El gato del Abuelo

Tiempo de lectura: Cerca de 4 minutos.

Es mi primera publicacion, no esperen algo fabuloso, espero critica porque se que tengo mucho que mejorar!!

Eran pasadas las dos de la madrugada. La peor hora para dormirme y sin embargo….y sin embargo seguía despierta. La luz que emanaba de la pantalla de la laptop iluminaba todo el cuarto, contiguo a la sala y a la cocina. Chateaba con amigos y leía historietas, necesitaba algo para distraer mi mente, algo con lo que despertarme.
Tengo dos razones para seguir despierta y querer distraerme. La primera es, mi absurda y loca creencia en las supersticiones. Dicen que a las tres de la madrugada es la hora muerta. Lo he leído en muchos lugares, es hasta trillado creerlo. Pero nadie puede desmentir el hecho de que es la hora de la muerte de Cristo y de que es el tiempo perfecto para hacer ciertas “cosas”. La segunda razón es la reciente muerte de mi abuelo en el piso de arriba. No hay mucho que decir de él, pero si hubiera algo que mencionar sería la forma de su muerte. La manera en que estaba colocada la silla, la mirada perdida en sus ojos, el infarto provocado por la ruptura de la aorta en dos. La sangre derramándose por la boca y los orificios de la nariz, los terribles accesos de tos pastosa en los que se ahogaba por los cúmulos de sangre, el rojo matizando el blanco de las patas de la silla.
Si. Fue terrible, y fue agotador. Era un hombre turbado durante su infancia, borracho en sus últimos días, solo con la compañía de sus recuerdos y de su gato. No permitía la presencia de nadie más por diez minutos, y tampoco permitía la presencia de alguien con su gato.
Un animal tan simple como cariñoso, la verdad no veo que de malo puede haber en el, aunque, tal vez, deba admitir, que es grande, demasiado grande de lo normal. Y que sus ojos, sus grandes ojos amarillos parecen reales.
Sigo leyendo mis historietas las cuales adoro, y veo el reloj en la esquina, son las tres de la mañana. Cielos. ¿Por qué tenía que ver el reloj justo ahora? Debo tranquilizarme, no hay nada que temer. Soy valiente. Ni muerta me separo de esta laptop. Escucho un sonido, proviene de las escaleras, es algo muy suave pero apresurado, lo suficientemente fuerte para llegar a ser notado por alguien, por mí.
Sigo mirando la pantalla, la historia que leo está llegando a un capitulo interesante, no voy a pararle a nada. Siento ruidos de pasos, siento un viento detrás de mí. Respira tranquila. Me volteo y no hay nada. Típico. Sigo concentrada en lo que leo cuando ¡demonios! Siento algo pasando entre mis piernas y casi sale un grito de mis labios al ver al gato de mi abuelo. Estúpido gato, quiere matarme de un susto. Soy una idiota.
Es raro verlo aquí abajo, es mas es raro verlo en cualquier lado. Se queda quieto a un lado de mí, viéndome desde abajo. Me paro de la silla y de repente me siento gigante, me siento como un ogro que infunde miedo al gato. Es un sentimiento extraño, pero no me niego a sentirlo. Su pelaje atigrado y peludo, sus grandes ojos amarillos. Me quedo estática mirándolo a los ojos por largos minutos. Me hundo en sus ojos, en su mirada, siento que hay algo mas que tengo que ver y sigo mirándolo, siento que sus ojos son de una persona adulta, madura y experimentada. Y al sentirlo, el gato desvió mi mirada y salió corriendo escaleras arriba. ¡Maldita sea! miro el reloj y aun son las 3:20 am. Algo me dice que debo subir. Basta de ser una miedosa. Puedo subir arriba y no voy a ver nada.
En fin, subí las escaleras, y vaya que casi las subo corriendo, mejor salir de esto rápido que seguir esperando. Esta muy oscuro, no puedo ver mucho en realidad, solo sombras. Sombras de todo. Todavía sigue la silla blanca de mi abuelo mirando hacia la ventana. Todavía siento que él está ahí. Y el solo pensarlo me aterra. Me acerco y veo el gato caminando de un lado a otro, lo sigo con la mirada y de repente se detiene. Me recuerda a los días de antaño, en los que cuando el verano nos sacudía con los calores mi abuelo se paraba y se servía sus cervezas. Una de las pocas veces en que se paraba de aquella silla. Cuanta nostalgia. Me acerco a la silla y el gato se me interpone. Me mira a los ojos como si yo fuera una amenaza, como si yo fuera mala.
Lo hecho hacia un lado con un empujón de mi pie y me acerco a la silla y miro por la ventana la calle, sola, vacía, callada. Siento que alguien sube, tal vez sea mi hermano que es medio sonámbulo y me sigue a todas partes. Escucho su voz abajo. Si, debe de ser él.

Escucho que alguien me pregunta de repente, muy cerca: ¿puedo servirme un poco de cerveza?.
Me rio y respondo: adelante, esta es tu casa, sírvete cuanto quieras.
Si, le seguiré el jueguito a mi hermano. Ni creas que caeré.
Escucho una risa…. “extraña”. No quiero ponerle otro nombre, me aterraría hacerlo.
NO SOY TU PEQUEÑO HERMANO GASTANDOTE UNA BROMA.
Abrí los ojos como una loca y mire de nuevo al gato, esta vez junto a mí y vi sus ojos, ahora lo entendía, ellos no me veían como si yo fuera una amenaza, sus ojos, temían por mí.

 

mi autoria

lizz

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2 comentarios de “El gato del Abuelo”

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