Arlequín(historia real)

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Una noche estaba recostada con mi madre a punto de dormir, habíamos apagado todo, pero de pronto se escuchó un ruido como el de un papel siendo aplastado.

Mi madre, pensando que era una rata porque vivíamos enfrente de un monte, tomó una lámpara que estaba situada en el cajón de la cama y empezó a alumbrar por el cuarto desde ahí mismo, pero no se vio nada y el ruido dejó de escucharse.  Ya listas para dormir, el ruido se escuchó de nuevo y ella no dudó ni un momento y alumbró hacia una mesa que estaba al lado de la cama.

Cual sorpresa fue la nuestra, pues sobre la mesa estaba colocado un Arlequín que mi madre había tenido desde pequeña, y ese mismo payaso fue quien volteó sonriendo y nos saludó con una de sus manos de porcelana.

Similar al que tenía mi madre.
Similar al que tenía mi madre.

Echamos un grito enorme, luego peleamos por quien iría a prender las luces y al final yo lancé a mi madre a que ella lo hiciera. Al prender las luces, ella tomó el payaso y le despojó la cabeza de su cuerpo y lo lanzó al porche que quedaba afuera del cuarto.

Estábamos asustadas por lo que había pasado y hablábamos de eso. De pronto, desde la ventana del cuarto que daba hacia el porche, oímos unas risas y a la vez unos pequeños golpes en la ventana. Yo que estaba al lado de la ventana empecé a temblar y sentí un escalofrío horrible por lo que estábamos oyendo y mi madre empezó a gritarle a mi hermano quien dormía en el cuarto seguido del nuestro.

Al entrar mi hermano al cuarto, mi madre le preguntó a mi hermano si el Arlequín seguía ahí a lo que mi hermano le contestó que sí. Mi madre le dijo que corriera por unas bolsas de basura, pero al meter al Arlequín, se abrió la bolsa de basura y cayó el payaso con la cabeza pegada a su cuerpo como había estado minutos antes. Rápido, ella lo metió en dos bolsas y corrieron por un encendedor. Poco a poco lo fueron quemando y lanzaron las cenizas al monte.

 

Esta historia que, aunque quizás a ustedes no les produzca tanto terror como a mí al escribirla, es real y me sucedió. Actualmente ya no vivimos en esa casa, pero es algo que nos pasó y hasta ahora no lo hemos podido olvidar. Incluso han sucedido más cosas en esa casa, pero sólo les dejo una historia de tantas.

Al payaso siempre le tuvimos miedo todos, menos mi mamá y mi sobrina. Estaba en la mesita, pues mi sobrina jugaba con él ese día en la tarde y lo dejó ahí.

Un lugar en méxico

Atziry L. Ramírez Rodríguez

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