PESTE

Entrecierra los ojos para no dejar entrar la luz, para no dar cabida a que la luz del día ilumine sus acciones, sus recuerdos y que todo pase sin pena ni gloria.

Grace, es alta,  de una delgadez heredada por la exclencia genética, voz profunda,  costumbres poco notarias, invisible conforme a la situación pero de una imaginación alterada e inconforme, tenia pensamientos con atisbos de locura pero a ciencia cierta, su pobreza de espíritu impedía cualquier manifestación de este tipo al plano real. Era hermosa, y  d

istraída, su distracción surtía un efecto intrigante tal, que  bastaba con una mirada suya para que se metiera en tu vida como que la metadona a la de un  cocainómano en rehabilitación. Toda  esa personalidad intransferible descansaba, boca arriba con los en antebrazo derecho sobre la frente, muda e incorruptible sobre mi cama.

Tenai que saber que hacia allí, porque justamente en mi cama.

-Grace, sabes que me puedes contar
-Grace, va en serio, lo que sea, ¿qué te paso?, ¿qué tienes?
-ajamlo que sea ¿verdad?

-nada

Un monologo estúpido con mi propia conciencia, ¿quién era Grace?,  ¡cómo puede irrumpir  en mi casa así!, sin más, vuelta un asco, y fuera de eso sin hablarme, ni que yo fuera directamente responsable de la vida de quien apenas conozco hace un mes. Así sórdido en pensamientos de esa calaña me fui y  sin mucho esfuerzos a otro mundo, hasta

que la vos ya lucida de Grace me despertó de golpe.

¿Quiere saber qué me pasa?,  parece de ah

í, vamos donde pasa lo que me pasa.

-¿lejos?

.vamos!!!- grito exasperada como dando una orden, luego con tono cariñoso

agrego. ¿Sí?

-pues, si.

Seguí a Grace fuera de casa, caminábamos, dos, tres calles más allá de mi departamento. ella se daba vuelta de vez en cuanto como para asegurase de que la seguía,  caminamos  así cerca de 20 cuadras  finalmente, llegamos a donde como decía Grace “pasaba lo que le pasaba”, un sector de casas remontadas unas sobre las otras, calles estrechas, un espectáculo de lo degradante.

Entramos o mejor dicho descendimos, por una calle estrecha que nos vomito a una casa descolorida y recubierta por musgo, Grace sonrió con ironía, entro de forma imponente a la casa, dentro, en una diminuta sala, habían  apilados entre si muebles de todas las épocas, maquinas de coser. Grace se fue desasiendo de sus maltrechas ropas, mientras podía notar con la escasa luz que se le dilataban las pupilas.

-Grace, ¿qué pasa?

-Lo que me pasa, cállate.

Luego, en su traje de Eva se acerc

o hasta mi, que ya era una mezcla entre angustia y excitación, me cogió de las manos lo mas suavemente que permitía su carácter, técnicamente me arrastro hasta  el medio de la habitación

-siéntate- ordeno.

-claro- agregue,  abriendo los ojos de par en par.

Cuando conocí a Grace, prácticamente me sorprendió por la espalda, una vez que me senté a fumar en cigarrillo en un parque, cigarrillo que me robo  de los labios, me pido el numero del móvil, y de ahí en adelante, me convertí, en el “diario” o algo así de Grace; desde el día que la conocí hasta hace tres días en la mañana, llamaba exactamente a las 8 am, contándome que había hecho el día anterior, desde encuentros  sexuales, hasta esfuerzos inútiles de ser una niña cool, todo, hasta hace tres días, solo sucesos, jamás datos, intente preguntarle dad, domicilio, teléfono, profesión y a todo obtenía la misma respuesta, “¡qué curioso!”

Ahora estaba desnuda, con la cara descompuesta, pupilas dilatadas, tomándome las  manos, repitiendo una frase que solo ella sabrá que es.

“Acá fue donde me contagie de la peste”

que peste?, estaba perfecta, perfecta su figura , sin brotes,  salvo uno excesivo de  imaginación y pupilas gigantescas, tal vez una crisis nerviosa, jamás una peste.

-¿Que peste Grace?, estas perfecta, ven vámonos y trata de calmarte.

Insistí hasta que se compuso, al parecer. No le solté la mano hasta que llegue a mi apartamento, la deje de nuevo en la cama, estaba mentalmente agotado, ¿acaso no tenia, padres, amigos un novio?,¿¡porque recurría a mi?, Después de una larga ducha me acosté a su lado, estaba seriamente comprometió en procurar que nada  la dañara, por algo habría llegado a mi puerta.

Alrededor os de la mañana, sentí  un calor insoportable,  abrí las ventanas, inútilmente, no había viento, en la calle no se movía ni una sola hoja, de vuelta a la cama, pase las manos por la cama una y otra vez, ¿Dónde estaba Grace?. En el baño, o a lo mejor en la cocina, no, celular, ¡eso! la llamare, primer bip, nada,  la contestadora, a lo mejor se habrá ido a su casa, ¡eso!, dejo de fastidiarme y se acordó que tenia hogar,  es mejor dormir de nuevo.

A las 8 am, timbra el celular, es Grace,  la escucho entre dormido, “estoy enferma, ¿puedo ir a tu casa?”,  respondí que si, efecto del sueño quizás. Siento algo cálido pasar por mi espalda, me recorre el cuerpo, intento detener lo que lo provoca “quieto, no quiero que se enferme usted”, “¡Grace!”.

¿Donde estuviste?

No se a ciencia cierta, estoy enferma, tengo la pe

ste, ¿recuerdas?

¿Porque estas así? , ¿Porque estas manchada?, ¿te lastimaste?

No, es la peste, estoy enferma

Lávate, ¿si?, después hablaremos, no estoy seguro de que haces en las noches pero… en mi casa no más Grace.

No, no me digas eso, ayúdame, la peste no me deja, no me abandones por favor.

Grace… lo siento… solo un día mas, mañana te vas para tu casa, ¿entendido?

Un silencio incomodo se apodero d

el ambiente; Grace, se metió a la ducha, luego en toalla se abalanzo  sobre la cama.

De vuelta a mi casa después  del trabajo, rondando las 8 pm,  Grace no estaba  en mi apartamento, siento un deseo horrible de ir a buscarla, me lanzo en dirección a la casa, la de las muchas cosas apiladas,  bajo la misma calle, entro en la casa, todo está en perfecto orden en la mini sala de estar,  me adentro mas, hay una puerta. Entro gritando  “¡Grace!, ven vamos a casa, ¿Grace?”

Un espectáculo maravilloso, detrás de la pequeña casa hay un gran jardín, uno artificial con su propio puente, donde parada,  escondiendo su  rostro con las manos estaba Grace, me acerco, busco su mirada, pero en cambio encuentro cien ojos que se clavan en mi desde el fondo del canal donde una vez tuvo que haber agua, todos ellos inexpresivos, en blanco y ausentes, unos incrustados en una cráneo unos perfectamente esquelético, y otros  como si solo horas antes hubiesen llorado  por última vez, en la piel, de aquellos que no habían sucumbido a la descomposición, llevaban escrito algo que no lo logre leer.

-Grace- ¡que pasa!, ¡Que carajos pasa!…- sollozo-¿Grace?

-Son las víctimas de la peste…

Me retiro llorando, casi a punto de v

omita, Grace sonríe,  “no dejare que nadie te contagie”. Sonrió yo también, para no asustarla, hago una llamada y me siento a la puerta a esperar.

Dos meses después, después de  60 víctimas, confirmadas, apiladas una sobre otras, con la palabra “vade retro pestis”  tatuada a escalpelo, después de dos juicios, después de la peste. Me encuentro sorprendido de mi propia iniciativa hablando con Grace en un edificio blanco.

-¿Estas cómoda acá Grace?

-si, estoy enferma te lo dije

– de la peste.

-si

Una enfermera irrumpe  y  me llama

para preguntarme, mi vinculo con Grace, a lo que respondí “el que la encontró”.

Me paso una tablilla, Observo a Grace sonreír diciendo que está orgullosa de ser la sobreviviente  de la peste, mientras leo detenidamente, descubro con letras rojas garrapateadas a la ligera el nombre de la  peste , si,  la peste viene prescrita en una tablilla, “desorden antisocial, asociado a esquizofrenia”,  junto a lo foto del rostro confundido de Grace.

60 cuerpos descompuestos, causa de muerte asfixia, otros envenenamiento, todos ellos de las esferas sociales más altas, todos ellos conocían a la divertida y dulce Grace, que yo no conocía salvo por teléfono, todos ellos habían sido contagiados, por osmosis de la enfermedad que debilitada el ya exaltado

cerebro de Grace, todos ellos llevaban impresos, literalmente, el sello de los sueños descompuestos de Grace, que habían muerto sobe sus muchos recuerdos sin significado y mientras su cerebro enfermaba, vomitaba a su alrededor la peste traducida, en llamadas, en invitaciones que  finalmente terminaban  en el fondo del canal  falto de agua que Grace lleno  con las víctimas de la peste ahora llamada  “desorden antisocial, asociado a esquizofrenia”, y yo, me sentía, en realidad orgulloso  de haber  sido tan poco  importante como para no conocer a la exaltada, real y dulce GRACE

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Alejandra

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