Todos estábamos bailando. En el típico circulo que se hacen en las fiestas, mas en los quince años, la quinceañera bailaba en el centro muy alegre, todos sus amigos y familiares estábamos . A mi lado estaban 2 amigos, Layo que no veía desde hace un par de años y Carolina, la que era mi mejor amiga y también ex novia. Todo iba normal hasta que la quinceañera resbalo, la observe y aterrado me di cuenta que lloraba terriblemente su pierna estaba rota en dos partes y una buena parte de su hueso sobresalía yo aterrado trataba de ayudarlo pero algo aterrador me lo impedía; Layo y Carolina me abrazaban y lamían la cara con unas enormes lenguas de 30 cm. Mientras yo trataba de escapar note que todos los demás reían a carcajadas apuntando Fer ( la quinceañera y me mejor amiga también) trataba de gritar pero no emitía ningún sonido ella seguía llorando sin parar gritando hasta romperse la voz, no me quedo mas que mirar a otro a lado y la vi; la madre de Carolina parada en una esquina, llorando disimuladamente, con los ojos hinchados, apuntandome, murmurando algo que no alcanzaba a entender, tal vez seria por los soyosos de Fer, la música, o las dos lenguas que no me dejaban escapar, pero despues pude entender lo que decia. TU ERES EL CULPABLE.
Desperté.
La noche anterior había tenido una fiesta, los quince años de Fernanda mi mejor amiga, que se había lastimado una pierna al caer bailando, no fue nada grave, un esguince o algo así, nada fuera de lo común, obviamente me senti muy mal y muy preocupado por ella.
No recordaba la ultima vez que había tenido pesadillas, pero sabia que ninguna habia sido tan horrible como esa, pues, no siempre me levanto llorando y sudando.
Pasaron los años, todos esos amigos eran de la secundaria y yo ya estaba en segundo semestre de preparatoria, todavia hablaba con Fer y Layo, con Carolina no por diversas razones. Nunca había ablado de ese sueño con nadie, mas que con Hector mi mejor amigo que había muerto apenas el mes pasado. Asi que; nadie sabia de ese sueño.
Era un día normal, yo iba camino a la escuela montado en el camión que me dejaba justo enfrente de ella, estaba lleno así que iba parado con los audífonos puestos, el camión paro y yo baje por la puerta trasera, saque mi anticuado mp3 par cambiar la canción, como no veía por donde caminaba tropese con alguien, retrocedí y antes de que pudiera pedir perdon me quede sin palabras; era la madre de carolina, se me puso la piel de gallina, no la veía desde aquella fiesta, pero lo que mas me desconcentro fue su mirada, sombría, oscura, hinchada de tanto llorar, me miraba con cierta furia que no podía entender, su boca se abrió y como en el sueño ningún sonido salio de su boca la primera vez; pero lo que alcance a escuchar la segunda vez que abrió la boca, fue tan fuerte como un golpe en el estomago y tan escalofriante como la tenebrosa risa que le ponen a las brujas de cAricatura: TU ERES EL CULPABLE, MURIO POR TU CULPA.
Después de haber recibido esa extraña acusación, retrocedí y me eche a correr por la ancha y sucia calle de la preparatoria, escuche detrás de mi mas lloriqueos y gritos poco claros. La señora seguía balbuceando. -MI HIJA MURIÓ Y TU TIENES QUE PAGAR. Pero yo no escuchaba, pensaba en lengua y huesos mientra corría hasta que tropese, y caí violentamente al suelo. ¿Carolina murió?, ¡como puede ser eso?. Abrí los ojos y note dos cosas; ya no era de día, estaba muy oscuro y no se vi nada de luz. La segunda cosa que note hiso que me deciciera de pánico. HUESOS. Huesos que sobresalían de mi pierna, como en ese maldito sueño, no dolía, no había sangre, solo un hueso amarillo y roto. Solo faltaba una cosa par que el sueño reviviera; las lenguas.
Lo pense demasiado rápido.
Tenia que ser un sueño, no era posible que eso fuera real, un monstruo rosado envuelto de saliva, lo era, lo era, maldita sea lo era. Una lengua gigante. No tenia cara, tenia extremidades pero no cara, solo una boca con seis dientes enormes y afilados. Tenia un collar en lo que parecería ser su cuello, y de ella salia una correa que sostenía una figura sonriente con la mano derecha, yo con la izquierda sostenía la mano de otra figura igual de sonriente. Layo y Fer. Yo lloraba, no se me ocurría nada mas, no podía moverme tal vez por el pánico o la pierna, pero eso no importaba, solo quería despertar, pero algo me decía que no era un simple sueño, era asquerosa mente real. Fer se solto de la mano de Layo y se acerco hasta mi oreja, creo que ya no me importaba nada pues no puse ninguna resistencia.
-¿Lo estrañas?, ¿a Hector?, el te extraña, Carolina también, de hecho todos te extrañamos. Podemos volver a bailar ¿sabes?, todos juntos, como esa bonita noche, en que nos dejaste y marcaste tu fin. Lo único que tienes que hacer es que nuestro amigo juegue un poco contigo y unos segundos después todos estaremos bailando y riendo por la eternidad, y si te niegas los huesos y la lenguas te torturaran para siempre. ¿Que dices amiguito?. Sus palabras eran fuertes e intimidantes.
La lengua comenzó a gruñir, emitió un ruido muy parecido a la risa humana solo que mil veces mas asqueroso. La fobia que le tenia a esa cosa era terrible, pero no se comparaba con el ver a aquellas personas amenasandome de esa manera, ya no pensaba, ya no me importaba nada, solo quería terminar con eso de una vez.
-¿Tu porquería quiere jugar?, que juegue.
Ahora mismo te escribo querido lector, desde mi cómodo escritorio con una sonrisa de oreja a oreja, cansado de tanto bailar, esto que te escribo no es para asustarte, no, es para invitarte, invitarte a bailar, a reír, a morir sin morir en realidad. ¿Te llama la atención? solo tienes que soñar, con lenguas y huesos, sufrir un poco para bailar por la eternidad.
QUE DUERMAS BIEN
ATENTAMENTE: EL REY DE LOS HUESOS Y LAS LENGUAS.