Tres Creepypastas

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Hola a todos, soy IceCoffee. A continuación les dejaré tres creepypastas que encontré por la red. La traducción es mía.

Las vías del tren

Mi primo y yo habíamos ido a San Antonio, y habíamos escuchado rumores acerca de unas vías de tren que estaban embrujadas. La historia era: “Un autobús escolar lleno de niños se había estancado en esas vías mientras un tren se dirigía a ellos. Dicho tren iba demasiado rápido como para que hubiera tiempo suficiente para sacar a los niños. Así que todos murieron.”

Cuando finalmente encontramos las vías, detuvimos el auto, estacionándolo lo más cercano posible a las vías. Ambos nos encontrábamos un poco nerviosos y asustados, sólo nos quedamos ahí esperando que algo pasara. Justo cuando estábamos a punto de abandonar el lugar, el auto comenzó a rodar. Estábamos demasiado asustados que solo nos pudimos abrazar mientras jadeábamos con los ojos muy abiertos. Después de lo que pareció una eternidad (que en realidad fueron menos de 5 minutos), el auto dejó de rodar. Miramos a nuestro alrededor y estábamos lejos de las vías de tren.

Ahora, supongo que eso no parece tan escalofriante, pero lo que vimos nos asustó demasiado que inmediatamente nos subimos en el auto e hicimos un viaje de seis horas para regresar a casa ESA MISMA NOCHE. Ambos nos bajamos del auto y nos dirigimos a la parte trasera, después del viaje, nuestro auto había acumulado un poco de polvo. Claro que eso no asusta para nada. Lo que en realidad nos asustó, fue ver huellas de manos en toda la parte de atrás. Todas eran del tamaño de manos de niños.

El piso de arriba

Cuando yo era niño, mi familia se mudó a una casa vieja, de dos pisos, con muchas recamaras enormes y vacías, además el piso rechinaba. Mis padres trabajaban, así que era muy común que yo me quedara solo al regresar del colegio. Una tarde, cuando llegué, la casa estaba oscura. Entonces grité “¿Mamá?” y escuché una dulce voz respondiendo “¿Siiiiiii?” que provenía del piso de arriba. La llamé de nuevo mientras subía las escaleras para averiguar en qué recamara estaba, y de nuevo me respondió con un “¿Siiiii?”. Como en ese tiempo estábamos desempacando y redecorando la casa, no sabía moverme en ese laberinto de recámaras pero estaba seguro de que su voz venía de una recamara alejada. Me sentía incómodo, pero pensé que era natural, por lo que me apresuré para ver a mi madre, sabiendo que su presencia calmaría todos mis miedos, como siempre sucede. Justo cuando había llegado a una puerta y estaba a punto de abrirla para entrar a la recámara, escuché la puerta de entrada que se abría mientras mi madre gritaba “Cariño, ¿estás en casa?” en un tono melodioso. Salté del susto, y me dirigí a la entrada corriendo para ir con mi madre. En un momento de mi huida, miré hacia atrás y me di cuenta de que la puerta se estaba abriendo lentamente, por un instante, vi algo extraño ahí, no sé lo que era, pero me estaba mirando.

La foto de la niña

Una tarde, un chico se encontraba en la escuela, sentado en su silla dentro del salón de clases. Pero al voltear, algo que reposaba en el césped de fuera llamó su atención. Por la distancia no distinguía con claridad que era lo que allí había, pero tenía un brillo particular que capturó su mirada. Al terminar las clases, el muchacho se levantó rápidamente de su asiento, y fue corriendo hacia donde se encontraba esta extraño objeto, con el fin de que nadie lo tomase antes que él. Se acercó, y se dio cuenta que este objeto no era nada más que una foto, la foto de una niña que miraba hacia el frente, con la seña de Amor y Paz en los dedos, y una sonrisa tierna. El chico se vio atraído por la niña, su belleza lo cautivó, y quería conocerla. De camino a su casa, fue preguntando a todo quien se cruzara si habían visto a la chica, a la par que le mostraba la fotografía, pero todos le daban la misma respuesta, nadie había nunca visto a tal muchachita. Cabizbajo regresó a su casa, donde al abrir la puerta y ver a su madre, le preguntó si había visto alguna vez a la niña de la foto. Le contestó con un “no”. Un poco decepcionado, se fue directo a su habitación, donde dejó la fotografía encima de un tocador, esperando algún día poder encontrar a la chica.

Había oscurecido ya, y el chico recostado en su cama, escuchó unos golpes en su ventana. Sorprendido, rápidamente se levantó y miró hacia el exterior a ver si podía localizar algo. Vio como alguien se movía en la distancia, como si estuviese huyendo. Salió de la casa a buscar quién había sido, pero se perdió a lo lejos, y no pudo alcanzarla.

Otro día más, es de noche nuevamente. Esta vez el chico se encontraba dormido. Sin embargo, esta vez se escucharon golpes más fuertes en su ventana, tanto que fueron capaces de despertarlo del sueño. Sin pensarlo, velozmente salió de su morada, y corriendo persiguió a una chica que se distinguía a la distancia, mientras le gritaba pidiendo que aguardara, pues quería conocerla. En una vuelta de calles, la había perdido de vista, y volteando la cabeza a todos lados para hallarla; se había quedado en medio de la carretera. De pronto, un coche pasó a toda velocidad, pasándole por encima y dándole muerte.

El conductor responsable de su muerte, bajó de su coche para así poder ver al chico hecho pedazos por los neumáticos. Asqueado, se acercó lentamente y notó que a un lado del cuerpo, se encontraba una fotografía. El hombre la levantó y al observarla, estaba una niña muy hermosa, con un vestido, mirando hacia el frente, sosteniendo tres dedos.

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Cristina A.