un poco de miedo, tenía sueño, tenía una combinación de sentimientos que no era buena. Se levanta enojada y esta vez toma una linterna de campamento, de esas grandes, y se dispone a ir al sótano a encontrar algo.

Baja rápidamente. Esta vez mueve las cajas, las abre todas, mira debajo de todo. Se cansa tras el proceso pero no quiere parar porque sabe que si lo hace volverá a oír ese ruido. Mira de nuevo por las cajas y objetos; está cansada, ve su celular y es la 1:12 a.m.

Ya no puede más, el sueño, el miedo y el cansancio la están consumiendo. Ya no puede, pero sabe que ese ruido seguirá sonando, y sonando, y sonando.

Alice se da por vencida. Camina hacia su habitación y se acuesta pensando y diciendo:

—¿Qué es eso? ¿De dónde viene?… Ando cansada, que ya se detenga, por favor.

Piensa y piensa en una solución, se agarra la cara, toma café de lo nerviosa que está. Se sienta en su cama pero no sabe qué hacer, pues si se duerme volverá a oír ese maldito ruido. No piensa con claridad… hasta que se acuesta llorando, y luego, se le ocurre algo, algo que no había intentado, algo que con tan solo pensarlo es loco. Se pone boca abajo, en la orilla de la cama, y asoma la cabeza poco a poco por debajo de la cama… y lo que ve… la deja sin palabras.

Ve dos luces color rojo muy brillante, como focos chiquitos. Y debajo de esas luces, se comienza a formar una sonrisa.

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Paul

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2 reflexiones en “La cosa de abajo”

  1. SPOILERS

    El desarrollo se te hace largo. Un tanto tedioso, incluso. Ese vaivén. Esa desesperación que mimetizas de la protagonista. Pero, ¡ja! Vivo por el final.

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