
Cursaba yo el último semestre de mi educación media superior. Las clases estaban por finalizar y yo iría a la universidad con honores…
-¡Hola Ángela! ¿Lista para que se termine la prepa?
– Estoy nerviosa Imelda. Digo, vamos a ir a la universidad. Luego terminaremos nuestras carreras y todo eso. En lo particular, me siento muy bien porque lo hemos logrado. Pero siento que nos faltan muchas cosas por hacer y muchas ya ni pudimos hacerlas.
Imelda sacó su espejo y su polvo para maquillarse sus pómulos. No se para qué. Estabamos sentadas afuera de la cafetería al pie de un árbol gigantesco y un viento frío y seco soplaba moviendo las hojas de había caído por todo el patio.
-Tal vez con esta generación no. Pero tenemos todo el tiempo del mundo. Precisamente te iba a proponer hacer algo loco esta semana antes de graduarnos.
-Algo loco, ¿cómo qué?
Gael iba pasando por la acera de enfrente. Era el chico más apuesto de toda la preparatoria. Estaba enamorado de mi amiga y él a mi me encantaba. Pero ella no mostraba ni el más mínimo interés en él. A lo mejor si le atraía, pero como era mi mejor amiga y además, ella sabía que a mi él me gustaba, nunca le dijo más que un «hola» y «adios».
-¿Qué te parecería si te consiguiera una noche a solas con Gael?
Me quedé muda. Ella pudo notar que me puse nerviosa, pero mis mejillas no se sonrojaron.
-O mejor aún…
Su rostro se le iluminó como cuando tenía una de esas ideas brillantes pero muy locas.
-…Imagínate si lo llevamos a «la guarida».
-¡Estás loca! A él no.
Ella comenzó a reirse en forma burlona.
-Hemos llevado a otros chicos antes, ¿por qué a él no? A poco me vas a decir que ya te enamoraste de él.
Nerviosamente, traté de encontrar una salida a sus preguntas.
-¡Claro que no! Es solo que…
-¿Qué…?
-Que ese es nuestro refugio especial. No podemos llevar a cualquiera.
Imelda se miraba sus largas uñas. Luego con ellas comenzó a acariciarme mis mejillas.
-Mmm. Está bien, lo pensaré.
Ella se levantó del suelo de un saltó.
-¿Lo pensarás? Niña, nos graduamos en menos de cinco días. Si quieres algo con Gael tiene que ser ahora. Me escuchaste. ¡Ahora!
Me levanté muy despacio y caminé hacia la salida de la escuela. Imelda me seguía muy tranquila como si nada pasara.
-Está bien. Hagámoslo antes de la noche de graduación.
-Bien. Tú iras sola con él y yo los alcanzo allá para terminar la fiesta.
Imelda comenzó a caminar hacia su casa muy lentamente. Iba sonriendo.
-¡Mely! ¿Vienes a cenar a mi casa hoy?
-No querida. Me voy a poner a dieta para ese día llegar bien guapa.
Luego se dio la media vuelta y se fue perdiendo entre los coches y las casas amarillas de esas calles.
Quedamos en no hablar hasta ese día. Yo con cada día que pasaba me ponía más y más nerviosa. Me pase todas las noches contemplando la luna hasta que amanecía. Tampoco comí nada en esos días. Los nervios me consumían por dentro y no me dejaban hacer nada más que pensar en Gael y en la noche maravillosa que pasaríamos juntos con mi mejor amiga.
La mañana de ese día Imelda me llamó muy temprano.
-¡Hola! Ángela.
-Sí Mely. Dime.
-¿Estás despierta?]
-Eres tan simpática a veces.
-Ja ja. Ya se.
-Oye, ya está todo listo. Gael pasará por ti a las ocho.
El estómago me comenzó a doler. No se si era el hambre o los nervios del encuentro con Gael. Pero sentí un gran dolor o ansias en mi estómago.
-¿Cómo le hiciste? ¿Qué le dijiste?
-Ese es mi secreto. Tú ponte guapa y prepárate para disfrutar una de las mejores noches de tu…digamos vida.
Sonreí.
-¿Pero tiene que ser así?
Respiró muy enérgicamente por el teléfono. Luego su voz se tornó muy molesta.
-Mira Angie. Conseguí la cita con este tipo. Hice cosas que no quería porque todo salga bien esta noche. Tengo un hambre atroz porque he estado al pendiente de lo que tú quieres. Si no vas esta noche no me importa, porque yo si la voy a disfrutar.
Luego me colgó el teléfono y yo me quedé muy seria pensando. En verdad quería pasar una noche maravillosa con mi amiga y la persona que me gustaba. Pero presentía algo muy peligroso.
Terminé de arreglarme como pude a las siete cuarenta y cinco y me senté a la puerta de mi casa. A los diez minutos llegó Gael en su coche. Venía guapísimo.
-¡Hola Angie! ¿Lista?
-Sí. Vamos.
Gael condujo por toda la ciudad hasta las afueras. Manejó cerca de una hora.
-Imelda me dijo que ustedes tenía un buen lugar para que nadie las moleste al que llaman «La guarida».
-Sí. Ya vamos a llegar. Es por esa brecha.
El camino por donde ibamos era de tierra y el auto de Gael avanzaba penosamente. Después de un tiempo se detuvo.
-Ya falta muy poco. ¿Qué pasó?
-Sí es que el camino está muy feo y el auto se descompuso.
Gael abrió el cofre del auto y luego bajó con una lámpara a revisarlo. Luego de moverle un poco y hacer algunos ruidos extraños regresó dentro del coche.
-¿Ya quedó?
-No. Todavía no.
Empecé a tener ese mal presentimiento otra vez. Los ojos de Gael se veían extraños y me miraban de una manera muy rara.
-¡Oye! Ahora que te veo bien. Eres muy bonita.
Gael me acarició las mejillas.
-Eres igual o más bonita que tu amiga. Y además más atractiva.
En un movimiento rápido él me tocó los pechos. Yo estaba paralizada por algo que no sentía desde hace mucho tiempo. El miedo.
-¿Qué te parece si nos ponemos románticos aquí y luego vamos con tu amiga?
Yo estaba al borde del llanto. El miedo ya no me dejaba pensar. Hubiese podido parar aquello. Yo hubiese podido acabar con eso en un instante. Pero el miedo de que la persona que más amas en el mundo te esté haciendo daño era algo que no podía creer. Era algo que, hasta para las personas como yo, hacía temblar de terror.
No se cuanto tiempo pasó. No se exáctamente que fue lo que sucedió. Solo se que cuando él terminó de abusar de mi, comenzó a golpearme porque yo estaba sería y sin habla. Más que dañar mi cuerpo, daño mis sentimientos. Luego me bajó de su auto y arrancó para dejarme más sola que aquel triste y despoblado camino. Yo lo único que hice fue caminar y caminar y caminar hasta que por alguna razón terminé en los brazos de Imelda y fue entonces que pude dormir.
Cuando desperté era aún de noche. Lo que no sabía era de cuál día. Imelda estaba ahí y acariciándome la frente.
-No lo puedo creer Angie. ¿Cómo fue que te dormiste?
Yo me incorporé quedándome sentada sobre una cama.
-No se. Me duele la cabeza.
Ella se sentó a un lado mío.
-¿Será acaso que tienes algo de humanidad aún en ti?
-Tal vez. Tengo mucha hambre.
Ella sonrió y se levantó presurosamente. Luego se fue sonriendo hacia otra alcoba. Yo comenzaba a mirar hacia todos lados tratando de reconocer el lugar. Era la alcoba principal de «La guarida». Nunca había estado ahí porque nunca había tenido la necesidad de dormir. Se escuchaban muchos ruidos y unos pequeños gritos ahogados. Cuando empecé a levantarme de la cama, entró Imelda cargando a Gael. Iba solo en ropa interior.
-Lo rapté anoche después del baile de graduación. Nadie me vio. Así que podemos hacer con él lo que sea y nadie nos culpará.
Mire los ojos de Gael. Ya no eran de deseo, eran de terror. Se iban abriendo cada vez más y más mientras me acercaba a él.
-Nunca pensaste que ibas a violar a una vampira, ¿verdad? Dime, ¿qué se siente?
-Le sacaré los ojos para que no te vea así.
-No, espera. Quiero ver esa mirada de angustia y dolor hasta el último momento.
Imelda sonrió y luego juntas comenzamos a comernos vivo a ese hombre tan guapo. Fue un baño de sangre. Estabamos tan hambrientas y deseosas de carne humana que no dejamos sino solo los huesos blanqueados. Estaba llegando el amanecer cuando le di un abrazo muy grande a Imelda.
-Tenemos que desaparecer de aqui por otra generación.
-Ya lo se.
Juntas veíamos como el sol iba saliendo detrás de la montaña.
-¿Cuánto tiempo llevamos haciendo esto Mely?
-Ya perdí la cuenta. El problema es que estamos atrapadas en el cuerpo de unas jovencitas. Pero nos da ventaja a la hora de busca víctimas.
– ¿Vienes conmigo?
-¿A dónde vas?
-¿Haz oído hablar de Río?
-Mmm. No. Prefiero ir al norte.
-¿A dónde?
Ella ya se había cambiado de ropa.
-Hay un lugar con muchas leyendas llamado México.
-Suerte entonces. Te veré aquí en diez años.
…Ya han pasado diez años. Pero Imelda no ha regresado. Tal vez anda ocupada o de verdad se estableció en algún lugar. Llevó diez días esperándola pero no ha llegado. Es raro en ella porque ella siempre fue más puntual que yo en todo. La esperaré otros diez días y si no viene me iré. Aun está presente en el pueblo la desaparición de Gael y muchos de nuestros compañeros siguen vivos y se acuerdan de nosotros. La esperaré en «La guarida», sirve que ahí podré alimentarme a gusto y sin distracciones. Todas las noches trato de dormir pero no lo consigo. A veces me hago la dormida y otras veces si llego a permanecer como dormida por mucho tiempo, aunque siempre estoy consiente del lugar en el que estoy y de lo que está pasando a mi alrededor. Todos los días lo hago esperando que algún buen día sienta una mano fría y delgada sobre mi frente y una dulce voz que me diga «No lo puedo creer Angie. ¿Cómo fue que te dormiste?»