Bajo Un Cielo Rojo – Parte Final

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Se puso de pie, mal herido, sin borrar la sonrisa de su rostro. Tomó la Mágnum y la única bala que quedaba, cargó y guardó entre el pantalón.

Habían halos de luz que salían desde la tierra, tenues y extrañamente cálidos, llenando el cielo de ondas rojizas. Los sonidos del silencio hacían mella en la cabeza de Cid, quien paso tras paso, muy mal herido y aun sonriendo, se acercaba a las puertas de la Catedral.

Los cánticos no eran… cánticos como tal. Iluminación anaranjada salía de los cristales rotos de la antigua estructura, así como también aquellos zumbidos vocales de cosas extrañas que nadie entendía, más que los lideres en disputa. Los cadáveres adornaban las calles, ríos de sangre se evaporaban al son del calor de las llamas infernales, paso tras paso, paso tras paso, más y más cerca de la Catedral, pateando cabezas y entrañas rostizadas.

Ángeles caídos aguardaban detrás de los escombros, viendo como aquel mortal haría frente a quien sabe lo que estaba dentro, con sus alas quemadas y heridas de muerte.

-          A la Mierda el Apocalipsis…

Con un fuerte empujón corrió una de las puertas y entró con las pocas fuerzas que le quedaban. Un largo pasillo entre la multitud encapuchada daba hacia el Altar donde el sacrificio se daría a cabo. Susana, muy mal herida,  estaba sobre él, y el Viejo, que ya no era un viejo, volteaba lentamente, poniendo atención al Mortal que acababa de interrumpir el ritual.

Cid miró sorprendido la apariencia del viejo. Humana aun, pero físicamente fuerte, desgarrado, desfigurado y con… bueno, con cosas propias de los demonios, ya saben…

-          Hazazel, ¿Eh? Conozco a algunos como tú…

El Demonio candidato al Liderazgo mundial solo gruñía y sonreía, dejando ver la putrefacta sonrisa de la que era dueño. En sus manos, sostenía una especie de cuchilla, la cual dejó al lado de la maltrecha Susana, para acercarse tranquilamente hacia Cid.

Por su parte, el muchacho, mientras caminaba ya casi desvaneciéndose, miró que entre la gente, en el suelo y media escondida, estaba Michelle, tapándose la boca y mirando esperanzada a Cid. El solo le dio un guiño y siguió su camino.

Todos aquellos dentro de la Catedral se iban acercando a medida que El Mortal y el Demonio iban acercándose. Ya no habían cantos ni murmullos, la luz se hacia cada vez más opaca y la tensión llenaba el aire. Susana no podía ni moverse, sintiéndose cada vez más y más débil, dejando caer lágrimas y susurros llamando a su marido. También angustiada por la actividad inusual de su vientre, donde Lumine empujaba y pateaba de forma inusual para una bebé de 8 meses.

Frente a frente, ahí los dos. Cid sacaba el arma cargada y dejaba la munición a punto. Hazazel, de dos metros y medio de estatura, solo gruñía por lo bajo y miraba de forma insignificante a Cid.

-          Un disparo en la cabeza y te eliminaré. Sacaré a mi esposa de aquí y tu Jefe ganara esta disputa. Al menos él es más discreto para sus cosas.

Hazazel solo alzó su brazo y de un Brutal azote, mando a volar a Cid contra uno de los pilares de la catedral. El cuerpo despedazado con el violento impacto se dejó caer ante los Ojos de los asistentes al ritual, y cayendo a tres metros de Michelle, que ya sin fuerzas ni esperanzas, lamentaba la perdida del único que, quizás, podría salvarlas a las dos.

Hazazel dio un Rugido hacia el Cielo y volvió su ruta hacia lo que quedaba de Susana. Los asistentes se estremecían, y sin perder tiempo comenzaban a alzar sus manos hacia el cielo y cantaban en sus extrañas lenguas. Por Michelle ni se preocupaban, estaba demasiado débil e indefensa para hacer algo.

Hazazel exclamó un par de palabras en lengua desconocida y los fieles enardecían. Comenzaba a temblar y el calor se hacia insoportable. De los pueblos y lugares aledaños, ríos de lava  arrasaban con los campos y las casas. La oscuridad daba el asilo a las alimañas que hacían la transición, alimentándose tanto de los pocos animales vivos o de los pocos sobrevivientes. Todo árido, todo seco, no había agua, pasto, ciudades, mares. Lentamente el Rojo comenzaba a apoderarse de todo, pero esta ves no solo en el cielo, sino  que también en la tierra. La transición estaba casi completa.

Hazazel tomó la Lanza del destino, necesaria para poder realizar el último y más importante paso para ganar un ausente Lucifer. Lumine seria el heredero de la próxima generación de demonios, de la nueva estirpe de Ángeles, de Dioses y líderes Todopoderosos… Lumine es la elegida.

Levantó el Filo y de dispuso a cortar la carne, apoyado por un estrepitoso coro de los Fieles que veían, esperanzados, la escena.

Pero un grito resonó desde uno de los Pilares.

-          “Y aquel que tenga inteligencia – Decía Cid mientras se ponía de pie y sacudía sus pantalones – que calcule el numero de la bestia…”

Hazazel miraba algo reacio en su condición de demonio Todopoderoso. Pero Su rostro cambió cuando al voltear a terminar su trabajo, vio símbolos formándose en el vientre de Susana, quien ya había fallecido, mas su vientre seguía activo.

-          “…pues es el numero de un Hombre, y ese numero…” – Seguía diciendo Cid, acercándose de forma rápida y elegante, mientras se arreglaba la ropa y sus heridas iban curándose de forma gradual.

Michelle miraba atónita la escena, al igual que los fieles, quienes querían acercarse pero había algo que no los dejaba en paz, algo que los detenía… una fuerza mayor.

Hazazel pasó de la sorpresa al horror.

-          “…es el 666”. ¿Me oíste, hazazel? Es el 666, el que está marcado en la panza de Susana, Imbécil.

Cid se puso en frente de hazazel. En lenguas, comenzaron a charlar.

-          No puedes arrebatarme esto. Esta es MI oportunidad y no pensare entregártela, Lucifer…

Lucifer sacaba un cigarrillo y lo encendía, mientras volteaba a ver a los asistentes, en especial a Michelle quien ya había perdido el conocimiento.

-          Luché por este lugar todo este tiempo. Llevo milenios tratando de reinar aquí y bueno, digamos que me llego un dato y aproveché la oportunidad. Dejé todo en su lugar – continuaba mientras volteaba hacia Hazazel y daba una calada al cigarro – y digamos que Cid se gano un lugar especial entre aquellos que queden.

Los temblores se hacían más fuertes y la destrucción ya era inminente. El tiempo parecía detenerse poco a poco y Hazazel no podía más con la ira contenida. Todo había fallado. Pero no podía dejar todo así como así.

-          ¡No dejaré que tu criatura me quite el reino, Demonio!

Hazazel volteó veloz y se aprestaba a perforar el vientre de Susana, aplastando lo que fuera que sea que estaba adentro. Lucifer se puso el cigarrillo entre los labios y golpeo al Demonio, rompiendo costillas, columna y mandándolo al carajo. De un salto, llegó nuevamente a su lado y lo tomó del cuello, levantándolo con facilidad, para darle otro golpe, arrancándole la mandíbula inferior. Los fieles no resistieron ver la escena y se lanzaron a atacar a Lucifer. Los golpes no hacían daño, y de forma arrogante, Luci se separo del grupo, arreglo su chaqueta y abriendo la boca de forma descomunal, lanzo Lenguas de Fuego, que carbonizaban a los desgraciados que estuvieran cerca, y encendían vivamente a los demás. Uno de los Fieles tuvo la idea de eliminar al Feto maldito, acercándose sigiloso, pero Luci también tenia algo para aquel ingenuo, dando un salto, tomándolo y partiéndolo por la mitad como quien come chocolate. En su distracción, Hazazel en un arranque de energía y Odio, dio una brutal embestida a Lucifer, destruyendo todo a su paso y demoliendo uno de los Muros Principales de la catedral. Luci, a pesar de haber recibido daño, tomo nuevamente a Hazazel del cuello y lo miro directo a los ojos Cristalinos.

 

-          No eres más que un demonio de mierda. Eres un rezagado, estas y estarás bajo mi sombra, y puedo eliminarte cuando y como yo quiera. Además, apagaste mi cigarrillo.

Hazazel trataba de liberarse en vano. Lucifer tomó algo de fuerza y susurró un par de palabras al oído del Pobre demonio.

-          …y lo del cigarro no te lo perdonaré.

Acto seguido, trituró el cuello del Demonio, separando su cabeza del cuerpo y apagando su vida, para siempre.

Caminó tranquilo y llegó hasta el cadáver de Susana. Le dio una caricia y tomando el cuchillo, dio un par de palabras al aire y perforo delicadamente la carne. En ese momento, el tiempo termino de detenerse. El silencio reinó, la nada era omnipresente,  solo Lucifer y su hija, quien peleaba con la carne y la piel de su madre muerta, respiraban.

Había planeado todo desde que Dios nos había abandonado. Hombre separado con pasado desconocido y cuerpo saludable. Por eso Susana había notado el extraño comportamiento de su Marido días antes de la Transición. Lucifer hizo su trabajo, poseyó, se apoderó, y plantó su semilla en una chica pura, hermosa. El resto era cosa de tiempo. Dejo que Hazazel hiciera los preparativos y la Translación. Lucifer solo debía aparecer cuando debía, y listo.

Con su pequeña en brazos, dio un chasquido y la Catedral comenzó a caerse a pedazos. Le cerró los Ojos a Susana y comenzó a deslizarse entre los cadáveres quemados de los Fieles que apoyaban a Hazazel. Fuera del lugar, se oian gritos de sufrimiento y euforia.

Antes de salir, Lucifer se acercó a Michelle, quien aun se mantenía con vida. Terminó de matarla ahogándola y luego la trajo a la vida, con sus heridas curadas y una nueva percepción del mundo.

-          Me presento; mi nombre es Lucifer. Por favor, toma mi mano.

A las puertas de lo que quedaba de la catedral, Lucifer daba un suspiro, con su hija reposando en un brazo y la mano de su Mujer en la otra. Las bestias y alimañas, quienes revoloteaban haciendo sufrir a las miles de nuevas almas, detuvieron sus actos y dieron reverencia a su nuevo Señor.

Lucifer se dispuso a avanzar y a desaparecer entre el fuego del averno y sus súbditos. La Tierra era un festín de sangre y almas desgarradas de forma despiadada. Una esfera roja sin esperanzas de Luz ni misericordia. Una Tierra seca de toda esperanza, Bajo un Cielo rojo.

El príncipe de las Tinieblas ahora era el rey.

El Rey de las Tinieblas…

 

Antes de empezar sus labores, Lucifer vio a lo lejos a un tipo en especial, cubierto por completo, de ojos brillantes y apoyado en un bastón. El Hombre solo miraba recelosamente a Luci, como queriendo decirle algo.

El Nuevo rey de la tierra sonrió.

-          Así que también te abandonó, ¿eh, Nazareno?

El Hombre volteó y se retiró sin rumbo fijo.

-          Ya hablaremos…- Murmuró Lucifer.

 

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jose21

José Idiel Monsalve, nacido un 17 de Noviembre de 1989, se considera un fán acérrimo de la música, los video juegos, la escritura y el deporte. Actualmente como Vocalista de la Banda "Garage", Trabaja en su primera Novela, mientras divide su tiempo entre su trabajo y pasiones.