Puertas sin retorno

Precaución: No veas los comentarios antes de leer.

Escribí esta historia para mi mejor amiga, Teresa. En un comienzo iba a ser una traducción, pero, leyendo los comentarios de la historia original (la cual tiene el mismo nombre, “One way doors”), estuve de acuerdo en que la historia tenía varias fallas graves. ¡Pero! La idea general me gustó. Hace un rato que me puse a traducirla, acabé escribiendo este fanpasta.

Tiempo de lectura: alrededor de 4 minutos.


No es inusual que las grandes edificaciones contengan puertas que, a primera instancia, no parezcan llevar a ninguna parte.

Dada la rara ocasión, puedes toparte en cualquier edificio grande metropolitano con una puerta que se verá completamente fuera de lugar y de tiempo. Puertas de madera añejadas por el pasar de los siglos con diseños ornamentales sutiles. Son puertas sin retorno.

Una noche de enero, Teresa se encontró a sí misma frente a una de estas puertas enigmáticas, sobrecogida por la curiosidad. Se acercó a la puerta ubicada inconsistentemente al final del pasillo que antes solo estaba destinado para conducir hacia los sanitarios. Sin mayor demora, probó la perilla de cobre; se sorprendió al descubrir que la puerta no estaba asegurada. La abrió con lentitud y develó una pantalla rectangular de negro. A pesar de la iluminación nítida del pasillo, no era capaz de ver más allá del marco de la puerta.

Lo consideró y sacó su celular. Apuntó la linterna de este hacia el nuevo acceso, sintiendo los músculos de su rostro converger en una expresión de extrañeza plana cuando vio que la oscuridad no fue afectada por la luz, ni siquiera cuando apuntó la linterna al suelo. Guardó el teléfono y se agachó para palpar la existencia de cerámica en la bruma negra. Efectivamente, su mano sintió el suelo del otro lado.

Se puso de pie, sacó el celular y tomó una fotografía de la puerta antes de caminar a través de su marco. Dentro, fue capaz de sentir la luz dejando de ser procesada por sus ojos, y la transición violenta la hizo parpadear incómodamente. Pero nada cambió. Aunque podía ver el pasillo a su espalda, no distinguía nada dentro de ese manto oscuro con infinidad asumida. Movió la luz de su linterna hacia su mano, mirándola resplandecer sobre el contaste negro.

Apenas logró caminar por unos segundos antes de reaparecer de súbito en el pasillo, encarando la misma puerta —cerrada una vez más—.

Disparó su cabeza hacia ambos lados del pasillo en tanto retrocedía por la sorpresa, pero pronto se aventuró a la perilla sin vacilar. La puerta estaba asegurada.

La situación llegó a consternarla. Creyó haber alucinado el suceso, pero se refutó a sí misma al ver la fotografía que tomó. Había abierto la puerta, sin duda, y lo había capturado.

Entonces, su curiosidad se tornó social. Volvió a su oficina y mandó un mensaje de texto a Andrés, su compañero y amigo de trabajo, quien estaba de turno esa misma noche. Segundos antes de doblar por el pasillo, se detuvo cuando escuchó a otra colega salir del baño de damas. Retratando el actuar de Teresa, Daniela observó la puerta —que antes no estaba ahí— con una mirada inquisitiva bordando en el recelo. Teresa la observó echar su mano en la perilla y abrir la puerta con éxito. Desde el otro extremo del pasillo, Teresa atestiguó la dubitación de Daniela hasta que, un momento después, ella se inyectó en el vacío compactado detrás de la puerta.

Teresa caminó devuelta hacia la puerta, revisando superficialmente si Andrés recibió el mensaje, y luego aceleró su paso antes de que la puerta se cerrase. Estando en el interior, Daniela pareció haber sido deglutida por la negrura, puesto que no pudo ubicarla por ninguna parte.

Segundos después, la puerta se cerró atrapando a Teresa.

El cielo se encendió sobremanera, cegándola por un instante. Fue recuperando su visión conforme abría los ojos poco a poco, pero la escena aún era deslumbrante. El suelo, previamente negro, ahora lucía un blanco agonizante ante la vista. Sin embargo, la extensión del lugar no fue aclarada por este salto repentino de ambiente. La blancura se estiraba detrás y a los lados de Teresa sin flaquear.

Pero la monotonía nívea estaba ausente frente a ella.

Frente a ella, y con su mirada dilatada pese al brillo sofocante, descubrió una fosa chispeada en la sangre fulgurante de víctimas que cayeron hacia ese desnivel de profundidad letal. El suelo blanco en la base de la fosa había sido desgarrado más recientemente por la sangre que salpicó el cuerpo de Daniela, así como su propio cadáver, ubicado a unos metros del de su colega.

Imagen de perfil de Tubbiefox

Creación propia con base en la historia de Andrew Kim.

Tubbiefox

Administración de Creepypastas.com

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4 thoughts on “Puertas sin retorno”

    1. Las puertas no tienen retorno porque conducen a una fosa que no puede verse dentro de la oscuridad, por lo cual muchas personas que entran, caen y mueren. Teresa era solamente un espíritu viendo su cadáver. La puerta aparece y desaparece de manera aleatoria y su única finalidad es cobrar víctimas.

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