Al otro lado de la ventana

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Llueve. Miras distraídamente a través de la pequeña ventana. Ves una sombra pasar. Te asustas de que sea un ladrón y quieres ir a avisarle a tus padres. Pero claro, recuerdas que tus padres han salido y que no regresarán antes de la medianoche. Tu reloj marca que son las 10:32 de la noche y ruegas a Dios que acabe pronto la espera.

Escuchas un ruido sordo y seco en la parte trasera del jardín. Tu subconsciente te indica que olvidaste ponerle seguro a la puerta de atrás y que ese pequeño error que siempre cometes y que nunca te ha importado ahora puede provocarte la muerte. Tratas de ignorarlo e intentas retomar lo que estabas haciendo. Otro golpe, aún más fuerte que el anterior, suena cerca de la ventana de tu alcoba. Atemorizado, observas por debajo del alféizar de la ventana, convenciéndote de que el causante de los ruidos que escuchaste recientemente es un simple gato o algún perro vagabundo. Pero ¿que no era lógico que tu propio perro hubiese empezado a ladrar ante la entrada de un animal intruso? Hasta ahora, Rufus ha estado callado y no ha emitido ningún sonido. Te empiezas a enervar y sientes un ligerísimo sudor frío perlando tu frente. La habitación en la que te encuentras está a un costado de las escaleras, dando casi directamente a la entrada principal de la casa, mientras que el baño y la cocina están a unos cuantos pies de la puerta de atrás.

Ya son las 11:53 y solo faltan unos minutos para que lleguen tus padres. Te dormiste accidentalmente al frente de tu ventana. Ni siquiera te diste cuenta de que ya no estás en tu cuarto, sino en el de tus padres. Ni siquiera notaste que alguien te cargó hasta ahí, mientras tú dormías. No has visto que la puerta de atrás está abierta de par en par, dejando ver a través de ella la negra y oscura profundidad de la noche. Intentas levantarte, pero un peso muy grande está encima de ti, casi al borde de no dejarte respirar. Te mueves. Te retuerces. Gritas. Nada. El bulto que sientes sobre ti no se va, y es aquí cuando reaccionas y ves una larga y voluminosa sombra negra sobre ti, intentando desgarrar tu ropa. Forcejeas para que te libere, lo empujas, gritas, lloras y cedes. No puedes hacer nada. Eso se está riendo de ti. Sientes una de sus gélidas manos alrededor de tu cuello, ahorcándote. Sientes cómo la otra mano baja hasta tu vientre y empieza a moverla arriba y abajo, bajando cada vez más hasta que la sientes en la zona donde los nervios son muy susceptibles al tacto. Gritas, gritas y gritas desesperada y eufóricamente para que se mueva de ti y te deje en paz. Escuchas un susurro apenas audible en tu oído; casi tan bajo que apenas y escuchas que ahora le perteneces.

Al llegar tus padres notaron que ya no eres igual, que has cambiado. No comes, no ríes, no haces nada, nada más que esperar que llegue otra vez, al que ya te acostumbraste que haga de ti su desdichado juguete para morder, rasguñar, acosar y tantas cosas horribles. Ocupas tu lugar en tu cuarto, mientras esperas pacientemente que su sombra aparezca en la oscuridad de los setos que están al otro lado de la ventana.

Sigue lloviendo.

Creación mia publicda en Tumblr
http://itzelsaenz.tumblr.com/post/111990611068/al-otro-lado-de-la-ventana

Itzel Saenz Muser...

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5 comentarios de “Al otro lado de la ventana”

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